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Orar

Sábado, 24 de abril de 2027

San Fidel de Sigmaringa, presbítero y mártir

Tiempo Pascual · Blanco

OFICIO DE LECTURA

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de el Oficio de lectura cuando con él se abre el día.

Hoy la memoria es libre

Puede rezarse el oficio de la feria o el de San Fidel de Sigmaringa, presbítero y mártir.

V. Dios nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva. Aleluya. R. Por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos. Aleluya.

Himno

La tumba abierta dice al universo:

«¡Vive! ¡Gritad, oh fuego, luz y brisa,

corrientes primordiales, firme tierra,

al Nazareno, dueño de la vida.»

La tumba visitada está exultando:

«¡Vive! ¡Gritad, montañas y colinas!

Le disteis vuestra paz, vuestra hermosura,

para estar con el Padre en sus vigilias.»

La tumba perfumada lo proclama:

«¡Vive! ¡Gritad, las plantas y semillas:

le disteis la bebida y alimento

y él os lleva en su carne florecida!»

La tumba santa dice a las mujeres:

«¡Vive! ¡Gritad, creyentes matutinas,

la noticia feliz a los que esperan,

y colmad a los hombres de alegría!»

¡Vive el Señor Jesús, está delante,

está por dentro, está emanando vida!

¡Cante la vida el triunfo del Señor,

su gloria con nosotros compartida! Amén.

Salmodia

El Señor los rescató de la opresión. Aleluya.

Salmo 77 · 77, 40-72

¡Qué rebeldes fueron en el desierto,

enojando a Dios en la estepa!

Volvían a tentar a Dios,

a irritar al Santo de Israel,

sin acordarse de aquella mano

que un día los rescató de la opresión;

cuando hizo prodigios en Egipto,

portentos en el campo de Soán;

cuando convirtió en sangre

los canales y los arroyos,

para que no bebieran;

cuando les mandó tábanos que les picasen,

y ranas que los hostigasen;

cuando entregó a la langosta sus cosechas,

y al saltamontes el fruto de sus sudores;

cuando aplastó con granizo sus viñedos,

y con escarcha sus higueras,

cuando entregó sus ganados al pedrisco,

y al rayo sus rebaños;

cuando lanzó contra ellos el incendio de su ira,

su cólera, su furor, su indignación

y, despachando a los siniestros mensajeros,

dio curso libre a su ira:

no los salvó de la muerte,

entregó sus vidas a la peste;

cuando hirió a los primogénitos en Egipto,

a las primicias de la virilidad

en las tiendas de Cam.

El Señor los rescató de la opresión. Aleluya.

PRIMERA LECTURA (Año I)

Del libro del Apocalipsis del apóstol san Juan · 18, 1-20

Yo, Juan, vi a otro ángel que bajaba del cielo, investido de un gran poder, y la tierra quedó iluminada por su gloria. Gritó el ángel con voz potente, diciendo:

«Cayó, cayó Babilonia la grande. Quedó convertida en morada de demonios, en guarida de toda clase de espíritus inmundos, en albergue de todo género de aves asquerosas y abominables. Del vino de sus prostituciones han bebido todas las naciones; con ella han fornicado los reyes de la tierra, y los mercaderes de la tierra se han enriquecido con el derroche de su fastuosidad.»

Oí luego otra voz que decía desde el cielo:

«Salid de ella, pueblo mío, para que no os hagáis cómplices de sus pecados, ni tengáis parte en sus castigos. Sus delitos se han amontonado hasta llegar al cielo y Dios se ha acordado de sus iniquidades. Tratadla como ella se ha portado, pagadle el doble de lo que ha hecho. Verted le en la copa el doble de lo que ella vertió. Según la medida en que se entregó a la ostentación y al placer, dadle otro tanto de tormento y duelo. Ya que dijo en su corazón: “Como reina estoy en mi trono, no soy viuda, ni conoceré jamás el duelo”, por eso vendrán en un solo día sus desastres, la peste, el duelo y el hambre; y será consumida por el fuego, porque poderoso es el Señor Dios, que la ha juzgado.»

Llorarán y por ella plañirán los reyes de la tierra, los que con ella fornicaban y se entregaban al lujo y al placer. Cuando vean el humo de su incendio se detendrán a distancia por miedo a su tormento y dirán:

«¡Ay, ay de la ciudad grande, de Babilonia, la ciudad poderosa! ¡En una hora ha venido el juicio de Dios contra ti!.»

