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Orar

Jueves, 30 de abril de 2026

San Pío V, papa

Tiempo Pascual · Blanco

VÍSPERAS

Hoy la memoria es libre

Puede rezarse el oficio de la feria o el de San Pío V, papa.

Himno

Es la Pascua real, no ya la sombra,

la verdadera Pascua del Señor;

la sangre del pasado es sólo un signo,

la mera imagen de la gran unción.

En verdad, tú, Jesús, nos protegiste

con tus sangrientas manos paternales;

envolviendo en tus alas nuestras almas,

la verdadera alianza tú sellaste.

Y, en tu triunfo, llevaste a nuestra carne

reconciliada con tu Padre eterno;

y, desde arriba, vienes a llevarnos

a la danza festiva de tu cielo.

Oh gozo universal, Dios se hizo hombre

para unir a los hombres con su Dios;

se rompen las cadenas del infierno,

y en los labios renace la canción.

Cristo, Rey eterno, te pedimos

que guardes con tus manos a tu Iglesia,

que protejas y ayudes a tu pueblo

y que venzas con él a las tinieblas. Amén.

Salmodia

El Señor es mi refugio y mi libertador. Aleluya.

Salmo 143

Su brazo se adiestró en la pelea, cuando venció al mundo; dijo, en efecto: «Yo he vencido al mundo.» (S. Hilario)

Bendito el Señor, mi Roca,

que adiestra mis manos para el combate,

mis dedos para la pelea;

mi bienhechor, mi alcázar,

baluarte donde me pongo a salvo,

mi escudo y mi refugio,

que me somete los pueblos.

Señor, ¿qué es el hombre para que te fijes en él?

¿Qué los hijos de Adán para que pienses en ellos?

El hombre es igual que un soplo;

sus días, una sombra que pasa.

Señor, inclina tu cielo y desciende,

toca los montes, y echarán humo,

fulmina el rayo y dispérsalos,

dispara tus saetas y desbarátalos.

Extiende la mano desde arriba:

defiéndeme, líbrame de las aguas caudalosas,

de la mano de los extranjeros,

cuya boca dice falsedades,

cuya diestra jura en falso.

El Señor es mi refugio y mi libertador. Aleluya.

Gracias sean dadas a Dios que nos da la victoria por nuestro Señor Jesucristo. Aleluya.

Salmo 143

Su brazo se adiestró en la pelea, cuando venció al mundo; dijo, en efecto: «Yo he vencido al mundo.» (S. Hilario)

Dios mío, te cantaré un cántico nuevo,

tocaré para ti el arpa de diez cuerdas:

para ti que das la victoria a los reyes,

y salvas a David, tu siervo.

Defiéndeme de la espada cruel,

sálvame de las manos de extranjeros,

cuya boca dice falsedades,

cuya diestra jura en falso.

Sean nuestros hijos un plantío,

crecidos desde su adolescencia;

nuestras hijas sean columnas talladas,

estructura de un templo.

Que nuestros silos estén repletos

de frutos de toda especie;

que nuestros rebaños a millares

se multipliquen en las praderas,

y nuestros bueyes vengan cargados;

que no haya brechas ni aberturas,

ni alarma en nuestras plazas.

Dichoso el pueblo que esto tiene,

dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor.

Gracias sean dadas a Dios que nos da la victoria por nuestro Señor Jesucristo. Aleluya.

Ayer como hoy, Jesucristo es el mismo y lo será siempre. Aleluya.

Cántico · Ap 11, 17-18; 12, 10b-12a

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,

el que eres y el que eras,

porque has asumido el gran poder

y comenzaste a reinar.

Se encolerizaron las naciones,

llegó tu cólera,

y el tiempo de que sean juzgados los muertos,

y de dar el galardón a tus siervos los profetas,

y a los santos y a los que temen tu nombre,

y a los pequeños y a los grandes,

y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

Ahora se estableció la salud y el poderío,

y el reinado de nuestro Dios,

y la potestad de su Cristo;

porque fue precipitado

el acusador de nuestros hermanos,

el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

Ellos le vencieron

en virtud de la sangre del Cordero

y por la palabra del testimonio que dieron,

y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.

Por esto, estad alegres, cielos,

y los que moráis en sus tiendas.

Ayer como hoy, Jesucristo es el mismo y lo será siempre. Aleluya.

LECTURA BREVE

1Pe 3, 18. 22

Cristo murió una sola vez por nuestros pecados, siendo justo murió por nosotros los injustos, para llevarnos a Dios. Fue entregado a la muerte según la carne, pero fue resucitado según el Espíritu. Él, después de subir al cielo, está a la diestra de Dios y le están sometidos los ángeles, las dominaciones y las potestades.

R. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya, aleluya.
V. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya, aleluya.

R. Aleluya, aleluya.
V. Al ver al Señor.

R. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya, aleluya.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Magnificat

Yo soy el Pastor de las ovejas; yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia. Aleluya.

Cántico de María Lc 1, 46-55

ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de su misericordia

—como lo había prometido a nuestros padres—

en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Yo soy el Pastor de las ovejas; yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia. Aleluya.

Preces

Alabemos y glorifiquemos a Cristo, a quien Dios Padre constituyó fundamento de nuestra esperanza y primicia de la humanidad resucitado, y aclamémoslo, suplicantes:

Rey de la gloria, escúchanos.

Señor Jesús, tú que, por tu propia sangre y por tu resurrección, penetraste en el santuario de Dios, — llévanos contigo al reino del Padre.

Tú que, por tu resurrección, robusteciste la fe de tus discípulos y los enviaste a anunciar el Evangelio al mundo, — haz que los obispos y presbíteros sean fieles heraldos de tu Evangelio.

Tú que, por tu resurrección, eres nuestra reconciliación y nuestra paz, — haz que todos los bautizados vivan en la unidad de una sola fe y de un solo amor.

Tú que, por tu resurrección, diste la salud al tullido del templo, — mira con bondad a los enfermos y manifiesta en ellos tu gloria.

Tú que, por tu resurrección, fuiste constituido primogénito de los muertos que resucitan, — haz que los difuntos que en ti creyeron y esperaron participen de tu gloria.

Oración

Señor Dios nuestro, que al restaurar la naturaleza humana le otorgaste una dignidad mayor que la que tuvo en sus orígenes, mantén siempre tus inefables designios de amor hacia nosotros, y conserva en quienes hemos renacido por el bautismo los dones que de tu bondad hemos recibido. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.

Liturgia de las Horas — Parroquia Jesús Obrero