OFICIO DE LECTURA
Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de el Oficio de lectura cuando con él se abre el día.
Hoy la memoria es libre
Puede rezarse el oficio de la feria o el de San Efrén de Siria, Diácono y doctor de la Iglesia.
V. Hijo mío, conserva mis palabras. R. Conserva mis mandatos y vivirás.
Himno
Delante de tus ojos
ya no enrojecemos
a causa del antiguo
pecado de tu pueblo.
Arrancarás de cuajo
el corazón soberbio
y harás un pueblo humilde
de corazón sincero.
En medio de los pueblos
nos guardas como un resto,
para cantar tus obras
y adelantar tu reino.
Seremos raza nueva
para los cielos nuevos;
sacerdotal estirpe,
según tu Primogénito.
Caerán los opresores
y exultarán los siervos;
los hijos del oprobio
serán tus herederos.
Señalarás entonces
el día del regreso
para los que comían
su pan en el destierro.
¡Exulten mis entrañas!
¡Alégrese mi pueblo!
Porque el Señor, que es justo,
revoca sus decretos:
la salvación se anuncia
donde acechó el infierno,
porque el Señor habita
en medio de su pueblo. Amén.
Salmodia
Levántate, Señor, y ven en mi auxilio.
Salmo 34 · 34, 1-2. 3c. 9-19. 22-24a. 27-28
Se reunieron… y se pusieron de acuerdo para detener a Jesús con engaño y matarlo. (Mt 26, 3-4)
Pelea, Señor, contra los que me atacan,
guerrea contra los que me hacen guerra;
empuña el escudo y la adarga,
levántate y ven en mi auxilio;
di a mi alma:
«Yo soy tu victoria.»
Y yo me alegraré con el Señor,
gozando de su victoria;
todo mi ser proclamará:
«Señor, ¿quién como tú,
que defiendes al débil del poderoso,
al pobre y humilde del explotador?»
Se presentaban testigos violentos:
me acusaban de cosas que ni sabía,
me pagaban mal por bien,
dejándome desamparado.
Levántate, Señor, y ven en mi auxilio.
Juzga, Señor, y defiende mi causa, tú que eres poderoso.
Salmo 34 · 34, 1-2. 3c. 9-19. 22-24a. 27-28
Se reunieron… y se pusieron de acuerdo para detener a Jesús con engaño y matarlo. (Mt 26, 3-4)
Yo, en cambio, cuando estaban enfermos,
me vestía de saco,
me mortificaba con ayunos
y desde dentro repetía mi oración.
Como por un amigo o por un hermano,
andaba triste,
cabizbajo y sombrío,
como quien llora a su madre.
Pero, cuando yo tropecé, se alegraron,
se juntaron contra mí
y me golpearon por sorpresa;
me laceraban sin cesar,
cruelmente se burlaban de mí,
rechinando los dientes de odio.
Juzga, Señor, y defiende mi causa, tú que eres poderoso.
Mi lengua anunciará tu justicia, todos los días te alabaré, Señor.
Salmo 34 · 34, 1-2. 3c. 9-19. 22-24a. 27-28
Se reunieron… y se pusieron de acuerdo para detener a Jesús con engaño y matarlo. (Mt 26, 3-4)
Señor, ¿cuándo vas a mirarlo?
Defiende mi vida de los que rugen,
mi único bien, de los leones,
y te daré gracias en la gran asamblea,
te alabaré entre la multitud del pueblo.
Que no canten victoria mis enemigos traidores,
que no se hagan guiños a mi costa
los que me odian sin razón.
Señor, tú lo has visto, no te calles;
Señor, no te quedes a distancia;
despierta, levántate, Dios mío;
Señor mío, defiende mi causa.
Júzgame tú según tu justicia.
Que canten y se alegren
los que desean mi victoria;
que repitan siempre: «Grande es el Señor»,
los que desean la paz a tu siervo.
Mi lengua anunciará tu justicia,
todos los días te alabaré.
Mi lengua anunciará tu justicia, todos los días te alabaré, Señor.
PRIMERA LECTURA (Año II)
De la carta a los Gálatas · 5, 1-25
Hermanos: Manteneos firmes y no os dejéis sujetar al yugo de la esclavitud. Yo mismo, Pablo, os lo digo: Si os hacéis circuncidar, Cristo de nada os aprovechará. Y vuelvo a declarar a todos cuantos se hacen circuncidar: Quedan obligados a cumplir toda la ley. Habéis roto con Cristo los que pretendéis alcanzar la justificación por la ley. Habéis desertado de la gracia. Nosotros, en cambio, esperamos ansiosamente por el Espíritu, en virtud de la fe, la salud que nos reportará la justificación. Porque para los de Cristo Jesús no vale nada ser o no ser circuncidado. Solamente la fe, actuada por la caridad.
