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Orar

Viernes, 22 de mayo de 2026

Santa Rita de Cascia

Tiempo Pascual · Blanco

OFICIO DE LECTURA

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de el Oficio de lectura cuando con él se abre el día.

Hoy la memoria es libre

Puede rezarse el oficio de la feria o el de Santa Rita de Cascia.

V. En tu resurrección, oh Cristo. Aleluya. R. El cielo y la tierra se alegran. Aleluya.

Himno

¿Cuándo, Señor, te llevarás cautiva

la historia de pecado que el mundo concibió?;

¿cuándo, Señor, serán cielos y tierra

el cielo de tu amor?

¿Cuándo, también, emprenderá su vuelo

la débil esperanza de nuestro corazón?;

¿cuándo, Señor, florecerá en el barro

tu sangre y tu pasión?

¿Cuándo, Señor, los gritos de los hombres

serán clamor eterno de júbilo y de paz?;

¿cuándo, Señor, las penas y tristezas

tu gloria alumbrarán?

Y ¿cuándo, finalmente, Padre amado,

seremos en el Hijo tus hijos de adopción?;

¿cuándo, Señor, será ya todo en todos

tu Espíritu de amor? Amén.

Salmodia

Estoy agotado de gritar y de tanto aguardar a mi Dios.

Salmo 68 · 68, 2-22. 30-37

Le dieron a beber vino mezclado con hiel. (Mt 27, 34)

Dios mío, sálvame,

que me llega el agua al cuello:

me estoy hundiendo en un cieno profundo

y no puedo hacer pie;

he entrado en la hondura del agua,

me arrastra la corriente.

Estoy agotado de gritar,

tengo ronca la garganta;

se me nublan los ojos

de tanto aguardar a mi Dios.

Más que los cabellos de mi cabeza

son los que me odian sin razón;

más duros que mis huesos,

los que me atacan injustamente.

¿Es que voy a devolver

lo que no he robado?

Dios mío, tú conoces mi ignorancia,

no se te ocultan mis delitos.

Que por mi causa no queden defraudados

los que esperan en ti, Señor de los ejércitos.

Que por mi causa no se avergüencen

los que te buscan, Dios de Israel.

Por ti he aguantado afrentas,

la vergüenza cubrió mi rostro.

Soy un extraño para mis hermanos,

un extranjero para los hijos de mi madre;

porque me devora el celo de tu templo,

y las afrentas conque te afrentan caen sobre mí.

Cuando me aflijo con ayunos, se burlan de mí;

cuando me visto de saco, se ríen de mí;

sentados a la puerta murmuran,

mientras beben vino me cantan burlas.

Estoy agotado de gritar y de tanto aguardar a mi Dios.

En mi comida me echaron hiel, para mi sed me dieron vinagre.

Salmo 68 · 68, 2-22. 30-37

Le dieron a beber vino mezclado con hiel. (Mt 27, 34)

Pero mi oración se dirige a ti,

Dios mío, el día de tu favor;

que me escuche tu gran bondad,

que tu fidelidad me ayude:

arráncame del cieno, que no me hunda;

líbrame de los que me aborrecen,

y de las aguas sin fondo.

Que no me arrastre la corriente,

que no me trague el torbellino,

que no se cierre la poza sobre mí.

Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia,

por tu gran compasión vuélvete hacia mí;

no escondas tu rostro a tu siervo:

estoy en peligro, respóndeme en seguida.

Acércate a mí, rescátame,

líbrame de mis enemigos:

estás viendo mi afrenta,

mi vergüenza y mi deshonra;

a tu vista están los que me acosan.

La afrenta me destroza el corazón, y desfallezco.

Espero compasión, y no la hay;

consoladores, y no los encuentro.

En mi comida me echaron hiel,

para mi sed me dieron vinagre.

En mi comida me echaron hiel, para mi sed me dieron vinagre.

Buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón. Aleluya.

Salmo 68 · 68, 2-22. 30-37

Le dieron a beber vino mezclado con hiel. (Mt 27, 34)

Yo soy un pobre malherido;

Dios mío, tu salvación me levante.

Alabaré el nombre de Dios con cantos,

proclamaré su grandeza con acción de gracias;

le agradará a Dios más que un toro,

más que un novillo con cuernos y pezuñas.

