Acompañar
Cuando alguien está enfermo o ha muerto
Qué rezar y cómo acompañar, cuando no hay un sacerdote a mano y uno no sabe por dónde empezar.
Rezar en el velorio
Lo más conveniente es celebrar una Liturgia de la Palabra cuando ya se ha reunido un número suficiente de familiares y amigos. Puede guiarla cualquier laico.
- 1Palabras de introducción
Quien guía saluda a la familia, dice en pocas palabras por qué están reunidos y comienza con la señal de la cruz.
Señal de la cruzPor la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
- 2Rezo de algún salmo y una oración
Se reza un salmo a dos coros, alternando las estrofas, y quien guía termina con una oración breve, con sus propias palabras, por quien murió.
- El Señor es mi pastor (Salmo 23)
- Desde lo hondo te llamo, Señor (Salmo 130)
- 3Lectura bíblica
Una persona lee con calma una de estas lecturas. Al terminar se guarda un momento de silencio.
- Yo soy la resurrección y la vida (Juan 11, 17-27)
- En la casa de mi Padre hay muchas moradas (Juan 14, 1-6)
- Estaremos siempre con el Señor (1 Tesalonicenses 4, 13-18)
- En la vida y en la muerte somos del Señor (Romanos 14, 7-9)
- 4Palabras del que preside
Unas palabras breves sobre la lectura y sobre la esperanza en la resurrección. No hace falta ser sacerdote: basta con hablar desde la fe.
- 5Testimonios
Quien quiera recuerda a la persona: lo que vivió, lo que dejó. Conviene que sean pocos y breves.
- 6Oración de los fieles
Quien guía propone intenciones breves —por quien murió, por su familia, por los que están aquí, por todos los difuntos— y después de cada una todos responden: «Te rogamos, óyenos».
- 7Padre nuestro y oración final
Todos rezan juntos el Padrenuestro, y se termina encomendando a quien murió.
PadrenuestroPadre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
AvemaríaDios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Por quien murióDale, Señor, el descanso eterno. Y brille para él (ella) la luz perpetua. Descanse en paz. Amén.
Conviene que no se junte con la Misa de exequias, para no repetir la Liturgia de la Palabra. OPS n.666
El rosario en el velorio
Una sana devoción durante el velorio es la oración del Rosario, al que se le pueden intercalar pasajes de la Palabra de Dios y cantos.
Es una ocasión propicia para evangelizar sobre el papel intercesor de la Santísima Virgen.
Es costumbre añadir al final de cada decena, por quien murió:
Dale, Señor, el descanso eterno. Y brille para él (ella) la luz perpetua. Descanse en paz. Amén.
OPS n.667
Si no se alcanza a llamar a un sacerdote
Si no es posible encontrar un sacerdote para administrar la Unción y el enfermo, accidentado o anciano se encontrara en peligro de muerte, los fieles que lo acompañan deben ayudarlo en todo sentido. Además de los servicios asistenciales y de caridad, deben rezar con ellos, animarlos a la esperanza cristiana, exhortarles a confiar en Dios, a tener dolor de sus faltas y a renovar su fe en la misericordia divina, la resurrección del Señor y en la vida eterna.
Se debe tomar conciencia de que la atención solícita y pronta a los enfermos, sobre todo si son moribundos, es un asunto grave, que debe ser fomentada en la formación de los futuros sacerdotes.
El capítulo séptimo del Ritual presenta numerosos textos que se pueden adaptar al moribundo y sus familiares. También pueden usarse algunas oraciones para el buen morir que aparecen en diferentes textos catequísticos y libros para los enfermos.
OPS n.478
Orientaciones para la Pastoral Sacramental · Conferencia Episcopal de Chile — Área Eclesial, Santiago de Chile, diciembre de 2010 (2ª edición corregida).
