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Orar

Lunes, 18 de mayo de 2026

San Juan I, papa y mártir

Tiempo Pascual · Blanco

VÍSPERAS

Hoy la memoria es libre

Puede rezarse el oficio de la feria o el de San Juan I, papa y mártir.

Himno

Ven, Creador, Espíritu amoroso,

ven y visita el alma que a ti clama

y con tu soberana gracia inflama

los pechos que criaste poderoso.

Tú que abogado fiel eres llamado,

del Altísimo don, perenne fuente

de vida eterna, caridad ferviente,

espiritual unción, fuego sagrado.

Tú te infundes al alma en siete dones,

fiel promesa del Padre soberano;

tú eres el dedo de su diestra mano,

tú nos dictas palabras y razones.

Ilustra con tu luz nuestros sentidos,

del corazón ahuyenta la tibieza,

haznos vencer la corporal flaqueza,

con tu eterna virtud fortalecidos.

Por ti, nuestro enemigo desterrado,

gocemos de paz santa duradera,

y, siendo nuestro guía en la carrera,

todo daño evitemos y pecado.

Por ti al eterno Padre conozcamos,

y al Hijo, soberano omnipotente,

y a ti, Espíritu, de ambos procedente,

con viva fe y amor siempre creamos. Amén.

Salmodia

El Señor será tu luz perpetua, y tu Dios será tu esplendor. Aleluya.

Salmo 122

Dos ciegos… se pusieron a gritar: «Señor, ten compasión de nosotros, Hijo de David.» (Mt 20, 30)

A ti levanto mis ojos,

a ti que habitas en el cielo.

Como están los ojos de los esclavos

fijos en las manos de sus señores,

como están los ojos de la esclava

fijos en las manos de su señora,

así están nuestros ojos

en el Señor, Dios nuestro,

esperando su misericordia.

Misericordia, Señor, misericordia,

que estamos saciados de desprecios;

nuestra alma está saciada

del sarcasmo de los satisfechos,

del desprecio de los orgullosos.

El Señor será tu luz perpetua, y tu Dios será tu esplendor. Aleluya.

La trampa se rompió y escapamos. Aleluya.

Salmo 123

El Señor dijo a Pablo: «No temas… que yo estoy contigo.» (Hch 18, 9-10)

Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte

—que lo diga Israel—,

si el Señor no hubiera estado de nuestra parte,

cuando nos asaltaban los hombres,

nos habrían tragado vivos:

tanto ardía su ira contra nosotros.

Nos habrían arrollado las aguas,

llegándonos el torrente hasta el cuello;

nos habrían llegado hasta el cuello

las aguas espumantes.

Bendito el Señor, que no nos entregó

como presa a sus dientes;

hemos salvado la vida como un pájaro

de la trampa del cazador:

la trampa se rompió y escapamos.

Nuestro auxilio es el nombre del Señor,

que hizo el cielo y la tierra.

La trampa se rompió y escapamos. Aleluya.

Cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí. Aleluya.

Cántico · Ef 1, 3-10

Bendito sea Dios,

Padre de nuestro Señor Jesucristo,

que nos ha bendecido en la persona de Cristo

con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

Él nos eligió en la persona de Cristo,

antes de crear el mundo,

para que fuésemos consagrados

e irreprochables ante él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo,

por pura iniciativa suya,

a ser sus hijos,

para que la gloria de su gracia,

que tan generosamente nos ha concedido

en su querido Hijo,

redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,

hemos recibido la redención,

el perdón de los pecados.

El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia

ha sido un derroche para con nosotros,

dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Éste es el plan

que había proyectado realizar por Cristo

cuando llegase el momento culminante:

hacer que todas las cosas

tuviesen a Cristo por cabeza,

las del cielo y las de la tierra.

Cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí. Aleluya.

LECTURA BREVE

Rm 8, 14-17

Todos cuantos se dejan guiar por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Que no habéis recibido espíritu de esclavitud, para recaer otra vez en el temor, sino que habéis recibido espíritu de adopción filial, por el que clamamos: «¡Padre!» Este mismo Espíritu se une a nosotros para testificar que somos hijos de Dios; y, si somos hijos, también somos herederos: herederos de Dios y coherederos de Cristo, si es que padecemos juntamente con Cristo, para ser glorificados juntamente con él.

R. El Espíritu Santo. Aleluya, aleluya.
V. El Espíritu Santo. Aleluya, aleluya.

R. Aleluya, aleluya.
V. Os lo enseñará todo.

R. El Espíritu Santo. Aleluya, aleluya.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Magnificat

El Abogado, el Espíritu, permanece con vosotros y estará en vosotros. Aleluya.

Cántico de María Lc 1, 46-55

ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de su misericordia

—como lo había prometido a nuestros padres—

en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

El Abogado, el Espíritu, permanece con vosotros y estará en vosotros. Aleluya.

Preces

Demos gracias a Cristo, que por medio del Espíritu Santo levantó la esperanza de los apóstoles y llena de dones a la Iglesia, y, unidos a todos los fieles, supliquémosle, diciendo:

Levanta, Señor, la esperanza de tu Iglesia.

Señor Jesús, mediador entre Dios y los hombres, tú que has elegido a los sacerdotes como colaboradores tuyos, — haz que por la acción de tus ministros todos los hombres lleguen al Padre.

Haz que los pobres y los ricos se ayuden mutuamente, reconociéndote a ti como único Señor, — y que los ricos no pongan su gloria en sus bienes.

Revela tu Evangelio a todos los pueblos, — para que todos alcancen el don de la fe.

Envía tu Espíritu consolador a los que viven desconsolados, — para que enjugue las lágrimas de los que lloran.

Purifica a los difuntos de todas sus culpas — y recíbelos en tu reino, junto con tus santos y elegidos.

Oración

Ayúdanos, Señor, Dios nuestro, con la fuerza del Espíritu Santo, para que podamos mantenernos fieles a tu voluntad y llevar una conducta digna de tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.

Liturgia de las Horas — Parroquia Jesús Obrero