Miradlo los humildes, y alegraos,

buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.

Que el Señor escucha a sus pobres,

no desprecia a sus cautivos.

Alábenlo el cielo y la tierra,

las aguas y cuanto bulle en ellas.

El Señor salvará a Sión,

reconstruirá las ciudades de Judá,

y las habitarán en posesión.

La estirpe de sus siervos la heredará,

los que aman su nombre vivirán en ella.

Buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón. Aleluya.

PRIMERA LECTURA (Año I)

Segunda carta del apóstol san Juan

Yo, el Presbítero, a la Señora Elegida y a sus hijos, a quienes amo en la verdad (y no solamente yo, sino también todos los que han conocido la verdad). Yo os amo por esa misma verdad que mora en nosotros y que en nosotros permanecerá eternamente. La gracia, la misericordia y la paz de parte de Dios Padre y de Jesucristo, Hijo del Padre, estarán con nosotros en la verdad y en el amor.

Mucho me he alegrado de encontrar a tus hijos caminando en la verdad, conforme al mandato que hemos recibido del Padre. Ahora, Señora, te ruego no como quien te envía un mandamiento nuevo, sino el mandato que teníamos desde un principio, que nos amemos unos a otros. Y en esto consiste el amor: en que vivamos conforme a sus mandatos. Y este mandamiento, según habéis oído desde un principio, consiste en vivir en el amor.

Se han levantado en el mundo muchos seductores que niegan que Jesucristo ha venido en carne. Ése es el seductor y el anticristo. Mirad por vosotros mismos, para que no perdáis el fruto de vuestros trabajos y para que recibáis una abundante recompensa. Quien sale de los justos límites y no permanece en la doctrina de Cristo no posee a Dios. Quien persevera en su doctrina posee al Padre y al Hijo. Si alguno viene a vosotros y no trae esta doctrina, no lo recibáis en casa ni lo saludéis, pues el que lo saluda se hace solidario de sus malas obras.

Tengo muchas cosas que escribiros, pero prefiero no confiarlas al papel y a la tinta. Espero ir a veros y hablar con vosotros de viva voz, a fin de que nuestro gozo sea completo. Te saludan los hijos de tu hermana Electa.

PRIMERA LECTURA (Año II)

De los Hechos de los apóstoles · 28, 1-14

En aquellos días, una vez a salvo, nos enteramos de que la isla se llamaba Malta. Los indígenas nos mostraron una bondad poco común; encendieron una gran hoguera y nos recibieron benignamente a todos, protegiéndonos contra la lluvia que caía y el frío. Pablo recogió un montón de leña y, al echarla al fuego, una víbora, a la que el calor hizo salir fuera, hizo presa en su mano. Cuando los indígenas vieron el reptil colgado de su mano, se dijeron unos a otros: «Seguro que este hombre es un asesino. Ha escapado del mar, pero la justicia divina no le deja vivir.»

1Pero Pablo sacudió el reptil sobre el fuego sin recibir daño alguno, cuando ellos esperaban que se iba a hinchar en seguida o que caería muerto de repente. Después que estuvieron bastante tiempo a la expectativa, viendo que nada anormal le sucedía, cambiaron de parecer y empezaron a decir que era un dios.

En aquellos alrededores había una finca que pertenecía al principal de la isla, llamado Publio; éste nos acogió en su casa y nos hospedó amigablemente durante tres días. El padre de Publio estaba enfermo en cama atacado por la fiebre y por la disentería. Entró Pablo a visitarlo y, después de hacer oración, le impuso las manos y lo curó. Ante este acontecimiento, los demás enfermos de la isla venían y recobraban la salud. Ellos, por su parte, nos colmaron de honores y, cuando partimos, nos proveyeron de todo lo necesario.

Después de pasados tres meses, zarpamos en una nave alejandrina que había invernado en la isla y que llevaba por insignia a Cástor y Pólux. Hicimos escala en Siracusa, donde permanecimos tres días. De allí, bordeando la costa, dimos vista a Regio; al día siguiente comenzó a soplar el viento sur, y, al cabo de dos días, llegamos a Pozzuoli. Allí encontramos algunos hermanos, que nos invitaron a quedarnos con ellos siete días. Y así llegamos a Roma.

