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Orar

Jueves, 7 de enero de 2027

San Raimundo de Peñafort, presbítero

Tiempo de Navidad · Blanco

VÍSPERAS

Hoy la memoria es libre

Puede rezarse el oficio de la feria o el de San Raimundo de Peñafort, presbítero.

Los salmos y el cántico se toman de la feria correspondiente.

Himno

Te diré mi amor, Rey mío,

en la quietud de la tarde,

cuando se cierran los ojos

y los corazones se abren.

Te diré mi amor, Rey mío,

con una mirada suave,

te lo diré contemplando

tu cuerpo que en pajas yace.

Te diré mi amor, Rey mío,

adorándote en la carne,

te lo diré con mis besos,

quizá con gotas de sangre.

Te diré mi amor, Rey mío,

con los hombres y los ángeles,

con el aliento del cielo

que espiran los animales.

Te diré mi amor, Rey mío,

con el amor de tu Madre,

con los labios de tu Esposa

y con la fe de tus mártires.

Te diré mi amor, Rey mío,

¡oh Dios del amor más grande!

¡Bendito en la Trinidad,

que has venido a nuestro valle! Amén.

Salmodia

Te hago luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta el fin de la tierra.

Salmo 71

Abriendo sus cofres le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. (Mt 2, 11)

Dios mío, confía tu juicio al rey,

tu justicia al hijo de reyes,

para que rija a tu pueblo con justicia,

a tus humildes con rectitud.

Que los montes traigan paz,

y los collados justicia;

que él defienda a los humildes del pueblo,

socorra a los hijos del pobre

y quebrante al explotador.

Que dure tanto como el sol,

como la luna, de edad en edad;

que baje como lluvia sobre el césped,

como llovizna que empapa la tierra.

Que en sus días florezca la justicia

y la paz hasta que falte la luna.

Que domine de mar a mar,

del Gran Río al confín de la tierra.

Que en su presencia se inclinen sus rivales;

que sus enemigos muerdan el polvo;

que los reyes de Tarsis y de las islas

le paguen tributo.

Que los reyes de Saba y de Arabia

le ofrezcan sus dones;

que se postren ante él todos los reyes,

y que todos los pueblos le sirvan.

Te hago luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta el fin de la tierra.

Socorrerá el Señor a los hijos del pobre; rescatará sus vidas de la violencia.

Salmo 71

Abriendo sus cofres le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. (Mt 2, 11)

Él librará al pobre que clamaba,

al afligido que no tenía protector;

él se apiadará del pobre y del indigente,

y salvará la vida de los pobres;

él rescatará sus vidas de la violencia,

su sangre será preciosa a sus ojos.

Que viva y que le traigan el oro de Saba;

él intercederá por el pobre y lo bendecirá.

Que haya trigo abundante en los campos,

y ondee en lo alto de los montes,

den fruto como el Líbano,

y broten las espigas como hierba del campo.

Que su nombre sea eterno,

y su fama dure como el sol;

que él sea la bendición de todos los pueblos,

y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra.

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

el único que hace maravillas;

bendito por siempre su nombre glorioso,

que su gloria llene la tierra.

¡Amén, amén!

Socorrerá el Señor a los hijos del pobre; rescatará sus vidas de la violencia.

Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.

Cántico · Ap 11, 17-18; 12, 10b-12a

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,

el que eres y el que eras,

porque has asumido el gran poder

y comenzaste a reinar.

Se encolerizaron las naciones,

llegó tu cólera,

y el tiempo de que sean juzgados los muertos,

y de dar el galardón a tus siervos los profetas,

y a los santos y a los que temen tu nombre,

y a los pequeños y a los grandes,

y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

Ahora se estableció la salud y el poderío,

y el reinado de nuestro Dios,

y la potestad de su Cristo;

porque fue precipitado

el acusador de nuestros hermanos,

el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

Ellos le vencieron

en virtud de la sangre del Cordero

y por la palabra del testimonio que dieron,

y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.

Por esto, estad alegres, cielos,

y los que moráis en sus tiendas.

Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.

LECTURA BREVE

1Jn 1, 5b. 7

Dios es luz y en él no hay tiniebla alguna. Si caminamos en la luz, lo mismo que está él en la luz, entonces vivimos en comunión unos con otros; y la sangre de Jesús, su Hijo, nos purifica de todo pecado.

R. Será la bendición de todos los pueblos.
V. Será la bendición de todos los pueblos.

R. Todos los pueblos.
V. Lo proclamarán dichoso todas las razas de la tierra.

R. Será la bendición de todos los pueblos.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Magnificat

Vendrán todos de Saba, cargados de oro e incienso. Aleluya.

Cántico de María Lc 1, 46-55

ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de su misericordia

—como lo había prometido a nuestros padres—

en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Vendrán todos de Saba, cargados de oro e incienso. Aleluya.

Preces

Unidos en oración con todos nuestros hermanos de todo el mundo, bendigamos a Dios y supliquémosle, diciendo:

Muéstranos, Señor, tu misericordia.

Padre santo, te pedimos por los que te conocen únicamente a través de la luz de su razón; — haz que sean iluminados también con la luz del Evangelio, para que vean con mayor claridad la grandeza de tu amor.

Pon, Señor, tus ojos en aquellos que, sin formar parte de la Iglesia, se esfuerzan en librar a los hombres de la miseria y de la esclavitud; — haz que descubran que Cristo es el camino, la verdad y la vida para todos los hombres.

Sal al encuentro de aquellos que te adoran por medio de las diversas religiones; — ilumínalos, Señor, con la admirable luz de Cristo.

Purifica sin cesar los corazones de tus fieles, — para que te conozcan cada día con mayor plenitud.

Manifiesta a los difuntos tu misericordia — y dales parte en la gloria de tus elegidos.

Oración

Señor Dios, que por medio de tu Hijo has hecho brillar la luz eterna de tu divinidad ante todas las naciones, haz que tu pueblo descubra plenamente el misterio de Cristo, su Redentor, para que, en virtud de este misterio, pueda llegar a gozar de aquella luz que no tiene ocaso. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.

Liturgia de las Horas — Parroquia Jesús Obrero