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Orar

Martes, 12 de mayo de 2026

Santos Nereo y Aquileo, mártires

Tiempo Pascual · Blanco

LAUDES

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de Laudes cuando con él se abre el día.

Hoy la memoria es libre

Puede rezarse el oficio de la feria o el de Santos Nereo y Aquileo, mártires.

¡Oh Dios!, tú mereces un himno en Sión.

Himno

Estaba al alba María,

porque era la enamorada.

«¡María!», la voz amada.

«¡Rabbuní!», dice María.

El amor se hizo un abrazo

junto a las plantas benditas;

las llagas glorificadas

ríos de fuego y delicia;

Jesús, esposo divino,

María, esposa cautiva.

Estaba al alba María,

para una unción preparada.

Jesús en las azucenas

al claro del bello día.

En los brazos del Esposo

la Iglesia se regocija.

¡Gloria al Señor encontrado,

gloria al Dios de la alegría,

gloria al Amor más amado,

gloria y paz, y Pascua y dicha! ¡Aleluya!

Estaba al alba María,

es Pascua en la Iglesia santa. ¡Aleluya! Amén.

Salmodia

Os habéis acercado al monte Sión, a la ciudad del Dios vivo. Aleluya.

Salmo 42

Yo he venido al mundo como luz. (Jn 12, 46)

Hazme justicia, ¡oh Dios!, defiende mi causa

contra gente sin piedad,

sálvame del hombre traidor y malvado.

Tú eres mi Dios y protector,

¿por qué me rechazas?

¿Por qué voy andando sombrío,

hostigado por mi enemigo?

Envía tu luz y tu verdad:

que ellas me guíen

y me conduzcan hasta tu monte santo,

hasta tu morada.

Que yo me acerque al altar de Dios,

al Dios de mi alegría;

que te dé gracias al son de la cítara,

Señor, Dios mío.

¿Por qué te acongojas, alma mía,

por qué te me turbas?

Espera en Dios, que volverás a alabarlo:

«Salud de mi rostro, Dios mío.»

Os habéis acercado al monte Sión, a la ciudad del Dios vivo. Aleluya.

Tú, Señor, detuviste mi alma ante la tumba vacía. Aleluya.

Cántico · Is 38, 10-14. 17-20

Yo soy el que vive y estaba muerto… y tengo las llaves de la muerte. (Ap 1, 17. 18)

Yo pensé: «En medio de mis días

tengo que marchar hacia las puertas del abismo;

me privan del resto de mis años.»

Yo pensé: «Ya no veré más al Señor

en la tierra de los vivos,

ya no miraré a los hombres

entre los habitantes del mundo.

Levantan y enrollan mi vida

como un tienda de pastores.

Como un tejedor devanaba yo mi vida,

y me cortan la trama.»

Día y noche me estás acabando,

sollozo hasta el amanecer.

Me quiebras los huesos como un león,

día y noche me estás acabando.

Estoy piando como una golondrina,

gimo como una paloma.

Mis ojos mirando al cielo se consumen:

¡Señor, que me oprimen, sal fiador por mí!

Me has curado, me has hecho revivir,

la amargura se me volvió paz

cuando detuviste mi alma ante la tumba vacía

y volviste la espalda a todos mis pecados.

El abismo no te da gracias,

ni la muerte te alaba,

ni esperan en tu fidelidad

los que bajan a la fosa.

Los vivos, los vivos son quienes te alaban:

como yo ahora.

El padre enseña a sus hijos tu fidelidad.

Sálvame, Señor, y tocaremos nuestras arpas

todos nuestros días en la casa del Señor.

Tú, Señor, detuviste mi alma ante la tumba vacía. Aleluya.

Tú has cuidado de nuestra tierra y la has enriquecido sin medida. Aleluya.

Salmo 64

Cuando se habla de Sión debe entenderse del reino eterno. (Orígenes)

¡Oh Dios!, tú mereces un himno en Sión,

y a ti se te cumplen los votos,

porque tú escuchas las súplicas.

A ti acude todo mortal

a causa de sus culpas;

nuestros delitos nos abruman,

pero tú los perdonas.

Dichoso el que tú eliges y acercas

para que viva en tus atrios:

que nos saciemos de los bienes de tu casa,

de los dones sagrados de tu templo.

Con portentos de justicia nos respondes,

Dios, Salvador nuestro;

tú, esperanza del confín de la tierra

y del océano remoto;

tú que afianzas los montes con tu fuerza,

ceñido de poder;

tú que reprimes el estruendo del mar,

el estruendo de las olas

y el tumulto de los pueblos.

Los habitantes del extremo del orbe

se sobrecogen ante tus signos

y a las puertas de la aurora y del ocaso

las llenas de júbilo.

Tú cuidas de la tierra, la riegas

y la enriqueces sin medida;

la acequia de Dios va llena de agua,

preparas los trigales;

riegas los surcos, igualas los terrones,

tu llovizna los deja mullidos,

bendices sus brotes;

coronas el año con tus bienes,

las rodadas de tu carro rezuman abundancia;

rezuman los pastos del páramo,

las colinas se orlan de alegría;

las praderas se cubren de rebaños,

los valles se visten de mieses,

que aclaman y cantan.

Tú has cuidado de nuestra tierra y la has enriquecido sin medida. Aleluya.

LECTURA BREVE

Hch 13, 30-33

Dios resucitó a Jesús de entre los muertos. Y durante muchos días se apareció a los que con él habían subido de Galilea a Jerusalén: éstos, efectivamente, dan ahora testimonio de él ante el pueblo. Y nosotros os damos la buena nueva: la promesa que Dios hizo a nuestros padres la ha cumplido él ahora con nosotros, sus hijos, resucitando a Jesús, según está escrito en el salmo segundo: «Tú eres mi Hijo; yo te he engendrado hoy.»

R. El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.
V. El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.

R. Aleluya, aleluya.
V. El que por nosotros colgó del madero.

R. El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Benedictus

Dentro de poco el mundo ya no me verá; pero vosotros me veréis, porque yo seguiré viviendo y vosotros también. Aleluya.

Cántico de Zacarías Lc 1, 68-79

EL MESÍAS Y SU PRECURSOR

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo,

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tiniebla

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

Dentro de poco el mundo ya no me verá; pero vosotros me veréis, porque yo seguiré viviendo y vosotros también. Aleluya.

Preces

Oremos agradecidos a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, el Cordero inmaculado que quitó el pecado del mundo y nos comunica su vida nueva, y digámosle:

Autor de la vida, vivifícanos.

Dios, autor de la vida, acuérdate de la muerte y resurrección del Cordero inmolado en la cruz — y atiende su continua intercesión por nosotros.

Haz, Señor, que, tirada fuera la vieja levadura de la malicia y de la perversidad, — vivamos la Pascua de Cristo con panes ázimos de pureza y de verdad.

Que sepamos rechazar hoy el pecado de discordia y de envidia, — y seamos más sensibles a las necesidades de nuestros hermanos.

Concédenos vivir auténticamente el espíritu evangélico, — para que hoy y siempre sigamos el camino de tus mandatos.

Oración

Señor, haz que tu pueblo viva siempre en la alegría al ver renovada la juventud de su espíritu, y que el gozo de haber recobrado la dignidad de la adopción divina le dé la firme esperanza de resucitar un día a la verdadera felicidad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.

Liturgia de las Horas — Parroquia Jesús Obrero