OFICIO DE LECTURA
Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de el Oficio de lectura cuando con él se abre el día.
Hoy la memoria es libre
Puede rezarse el oficio de la feria o el de Beato Ceferino Namuncurá.
V. Ábreme, Señor, los ojos. R. Y contemplaré las maravillas de tu voluntad
Himno
Con gozo el corazón cante la vida,
presencia y maravilla del Señor,
de luz y de color bella armonía,
sinfónica cadencia de su amor.
Palabra esplendorosa de su Verbo,
cascada luminosa de verdad,
que fluye en todo ser que en él fue hecho
imagen de su ser y de su amor.
La fe cante al Señor, y su alabanza,
palabra mensajera del amor,
responda con ternura a su llamada
en himno agradecido a su gran don.
Dejemos que su amor nos llene el alma
en íntimo diálogo con Dios,
en puras claridades cara a cara,
bañadas por los rayos de su sol.
Al Padre subirá nuestra alabanza
por Cristo, nuestro vivo intercesor,
en alas de su Espíritu que inflama
en todo corazón su gran amor. Amén.
Salmodia
La promesa del Señor es escudo para los que a ella se acogen.
Salmo 17 · 17, 31-51
Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? (Rm 8, 31)
Perfecto es el camino de Dios,
acendrada es la promesa del Señor;
él es escudo para los que a él se acogen.
¿Quién es dios fuera del Señor?
¿Qué roca hay fuera de nuestro Dios?
Dios me ciñe de valor
y me enseña un camino perfecto;
él me da pies de ciervo
y me coloca en las alturas;
él adiestra mis manos para la guerra,
y mis brazos para tensar la ballesta.
La promesa del Señor es escudo para los que a ella se acogen.
PRIMERA LECTURA (Año I)
De la carta a los Efesios · 6, 1-9
Vosotros, hijos, obedeced a vuestros padres, como lo quiere el Señor, pues esto es lo justo: «Honra a tu padre y a tu madre.» Éste es el primer mandamiento que lleva consigo una promesa: «Para que te vaya bien y vivas muchos años sobre la tierra.»
Y los padres, por vuestra parte, no exasperéis a vuestros hijos, sino formadlos y educadlos según el espíritu del Señor.
Esclavos, obedeced a vuestros amos de este mundo con solicitud y respeto, con sinceridad de corazón, como a Cristo. Servidles no sólo cuando están delante, como si buscaseis agradar a los hombres, sino como auténticos esclavos de Cristo, cumpliendo de corazón la voluntad de Dios; servidles con buena voluntad, como quien sirve al Señor y no a los hombres, sabiendo que cada cual, sea esclavo o libre, recibirá la recompensa del Señor conforme al bien que haya realizado.
Y los amos, por vuestra parte, haced otro tanto con ellos; dejad a un lado las amenazas, sabiendo que el Señor de unos y otros está en los cielos y que en él no hay acepción de personas.
SEGUNDA LECTURA
De las: Instrucciones de san Columbano; abad
Escuchemos, hermanos, la voz de la Vida que nos invita a beber de la fuente de vida; el que nos llama es no sólo fuente de agua viva, sino también fuente de vida eterna, fuente de luz y de claridad; él es aquel de quien proceden todos los bienes de sabiduría, de vida y de luz eterna. El Autor de la vida es fuente de vida, el Creador de la luz es origen de toda claridad; por eso, despreciando las cosas visibles y pasando por encima de las cosas terrestres, dirijámonos hacia los bienes celestiales, sumergidos en el Espíritu como los peces en el agua, y dirijámonos a la fuente del agua viva para beber de ella el agua viva que brota para comunicar vida eterna.
Ojalá te dignaras, Dios de misericordia y Señor de todo consuelo, hacerme llegar hasta aquella fuente, para que en ella pudiera, junto con todos los sedientos, beber del agua viva en la fuente viva y, saciado con su abundante suavidad, me adhiriera con fuerza cada vez mayor a un tal manantial y pudiera decir: «¡Cuán dulce es la fuente del agua viva, cuyo manantial brota para comunicar vida eterna!»
Oh Señor, tú mismo eres aquella fuente que, aunque siempre bebamos de ella, siempre debemos estar deseando. Señor Jesucristo, danos sin cesar de ese agua para que brote en nuestro interior una fuente de agua viva que nos comunique la vida eterna. Pido cosas ciertamente grandes, ¿quién lo negará? Pero tú, Rey de la gloria, nos prometes dones excelsos y te complaces en dárnoslos: nada hay más excelso que tú mismo, y tú has querido darte y entregarte a nosotros.
Por eso te pedimos que nos enseñes a valorar lo que amamos, que eres tú mismo, pues nuestro amor no desea bien alguno fuera de ti. Tú eres, Señor, todo nuestro bien, nuestra vida y nuestra luz, nuestra salvación, nuestro alimento y nuestra bebida. Infunde en nuestro corazón, Señor Jesús, la suavidad de tu Espíritu y hiere nuestra alma con tu amor para que cada uno de nosotros pueda decir con toda verdad: «Muéstrame dónde está el amor de mi alma, porque desfallezco, herido de amor.»
Deseo, Señor, desfallecer herido de esta forma. Dichosa el alma a quien de esta manera ha herido el amor: esta alma busca la fuente y bebe, siempre, sin embargo, bebiendo tiene sed, deseando encuentra agua, teniendo sed siempre bebe; así, amando siempre busca y cuando es herida es sanada. Ojalá se digne herirnos de este modo nuestro Dios y Señor Jesucristo, el piadoso y poderoso médico de nuestras almas, que es uno con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.
R. El que, siendo esclavo, ha sido convocado en el Señor es un liberto del Señor; y el que, siendo libre, ha sido convocado es un esclavo de Cristo. * Habéis sido comprados a precio; no os hagáis esclavos de los hombres.
V. Ya no hay distinción entre judío y gentil, ni entre libre y esclavo: todos somos uno en Cristo Jesús.
R. Hay un solo Dios, y único es el mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, hombre también él, * el cual se entregó a sí mismo como precio de rescate por todos.
V. Por eso debía ser semejante en todo a sus hermanos, para poderse apiadar de ellos.
R. El que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed; * el agua que yo le dé se convertirá en él en, manantial, cuyas aguas brotan para comunicar vida eterna.
V. Señor, dame de ese agua, para que no sienta ya más sed.
Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.
