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Orar

Miércoles, 3 de noviembre de 2027

San Martín de Porres, religioso

Tiempo Ordinario · Verde · Año impar (I)

OFICIO DE LECTURA

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de el Oficio de lectura cuando con él se abre el día.

Hoy la memoria es libre

Puede rezarse el oficio de la feria o el de San Martín de Porres, religioso.

V. La explicación de tus palabras ilumina. R. Da inteligencia a los ignorantes.

Himno

Con entrega, Señor, a ti venimos,

escuchar tu palabra deseamos;

que el Espíritu ponga en nuestros labios

la alabanza al Padre de los cielos.

Se convierta en nosotros la palabra

en la luz que a los hombres ilumina,

en la fuente que salta hasta la vida,

en el pan que repara nuestras fuerzas;

en el himno de amor y de alabanza

que se canta en el cielo eternamente,

y en la carne de Cristo se hizo canto

de la tierra y del cielo juntamente.

Gloria a ti, Padre nuestro, y a tu Hijo,

el Señor Jesucristo, nuestro hermano,

y al Espíritu Santo, que, en nosotros,

glorifica tu nombre por los siglos. Amén.

Salmodia

La misericordia y la fidelidad te preceden, Señor.

Salmo 88 · 88, 2-38

Según lo prometido, Dios sacó de la descendencia de David un Salvador, Jesús. (Hch 13, 22-23)

Cantaré eternamente las misericordias del Señor,

anunciaré tu fidelidad por todas las edades.

Pues dijiste:

«Cimentado está por siempre mi amor,

asentada más que el cielo mi lealtad.»

Sellé una alianza con mi elegido,

jurando a David, mi siervo:

«Te fundaré un linaje perpetuo,

edificaré tu trono para todas las edades.»

El cielo proclama tus maravillas, Señor,

y tu fidelidad, en la asamblea de los ángeles.

¿Quién sobre las nubes se compara a Dios?

¿Quién como el Señor entre los seres divinos?

Dios es temible en el consejo de los ángeles,

es grande y terrible para toda su corte.

Señor de los ejércitos, ¿quién como tú?

El poder y la fidelidad te rodean.

Tú domeñas la soberbia del mar

y amansas la hinchazón del oleaje;

tú traspasaste y destrozaste a Rahab,

tu brazo potente desbarató al enemigo.

Tuyo es el cielo, tuya es la tierra;

tú cimentaste el orbe y cuanto contiene;

tú has creado el norte y el sur,

el Tabor y el Hermón aclaman tu nombre.

Tienes un brazo poderoso:

fuerte es tu izquierda y alta tu derecha.

Justicia y derecho sostienen tu trono,

misericordia y fidelidad te preceden.

Dichoso el pueblo que sabe aclamarte:

caminará, ¡oh Señor!, a la luz de tu rostro;

tu nombre es su gozo cada día,

tu justicia es su orgullo.

Porque tú eres su honor y su fuerza,

y con tu favor realzas nuestro poder.

Porque el Señor es nuestro escudo,

y el Santo de Israel nuestro rey.

La misericordia y la fidelidad te preceden, Señor.

El Hijo de Dios nació según la carne de la estirpe de David.

Salmo 88 · 88, 2-38

Según lo prometido, Dios sacó de la descendencia de David un Salvador, Jesús. (Hch 13, 22-23)

Un día hablaste en visión a tus amigos:

«He ceñido la corona a un héroe,

he levantado a un soldado sobre el pueblo.»

Encontré a David, mi siervo,

y lo he ungido con óleo sagrado;

para que mi mano esté siempre con él

y mi brazo lo haga valeroso;

no lo engañará el enemigo

ni los malvados lo humillarán;

ante él desharé a sus adversarios

y heriré a los que lo odian.

Mi fidelidad y misericordia lo acompañarán,

por mi nombre crecerá su poder:

extenderé su izquierda hasta el mar,

y su derecha hasta el Gran Río.

Él me invocará: «Tú eres mi padre,

mi Dios, mi Roca salvadora»

y yo lo nombraré mi primogénito,

excelso entre los reyes de la tierra.

Le mantendré eternamente mi favor,

y mi alianza con él será estable;

le daré una posteridad perpetua

y un trono duradero como el cielo.

El Hijo de Dios nació según la carne de la estirpe de David.

Juré una vez a David, mi siervo: «Tu linaje será perpetuo.»

Salmo 88 · 88, 2-38

Según lo prometido, Dios sacó de la descendencia de David un Salvador, Jesús. (Hch 13, 22-23)

Si sus hijos abandonan mi ley

y no siguen mis mandamientos,

si profanan mis preceptos

y no guardan mis mandatos,

castigaré con la vara sus pecados

y a latigazos sus culpas;

pero no les retiraré mi favor

ni desmentiré mi fidelidad,

no violaré mi alianza

ni cambiaré mis promesas.

Una vez juré por mi santidad

no faltar a mi palabra con David:

«Su linaje será perpetuo,

y su trono como el sol en mi presencia,

como la luna, que siempre permanece:

su solio será más firme que el cielo.»

Juré una vez a David, mi siervo: «Tu linaje será perpetuo.»

PRIMERA LECTURA (Año I)

Del libro del profeta Jeremías · 30, 18-31, 9

Esto dice el Señor:

«Yo cambiaré la suerte de las tiendas de Jacob, me compadeceré de sus moradas; sobre sus ruinas será reconstruida la ciudad, su palacio se asentará en su puesto. De allá saldrán alabanzas y gritos de alegría. Los multiplicaré y no disminuirán, los honraré y no serán despreciados. Serán sus hijos como en otro tiempo, la asamblea será estable en mi presencia. Castigaré a sus opresores. Saldrá de ella un príncipe, su señor saldrá de en medio de ella; me lo acercaré y se llegará a mí, pues ¿quién, si no, se atrevería a acercarse a mí? —oráculo del Señor—.