SEGUNDA LECTURA

Del Tratado de san Hilario, obispo, Sobre la Santísima Trinidad

El Señor mandó bautizar en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, esto es, en la profesión de fe en el Creador, en el Hijo único y en el que es llamado Don.

Uno solo es el Creador de todo, ya que uno solo es Dios Padre, de quien procede ,todo; y uno solo el Hijo único, nuestro Señor Jesucristo, por quien ha sido hecho todo; y uno solo el Espíritu, que a todos nos ha sido dado.

Todo, pues, se halla ordenado según la propia virtud y operación: un Poder del cual procede todo, un Hijo por quien existe todo, un Don que es garantía de nuestra esperanza consumada. Ninguna falta se halla, en semejante perfección; dentro de ella, en el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo, se halla lo infinito en lo eterno, la figura en la imagen, la fruición en el don.

Escuchemos las palabras del Señor en persona, que nos describe cuál es la acción específica del Espíritu en nosotros; dice, en efecto: Tendría aún muchas cosas que deciros, pero no estáis ahora en disposición de entenderlas. Os conviene, por tanto, que yo me vaya, porque, si me voy, os enviaré el Abogado.

Y también: Yo rogaré al Padre y él os dará otro Abogado que esté con vosotros para siempre, el Espíritu de verdad. Él os conducirá a la verdad completa, porque no hablará por cuenta propia, sino que os dirá cuanto se le comunique y os anunciará las cosas futuras. Él me glorificará, porque tomará de lo que es mío.

Esta pluralidad de afirmaciones tiene por objeto darnos una mayor comprensión, ya que en ellas se nos explica cuál sea la voluntad del que nos otorga su Don, y cuál la naturaleza de este mismo Don: pues, ya que la debilidad de nuestra razón nos hace incapaces de conocer al Padre y al Hijo y nos dificulta el creer en la encarnación de Dios, el Don que es el Espíritu Santo, con su luz, nos ayuda a penetrar en estas verdades.

Al recibirlo, pues, se nos da un conocimiento más profundo. Porque, del mismo modo que nuestro cuerpo natural, cuando se ve privado de los estímulos adecuados, permanece inactivo (por ejemplo, los ojos, privados de luz, los oídos, cuando falta el sonido, y el olfato, cuando no hay ningún olor, no ejercen su función propia, no porque dejen de existir por la falta de estímulo, sino porque necesitan este estímulo para actuar), así también nuestra alma, si no recibe por la fe el Don que es el Espíritu, tendrá ciertamente una naturaleza capaz de entender a Dios, pero le faltará la luz para llegar a ese conocimiento. El Don de Cristo está todo entero a nuestra disposición y se halla en todas partes, pero se da a proporción del deseo y de los méritos de cada uno. Este Don está con nosotros hasta el fin del mundo; él es nuestro solaz en este tiempo de expectación; él, con su actuación en nosotros, es la garantía de nuestra esperanza futura; él es la luz de nuestra mente, el resplandor de nuestro espíritu.

R. Éste es el mandamiento que hemos recibido del Padre, el cual no es ya un mandamiento nuevo, sino que lo tenemos desde un principio: * Vivid en la verdad y en el amor. Aleluya.
V. Seguid el camino que os marcó el Señor vuestro Dios, y viviréis.

R. Id al mundo entero y proclamad el Evangelio. * El que crea y se bautice se salvará. Aleluya.
V. Invocando mi nombre, arrojarán los demonios, hablarán distintas lenguas y capturarán serpientes con sus manos.

R. Ya es tiempo de que yo vuelva al que me envió —dice el Señor—; no os entristezcáis ni dejéis que se aflija vuestro corazón; * ruego al Padre por vosotros para que él os cuide. Aleluya.
V. Si no me voy, el Abogado no vendrá a vosotros; pero, si me voy, os lo enviaré.

Oración

Dios nuestro, que nos has abierto las puertas de la eternidad con la glorificación de tu Hijo Jesucristo y con la venida del Espíritu Santo, concédenos que, por la recepción de dones tan grandes, nuestra fe vaya más y más en aumento y nuestra entrega a ti sea cada día más completa. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.

Liturgia de las Horas — Parroquia Jesús Obrero