Catecismo · Tercera parte

Resumen

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“¿Qué he de hacer yo de bueno para conseguir la vida eterna?” — “Si (…) quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos”.

2076

Por su modo de actuar y por su predicación, Jesús ha atestiguado el valor perenne del Decálogo.

2077

El don del Decálogo fue concedido en el marco de la alianza establecida por Dios con su pueblo. Los mandamientos de Dios reciben su significado verdadero en y por esta Alianza.

2078

Fiel a la Escritura y siguiendo el ejemplo de Jesús, la Tradición de la Iglesia ha reconocido en el Decálogo una importancia y una significación primordial.

2079

El Decálogo forma una unidad orgánica en la que cada “palabra” o “mandamiento” remite a todo el conjunto. Transgredir un mandamiento es quebrantar toda la ley.

2080

El Decálogo contiene una expresión privilegiada de la ley natural. Lo conocemos por la revelación divina y por la razón humana.

2081

Los diez mandamientos, en su contenido fundamental, enuncian obligaciones graves. Sin embargo, la obediencia a estos preceptos implica también obligaciones cuya materia es, en sí misma, leve.

2082

Dios hace posible por su gracia lo que manda.

Catecismo de la Iglesia Católica © Libreria Editrice Vaticana. Publicado con autorización del Arzobispado de Santiago.

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