Vosotros seréis mi pueblo y yo seré vuestro Dios. Mirad, se desencadena una tormenta del Señor, una tormenta en torbellino gira sobre la cabeza de los impíos. No cede el incendio de la ira del Señor, hasta realizar y cumplir los planes de su corazón. Al final idea los días lo comprenderéis. En aquel tiempo —oráculo del Señor—, seré el Dios de todas las tribus de Israel y ellas serán mi pueblo.»

Así dice el Señor:

«Halló gracia en el desierto el pueblo escapado de la espada; camina a su descanso, el Señor se le apareció de lejos. Con amor eterno te amé, por eso prolongué mi misericordia. Volveré a construirte y serás reconstruida, Virgen de Israel; todavía te adornarás y saldrás con panderos a bailar en corros; todavía plantarás viñas en los montes de Samaría, y los que plantan cosecharán. “Es de día —gritarán los centinelas en la montaña de Efraím—. Levantaos marchemos a Sión, hacia el Señor, nuestro Dios.”

Porque así dice el Señor:

«Gritad de, alegría por Jacob, regocijaos por el mejor de los pueblos proclamad, alabad y decid: “El Señor ha salvado a su pueblo, al resto de Israel.” Mirad que yo os, traeré del país del, norte, os congregaré de los confines de la tierra. Entre ellos hay ciegos y cojos, preñadas y paridas: una gran multitud retorna. Si marcharon llorando los devolveré entre consuelos; los llevaré a torrentes de agua, por un camino llano en que no tropezarán.. Seré un padre para Israel, Efraím será mi primogénito.»

SEGUNDA LECTURA

De las Catequesis de san Cirilo de Jerusalén, obispo

La fe, aunque por su nombre es una, tiene dos realidades distintas. Hay, en efecto, una fe por la que se cree en los dogmas y que exige que el espíritu atienda y la voluntad se adhiera a determinadas verdades; esta fe es útil al alma, como lo dice el mismo Señor: El que escucha mi palabra y cree en aquel que me ha enviado tiene vida eterna y no incurre en condenación; y añade: El que cree en el Hijo no está condenado, sino que ha pasado ya de la muerte a la vida.

¡Oh gran bondad de Dios para con los hombres! Los antiguos justos, ciertamente, pudieron agradar a Dios empleando, para este fin los largos años de su vida; mas lo que ellos consiguieron con su esforzado y generoso servicio de muchos años, eso mismo te concede a ti Jesús realizarlo en un solo momento. Si, en efecto, crees que Jesucristo es el Señor y que Dios lo resucitó de entre los muertos conseguirás la salvación y serás llevado al paraíso por aquel mismo que recibió en su reino al buen -ladrón. No desconfíes ni dudes de si ello va a ser posible o no: el que salvó en el Gólgota al ladrón a causa de una sola hora de fe, él mismo te salvará también a ti si creyeres.

La otra clase de fe es aquella que Cristo concede a algunos como don gratuito. A unos es dado por el Espíritu el don de sabiduría; a otros el don de ciencia en conformidad con el mismo Espíritu; a unos la gracia de la fe en el mismo Espíritu a otros la gracia de curaciones en el mismo y único Espíritu.

Esta gracia de fe que da el Espíritu no consiste solamente en una fe dogmática, sino también en aquella otra fe capaz de realizar obras que superan toda posibilidad humana; quien tiene esta fe puede decir a un monte: «Vete de aquí a otro sitio», y se irá. Cuando uno, guiado por esta fe, dice esto y cree sin dudar en su corazón que lo que dice se realizará, entonces este tal ha recibido el don de esta fe.

Es de esta fe de la que se afirma: Si tuvieseis fe, como un grano de mostaza. Porque así como el grano de mostaza, aunque pequeño en tamaño, está dotado de una fuerza parecida a la del fuego y, plantado aunque sea en un lugar exiguo, produce grandes ramas hasta tal punto que pueden cobijarse en él las aves del cielo, así también la fe, cuando arraiga en el alma, un pocos momentos realiza grandes maravillas. El alma, en efecto, iluminada por esta fe, alcanza a concebir en su mente una imagen de Dios, y llega incluso hasta contemplar al mismo Dios en la medida en que ello es posible; le es dado recorrer los límites del universo y ver, antes del fin del mundo, el juicio futuro y la realización de los bienes prometidos.

Procura, pues, llegar a aquella fe que de ti depende y que conduce al Señor a quien la posee, y así el Señor te dará también aquella otra que actúa por encima de las fuerzas humanas.

R. «Es de día —gritarán los centinelas—. * Levantaos y marchemos a Sión, hacia el Señor, nuestro Dios.»
V. Ven, casa de Jacob, caminemos a la luz del Señor.

R. Señor, te compadeces de todos y nada de lo que hiciste aborreces; disimulas los pecados de los hombres para que se arrepientan y los perdonas; * porque tú eres, Señor, nuestro Dios.
V. Sálvanos, Dios del universo, míranos y muéstranos la luz de tu misericordia.

R. Sabiendo que el hombre no se justifica por cumplir la ley, sino por creer en Cristo Jesús, también nosotros hemos creído en Cristo Jesús, para ser justificados por la fe en él.
V. Dios ha propuesto a Cristo como instrumento de propiciación, por su propia sangre: y mediante la fe.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.