Llorarán y plañirán por ella los mercaderes de la tierra, porque ya nadie comprará sus mercancías: cargamentos de oro y plata, de piedras preciosas y de perlas; cargamentos de lino y púrpura, de seda y escarlata; toda clase de maderas olorosas, objetos de marfil y de maderas preciosas, de bronce, de hierro y de mármol; la canela y el bálsamo, los perfumes, la mirra y el incienso; el vino y el aceite, la flor de harina y el trigo; bestias de carga y ovejas, caballos y carros; esclavos y toda clase de mercancía humana. Los frutos en sazón, que tu alma codiciaba, de ti se han alejado; toda magnificencia y esplendor para ti se ha terminado. ¡Nunca jamás ya volverán! Los que con sus mercancías traficaban y se enriquecían a costa de ella se detendrán a distancia por miedo a su tormento, llorando y gimiendo:

«¡Ay, ay de la gran Ciudad, la que se vestía de lino, de púrpura y de grana; la que se engalanaba con oro, con piedras preciosas y con perlas! ¡En una hora se redujo a la nada tanta opulencia!»

Todos los capitanes de los barcos, los jefes y oficiales, las tripulaciones de marinos y cuantos bogan y bregan en el mar se detuvieron y exclamaron, al ver la humareda de su incendio:

«¿Qué ciudad podía compararse a la gran Ciudad?»

Y arrojaron polvo sobre sus cabezas, y clamaron llorando y lamentándose. Y dijeron:

«¡Ay, ay de la gran Ciudad! ¡De su opulencia se enriquecieron cuantos tenían naves en el mar! ¡Y en una hora quedó como un desierto!.»

Pero tú, cielo, recocíjate por ello. V también vosotros los santos, los apóstoles, los profetas, porque Dios os ha hecho justicia contra ella.

PRIMERA LECTURA (Año II)

De los Hechos de los apóstoles · 15, 36—16, 15

Después de pasado algún tiempo, dijo Pablo a Bernabé:

«Vamos a recorrer todas las ciudades donde hemos predicado la palabra del Señor, para visitar a los hermanos y ver cómo están.»

Bernabé quería llevar consigo también a Juan, llamado Marcos. Pero Pablo era de parecer que no debían llevar a uno que los había abandonado desde Panfilia, y no los había acompañado en la obra de la evangelización. Se acaloraron los ánimos hasta el punto de separarse el uno del otro. Bernabé, tomando consigo a Marcos, se embarcó para Chipre; Pablo, en cambio, tomando por compañero a Silas, y encomendado por los hermanos a la gracia del Señor, salió a recorrer Siria y Cilicia, fortaleciendo a las Iglesias en la fe.

Así llegó a Derbe y, luego, a Listra. Había aquí un discípulo, llamado Timoteo, hijo de una mujer judía creyente y de padre griego, y muy bien considerado por los fieles de Listra y de Iconio. Decidió Pablo tomarlo por compañero; y, para eso, lo hizo circuncidar a causa de los judíos que vivían en aquella región; porque todos sabían que su padre era griego. Según iban recorriendo los pueblos, les comunicaban los decretos de los apóstoles y presbíteros de Jerusalén, para que los guardasen. Así las Iglesias se fortalecían en la fe y crecían de día en día en número de fieles.

Atravesaron Frigia y el país de Galacia, pues el Espíritu Santo les había prohibido predicar el Evangelio en la provincia romana de Asia, y, llegados a Misia, intentaron pasar a Bitinia; pero tampoco se lo permitió el Espíritu de Jesús. Atravesando, pues, Misia, bajaron a Tróade. Por la noche, tuvo Pablo una visión, se le apareció un macedonio que le suplicaba: «Pasa a Macedonia y ayúdanos.»

