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Orar

Viernes, 22 de mayo de 2026

Santa Rita de Cascia

Tiempo Pascual · Blanco

LAUDES

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de Laudes cuando con él se abre el día.

Hoy la memoria es libre

Puede rezarse el oficio de la feria o el de Santa Rita de Cascia.

Himno

Emprenda la esperanza raudo vuelo

siguiendo los caminos de nuestro Salvador,

y libre de nostalgias, camino de los cielos,

alegre el corazón.

Dijeron que te fuiste a las alturas

juntándote a los coros del «Gloria» de Belén,

acaban hoy su canto en melodías puras

con un solemne «Amén».

Jamás te irás, Señor, porque eres nuestro,

serás Hijo del hombre sin fin de eternidad;

los hombres, por tu nombre, de Dios hijos dilectos,

hermanos te serán.

Asciende victorioso del combate,

derrama sobre el mundo tu Espíritu de amor,

retorna jubiloso al seno de tu Padre,

tú volverás, Señor. Amén.

Salmodia

Lava del todo mi delito, Señor, limpia mi pecado. Aleluya.

Salmo 50

Renovaos en la mente y en el espíritu y vestíos de la nueva condición humana. (Cf. Ef 4, 23-24)

Misericordia, Dios mío, por tu bondad;

por tu inmensa compasión borra mi culpa;

lava del todo mi delito,

limpia mi pecado.

Pues yo reconozco mi culpa,

tengo siempre presente mi pecado:

contra ti, contra ti solo pequé,

cometí la maldad que aborreces.

En la sentencia tendrás razón

en el juicio brillará tu rectitud.

Mira, que en la culpa nací,

pecador me concibió mi madre.

Te gusta un corazón sincero,

y en mi interior me inculcas sabiduría.

Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;

lávame: quedaré más blanco que la nieve.

Hazme oír el gozo y la alegría,

que se alegren los huesos quebrantados.

Aparta de mi pecado tu vista,

borra en mí toda culpa.

¡Oh Dios!, crea en mí un corazón puro,

renuévame por dentro con espíritu firme;

no me arrojes lejos de tu rostro,

no me quites tu santo espíritu.

Devuélveme la alegría de tu salvación,

afiánzame con espíritu generoso:

enseñaré a los malvados tus caminos,

los pecadores volverán a ti.

Líbrame de la sangre, ¡oh Dios,

Dios, Salvador mío!,

y cantará mi lengua tu justicia.

Señor, me abrirás los labios,

y mi boca proclamará tu alabanza.

Los sacrificios no te satisfacen;

si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.

Mi sacrificio es un espíritu quebrantado:

un corazón quebrantado y humillado

tú no lo desprecias.

Señor, por tu bondad, favorece a Sión,

reconstruye las murallas de Jerusalén:

entonces aceptarás los sacrificios rituales,

ofrendas y holocaustos,

sobre tu altar se inmolarán novillos.

Lava del todo mi delito, Señor, limpia mi pecado. Aleluya.

Cristo, cargado con nuestros pecados, subió al leño. Aleluya.

Cántico · Jer 14, 17-21

Está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed la Buena Noticia. (Mc 1, 15)

Mis ojos se deshacen en lágrimas,

día y noche no cesan:

por la terrible desgracia de la doncella de mi pueblo,

una herida de fuertes dolores.

Salgo al campo: muertos a espada;

entro en la ciudad: desfallecidos de hambre;

tanto el profeta como el sacerdote

vagan sin sentido por el país.

¿Por qué has rechazado del todo a Judá?

¿Tiene asco tu garganta de Sión?

¿Por qué nos has herido sin remedio?

Se espera la paz, y no hay bienestar,

al tiempo de la cura sucede la turbación.

Señor, reconocemos nuestra impiedad,

la culpa de nuestros padres,

porque pecamos contra ti.

No nos rechaces, por tu nombre,

no desprestigies tu trono glorioso;

recuerda y no rompas tu alianza con nosotros.

Cristo, cargado con nuestros pecados, subió al leño. Aleluya.

Entrad en la presencia del Señor con aclamaciones. Aleluya.

Salmo 99

Los redimidos deben entonar un canto de victoria. (S. Atanasio)

Aclama al Señor, tierra entera,

servid al Señor con alegría,

entrad en su presencia con aclamaciones.

Sabed que el Señor es Dios:

que él nos hizo y somos suyos,

su pueblo y ovejas de su rebaño.

Entrad por sus puertas con acción de gracias,

por sus atrios con himnos,

dándole gracias y bendiciendo su nombre:

«El Señor es bueno,

su misericordia es eterna,

su fidelidad por todas las edades.»

Entrad en la presencia del Señor con aclamaciones. Aleluya.

LECTURA BREVE

Hch 5, 30-32

El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis colgándole de un madero. La diestra de Dios lo exaltó haciéndolo jefe y salvador, para otorgar a Israel la conversión, el perdón de los pecados. Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen.

R. El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.
V. El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.

R. Aleluya, aleluya.
V. El que por nosotros colgó del madero.

R. El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Benedictus

Cristo Jesús murió y resucitó, y está ahora a la diestra de Dios; él vive para siempre para interceder por nosotros. Aleluya.

Cántico de Zacarías Lc 1, 68-79

EL MESÍAS Y SU PRECURSOR

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo,

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tiniebla

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

Cristo Jesús murió y resucitó, y está ahora a la diestra de Dios; él vive para siempre para interceder por nosotros. Aleluya.

Preces

Oremos a Dios Padre, a quien pertenece el honor y la gloria por los siglos de los siglos, y pidámosle nos conceda ir creciendo en la esperanza por la acción del Espíritu Santo; digámosle:

Ven, Señor, en nuestra ayuda y sálvanos.

Padre todopoderoso, envía tu Espíritu para que interceda por nosotros, — porque no sabemos pedir lo que nos conviene.

Envíanos tu Espíritu, luz esplendorosa, — y haz que penetre hasta lo más íntimo de nuestro ser.

No nos abandones, Señor, en el abismo en que nos sumergen nuestros pecados, — porque somos obra de tus manos.

Concédenos comprensión para asistir a los débiles y frágiles en la fe, — no con impaciencia y resentimiento, sino con auténtica caridad.

Oración

Dios nuestro, que nos has abierto las puertas de la eternidad con la glorificación de tu Hijo Jesucristo y con la venida del Espíritu Santo, concédenos que, por la recepción de dones tan grandes, nuestra fe vaya más y más en aumento y nuestra entrega a ti sea cada día más completa. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.

Liturgia de las Horas — Parroquia Jesús Obrero