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Orar

Martes, 28 de abril de 2026

San Pedro Chanel, presbítero y mártir

Tiempo Pascual · Blanco

Tercia (Hora intermedia)

El himno

El libro ofrece varios; puede rezarse cualquiera de ellos.

La salmodia

Quien reza más de una Hora intermedia usa en las demás la salmodia complementaria.

Hoy la memoria es libre

Puede rezarse el oficio de la feria o el de San Pedro Chanel, presbítero y mártir.

V. Quédate con nosotros, Señor. Aleluya. R. Porque ya es tarde. Aleluya.

Puesto que sabéis esto, dichosos vosotros si lo ponéis en práctica.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Himno

Al Señor confesamos, ¡aleluya!

en la hora de tercia a la mañana

se llenaron los suyos de esperanza,

y lejos de la noche y de la duda

salieron con la llama y la palabra.

Al Señor adoramos, ¡aleluya!

Han marcado sus pies nuestros caminos,

marcó su nombre el nombre de los siglos,

y en la tierra su voz cual voz ninguna

convoca seguidores y testigos.

Al Señor esperamos, ¡aleluya!

y ahora celebramos al Viviente,

a Jesús victorioso de la muerte;

acéptanos, oh Cristo, cual liturgia

de gloria que ganaste y a ti vuelve. Amén.

Salmodia

Aleluya, aleluya, aleluya.

Salmo 118 · 118, 137-144

Señor, tú eres justo, tus mandamientos son rectos;

has prescrito leyes justas sumamente estables;

me consume el celo,

porque mis enemigos olvidan tus palabras.

Tu promesa es acrisolada, y tu siervo la ama;

soy pequeño despreciable,

pero no olvido tus decretos;

tu justicia es justicia eterna,

tu voluntad es verdadera.

Me asaltan angustias y aprietos,

tus mandatos son mi delicia;

la justicia de tus preceptos es eterna,

dame inteligencia y tendré vida.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Llegue, Señor, hasta ti mi súplica.

Salmo 87 · 118, 137-144

Ésta es vuestra hora, la del poder de las tinieblas. (Lc 22, 53)

Señor, Dios mío, de día te pido auxilio,

de noche grito en tu presencia;

llegue hasta ti mi súplica,

inclina tu oído a mi clamor.

Porque mi alma está colmada de desdichas,

y mi vida está al borde del abismo,

ya me cuentan con los que bajan a la fosa,

soy como un inválido.

Tengo mi cama entre los muertos,

como los caídos que yacen en el sepulcro,

de los cuales ya no guardas memoria,

porque fueron arrancados de tu mano.

Me has colocado en lo hondo de la fosa,

en las tinieblas del fondo;

tú cólera pesa sobre mí,

me echas encima todas tus olas.

Llegue, Señor, hasta ti mi súplica.

Todo el día te estoy invocando, Señor, no me escondas tu rosotro.

Salmo 87 · 118, 137-144

Ésta es vuestra hora, la del poder de las tinieblas. (Lc 22, 53)

Has alejado de mí a mis conocidos,

me has hecho repugnante para ellos,

encerrado, no puedo salir,

y los ojos se me nublan de pesar.

Todo el día te estoy invocando,

tendiendo las manos hacia ti.

¿Harás tú maravillas por los muertos?

¿Se alzarán las sombras para darte gracias?

¿Se anuncia en el sepulcro tu misericordia,

o tu fidelidad en el reino de la muerte?

¿Se conocen tus maravillas en la tiniebla

o tu justicia en el país del olvido?

Pero yo te pido auxilio,

por la mañana irá a tu encuentro mi súplica.

¿Por qué, Señor, me rechazas

y me escondes tu rostro?

Desde niño fui desgraciado y enfermo.

Me doblo bajo el peso de tus terrores,

pasó sobré mí tu incendio,

tus espantos me han consumido:

me rodean como las aguas todo el día,

me envuelven todos a una;

alejaste de mí amigos y compañeros:

mi compañía son las tinieblas.

Todo el día te estoy invocando, Señor, no me escondas tu rosotro.

LECTURA BREVE

Cf. Hch 4, 11-12

Jesús es la piedra que desecharon los arquitectos y que se ha convertido en piedra angular; en ningún otro se encuentra la salud, y no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.