Ibais tan bien: ¿quién se interpuso para que no creyeseis a la verdad? Esa sugestión no procede de aquel que os convoca. Un poco de levadura hace fermentar toda la masa. Yo confío en el Señor que pensaréis de la misma manera que yo. Y el que introduce enredos entre vosotros sufrirá su castigo, quienquiera que sea. En cuanto a mí, hermanos, si en realidad predico todavía la circuncisión, como pretenden, ¿por qué me persiguen aún? En este caso habrían de dar ya por terminado el escándalo de la cruz … ¡Ojalá que esos tales que os perturban se mutilasen del todo de una vez!
Hermanos, vuestra vocación es la libertad: no una libertad para que se aproveche el egoísmo; al contrario, sed esclavos unos de otros por amor. Pues toda la ley se concentra en esta frase: amarás al prójimo como a ti mismo. Pero, si mutuamente os mordéis y os devoráis, mirad que acabaréis por destruiros unos a otros.
E insisto: Si vivís según el Espíritu, no daréis satisfacción a las apetencias de la carne. Pues la carne desea contra el espíritu, y el espíritu contra la carne, como que son entre sí antagónicos, de forma que no hacéis lo que quisierais.
Si os dejáis guiar por el Espíritu, ya no estáis bajo la ley. Todo el mundo sabe cuáles son las obras de la carne, tales como: fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, hechicería, odios, discordias, celos, ira, contiendas, discusiones, disensiones, envidias, embriagueces, orgías, y otras semejantes. Respecto de ellas os prevengo ahora, como ya os previne antes: que quienes las practican no heredarán el reino de Dios.
En cambio, el fruto del Espíritu es: amor, alegría, paz, comprensión, servicialidad, bondad, lealtad, amabilidad, dominio de sí. Contra estas cosas no se levanta ninguna ley. Los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y tendencias. Si vivimos por el Espíritu marchemos tras el Espíritu.
SEGUNDA LECTURA
De los Tratados de Balduino de Cantorbery, obispo.
El Señor conoce, sin duda alguna, todos los pensamientos y sentimientos de nuestro corazón; en cuanto a nosotros, sólo podemos discernirlos en la medida en que el Señor nos lo concede. En efecto, el espíritu que está dentro del hombre no conoce todo lo que hay en el hombre, y en cuanto a sus pensamientos, voluntarios o no, no siempre juzga rectamente. Y, aunque los tiene ante los ojos de su mente, tiene la vista interior demasiado nublada para poder discernirlos con precisión.
Sucede, en efecto, muchas veces, que nuestro propio criterio u otra persona o el tentador nos hacen ver como bueno lo que Dios no juzga como tal. Hay algunas cosas que tienen una falsa apariencia de virtud, o también de vicio, que engañan a los ojos del corazón y vienen a ser como una impostura que embota la agudeza de la mente, hasta hacerle ver lo malo como bueno y viceversa; ello forma parte de nuestra miseria e ignorancia, muy lamentable y muy temible.
Está escrito: Cree uno que su camino es recto, y va a parar a la muerte. Para evitar este peligro nos advierte san Juan: Examinad los espíritus si provienen de Dios. Pero ¿quién será capaz de examinar si los espíritus provienen de Dios, si Dios no le da el discernimiento de espíritus, con el que pueda examinar con agudeza y rectitud sus pensamientos, afectos e intenciones? Este discernimiento es la madre de todas las virtudes, y a todos es necesario, ya sea para la dirección espiritual de los demás, ya sea para corregir y ordenar la propia vida.
La decisión en el obrar es recta cuando se rige por el beneplácito divino, la intención es buena cuando tiende a Dios sin doblez. De este modo, todo el cuerpo de nuestra vida y de cada una de nuestras acciones será luminoso, si nuestro ojo está sano. Y el ojo sano es ojo y está sano cuando ve con claridad lo que hay que hacer y cuando, con recta intención, hace con sencillez lo que no hay que hacer con doblez. La recta decisión es incompatible con el error; la buena intención excluye la ficción. En esto consiste el verdadero discernimiento: en la unión de la recta decisión y de la buena intención.
Todo, por consiguiente, debemos hacerlo guiados por la luz del discernimiento, pensando que obramos en Dios y ante su presencia.
R. Tomad, hermanos, como dechados de sufrimiento y de constante espera a los profetas que hablaron en el nombre del Señor. * Mirad que el Juez está a las puertas.
V. Estad preparados, porque, a la hora que menos penséis, vendrá el Hijo del hombre.
R. Si os dejáis guiar por el Espíritu, ya no estáis bajo la ley. * El fruto del Espíritu es: amor, alegría y paz.
V. Si vivimos por el Espíritu marchemos tras el Espíritu.
R. Se te ha dado a conocer, oh hombre, lo que es bueno, lo que Dios desea de ti: * simplemente que practiques la justicia, que ames la misericordia, y que camines humildemente con tu Dios.
V. Confía en el Señor y haz el bien, y habitarás tu tierra si eres fiel a lo que él desea de ti.
Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.