Después de la visión, buscamos en seguida oportunidad para pasar a Macedonia, porque estábamos seguros de que Dios nos llamaba para predicarles el Evangelio. Zarpando, pues, de Tróade, navegamos directos a Samotracia y, al día siguiente, llegamos a Neápolis. De allí a Filipos, colonia romana y una de las primeras ciudades de este distrito de Macedonia, donde pasamos algunos días. El sábado salimos fuera de la puerta, junto a la orilla del río, al lugar donde pensábamos que había un lugar destinado a la oración. Nos sentamos y hablamos con las mujeres que se habían reunido allí. Una mujer, llamada Lidia, negociante en púrpura, de la ciudad de Tiatira, y que adoraba al verdadero Dios, nos escuchaba con toda atención. El Señor dispuso su corazón para que acogiese favorablemente la doctrina que enseñaba Pablo, y se hizo bautizar con todos los suyos. Luego nos hizo este ruego:

«Si efectivamente me tenéis por fiel discípula del Señor, entrad en mi casa y alojaos allí.»

Y nos obligó a ello.

SEGUNDA LECTURA

Del Comentario de san Cirilo de Alejandría, obispo, sobre la carta a los Romanos

Nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo y somos miembros los unos de los otros, tal como está escrito, y es Cristo quien nos une, mediante los vínculos de la caridad: Él ha hecho de los dos pueblos una sola cosa, derribando el muro que los separaba; él ha abolido la ley con sus mandamientos y reglas. Conviene, pues, que tengamos todos un mismo sentir: que, si un miembro sufre, los demás miembros sufran con él y que, si un miembro es honrado, se alegren todos los miembros.

Acogeos unos a otros —dice el Apóstol—, como Cristo nos acogió para gloria de Dios. Nos acogeremos unos a otros si nos esforzamos en tener un mismo sentir; llevando los unos las cargas de los otros, conservando la unidad del Espíritu, con el vinculo de la paz. Así es como nos acogió Dios a nosotros en Cristo. Pues no engaña el que dice: Tanto amó Dios al mundo que le entregó su Hijo por nosotros. Fue entregado, en efecto, por la redención de la vida de todos nosotros, y así fuimos arrancados de la muerte, redimidos de la muerte y del pecado.

Y el mismo Apóstol explica el objetivo de esta realización de los designios de Dios, cuando dice que Cristo consagró su ministerio al servicio de los judíos, por exigirlo la fidelidad de Dios. Pues, como Dios había prometido a los patriarcas que los bendeciría en su descendencia futura y que los multiplicaría como las estrellas del cielo, por esto apareció en la carne y se hizo hombre el que era Dios y la Palabra en persona, el que conserva toda cosa creada y da a todos la incolumidad, por su condición de Dios. Vino a este mundo en la carne, mas no para ser servido, sino, al contrario, para servir, como dice él mismo, y entregar su vida por la redención de una multitud.

Él afirma haber venido de modo visible para cumplir las promesas hechas a Israel. Decía en efecto: No me ha enviado Dios sino a las ovejas descarriadas del pueblo de Israel. Por esto, con verdad afirma Pablo que Cristo consagró su ministerio al servicio de los judíos, para dar cumplimiento a las promesas hechas a los padres y para que los paganos alcanzasen misericordia, y así ellos también le diesen gloria como a creador y hacedor, salvador y redentor de todos. De este modo alcanzó a todos la misericordia divina, sin excluir a los paganos, de manera que el designio de la sabiduría de Dios en Cristo obtuvo su finalidad; por la misericordia de Dios, en efecto, fue salvado todo el mundo, en lugar de los que se habían perdido.

R. Salid de Babilonia, purificaos, portadores de los vasos del Señor; el Señor va al frente de vosotros. * en la retaguardia va el Dios de Israel. Aleluya.
V. Sal de Babilonia, pueblo mío, que cada uno salve su vida del incendio de la ira del Señor.

R. Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al pleno conocimiento de la verdad. * Porque hay un solo Dios, y único es el mediador entre Dios y los hombres. Aleluya.
V. Por la noche, tuvo Pablo una visión: se le apareció un macedonio que le suplicaba: «Pasa a Macedonia y ayúdanos.»

R. A vosotros, antes que a nadie, debíamos anunciar la palabra de Dios, mas, como la rechazáis y no os juzgáis dignos de la vida eterna, * nosotros nos volvemos ahora a las naciones. Aleluya.
V. Así nos lo ordena el Señor: «Te he puesto como luz de los pueblos.»

Oración

Dios todopoderoso y eterno, asístenos con tu gracia para que llevemos a su más plena realidad, en nosotros mismos, el misterio pascual que estamos celebrando, y para que así los que hemos renacido en el bautismo demos fruto abundante de vida cristiana y alcancemos finalmente los goces de la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.