OFICIO DE LECTURA
Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de el Oficio de lectura cuando con él se abre el día.
V. El que medita la ley del Señor. R. Da fruto a su tiempo.
Himno
Si me desechas tú, Padre amoroso,
¿a quién acudiré que me reciba?
Tú al pecador dijiste generoso
que no quieres su muerte, ¡oh Dios piadoso!,
sino que llore y se convierta y viva.
Cumple en mí la palabra que me has dado
y escucha el ansia de mi afán profundo,
no te acuerdes, Señor, de mi pecado;
piensa tan sólo que en la cruz clavado
eres, Dios mío, el Redentor del mundo. Amén.
Salmodia
No fue su brazo el que les dio la victoria, sino tu diestra y la luz de tu rostro.
Salmo 43
En todo vencemos fácilmente por aquel que nos ha amado. (Rm 8, 37)
¡Oh Dios!, nuestros oídos lo oyeron,
nuestros padres nos lo han contado:
la obra que realizaste en sus días,
en los años remotos.
Tú mismo, con tu mano, desposeíste a los gentiles
y los plantaste a ellos;
trituraste a las naciones,
y los hiciste crecer a ellos.
Porque no fue su espada la que ocupó la tierra,
ni su brazo el que les dio la victoria;
sino tu diestra y tu brazo y la luz de tu rostro,
porque tú los amabas.
Mi rey y mi Dios eres tú,
que das la victoria a Jacob:
con tu auxilio embestimos al enemigo,
en tu nombre pisoteamos al agresor.
Pues yo no confío en mi arco,
ni mi espada me da la victoria;
tú nos das la victoria sobre el enemigo
y derrotas a nuestros adversarios.
Dios ha sido siempre nuestro orgullo,
y siempre damos gracias a tu nombre.
No fue su brazo el que les dio la victoria, sino tu diestra y la luz de tu rostro.
No apartará el Señor su rostro de vosotros, si os convertís a él.
Salmo 43
En todo vencemos fácilmente por aquel que nos ha amado. (Rm 8, 37)
Ahora, en cambio, nos rechazas y nos avergüenzas,
y ya no sales, Señor, con nuestras tropas:
nos haces retroceder ante el enemigo,
y nuestro adversario nos saquea.
Nos entregas como ovejas a la matanza
y nos has dispersado por las naciones;
vendes a tu pueblo por nada,
no lo tasas muy alto.
Nos haces el escarnio de nuestros vecinos,
irrisión y burla de los que nos rodean;
nos has hecho el refrán de los gentiles,
nos hacen muecas las naciones.
Tengo siempre delante mi deshonra,
y la vergüenza me cubre la cara
al oír insultos e injurias,
al ver a mi rival y a mi enemigo.
No apartará el Señor su rostro de vosotros, si os convertís a él.
Levántate, Señor, no nos rechaces más.
Salmo 43
En todo vencemos fácilmente por aquel que nos ha amado. (Rm 8, 37)
Todo esto nos viene encima,
sin haberte olvidado
ni haber violado tu alianza,
sin que se volviera atrás nuestro corazón
ni se desviaran de tu camino nuestros pasos;
y tú nos arrojaste a un lugar de chacales
y nos cubriste de tinieblas.
Si hubiéramos olvidado el nombre de nuestro Dios
y extendido las manos a un dios extraño,
el Señor lo habría averiguado,
pues él penetra los secretos del corazón.
Por tu causa nos degüellan cada día,
nos tratan como a ovejas de matanza.
Despierta, Señor, ¿por qué duermes?
Levántate, no nos rechaces más.
¿Por qué nos escondes tu rostro
y olvidas nuestra desgracia y opresión?
Nuestro aliento se hunde en el polvo,
nuestro vientre está pegado al suelo.
Levántate a socorrernos,
redímenos por tu misericordia.
Levántate, Señor, no nos rechaces más.
PRIMERA LECTURA (Año I)
Comienza el libro del Deuteronomio · 1, 1. 6-18
Éstas son las palabras que dijo Moisés a todo Israel al otro lado del Jordán, en el desierto, en la Arabá, frente a Sof, entre Farán y Tofel, Haserot y Dizahab:
«El Señor, nuestro Dios, nos dijo en el monte Horeb: “Basta ya de vivir en este monte, poneos en camino, id a las montañas de los amorreos, a las poblaciones vecinas de la estepa de la Arabá, de la montaña, de la tierra baja, del Negueb y de la costa; a Canaán y al Líbano, hasta el gran río, el Éufrates. Mirad: os he puesto delante la tierra que yo, el Señor, prometí dar a vuestros padres, a Abraham, Isaac y Jacob.”
Entonces yo os dije:
“Yo solo no puedo con vosotros. El Señor, vuestro Dios, os ha multiplicado y sois tan numerosos como las estrellas del cielo. Que el Señor, Dios de vuestros padres, continúe y os haga mil veces más numerosos, y os siga bendiciendo, como dijo. Pero ¿cómo voy a poder yo solo con todas vuestras cargas, vuestro peso y vuestros litigios? Proponed a algunos de cada tribu, a hombres sabios y de experiencia, y yo los nombraré jefes vuestros.”
Y me contestasteis:
“Está bien lo que nos propones.”
Yo elegí como jefes de vuestras tribus a hombres sabios y de experiencia, y los nombré jefes vuestros: jefes de mil, de cincuenta y de diez, y magistrados para cada tribu. Entonces di a vuestros jefes estas normas:
“Vosotros escucharéis los pleitos de vuestros hermanos y juzgaréis con justicia las causas que surjan entre un hombre con su hermano o un extranjero. No seáis parciales en la sentencia, oíd por igual al pequeño y al grande; no os dejéis amedrentar por nadie, que la sentencia es de Dios; y la causa que os resulte demasiado difícil pasádmela, y yo entenderé en ella.”
Entonces os mandé todo lo que debíais cumplir.»
PRIMERA LECTURA (Año II)
Comienza el libro del Éxodo · 1, 1-22
Lista de los israelitas que fueron a Egipto con Jacob, cada uno con su familia: Rubén, Simeón, Leví, Judá, Isacar, Zabulón, Benjamín, Dan, Neftalí, Gad, Aser; descendientes directos de Jacob: setenta personas. José estaba ya en Egipto.
Muerto José y sus hermanos y toda aquella generación, los israelitas crecían y se propagaban, se multiplicaban y se hacían fuertes en extremo y llenaban todo el país. Subió luego al trono de Egipto un Faraón nuevo que no había conocido a José, y dijo a su pueblo:
«Mirad, el pueblo de Israel se está haciendo más numeroso y fuerte que nosotros; vamos a vencerlo con astucia, pues si no, cuando se declare la guerra, se aliará con el enemigo, nos atacará y después se marchará de nuestra tierra.»
Así pues, nombraron capataces que los oprimieran con cargas, en la construcción de las ciudades-granero, Pitom y Ramsés. Pero cuanto más los oprimían, más ellos crecían y se propagaban, de modo que los egipcios llegaron a temer a los hijos de Israel. Entonces les impusieron trabajos crueles y les amargaron la vida con dura esclavitud: el trabajo del barro y de los ladrillos, y toda clase de trabajos del campo.
El rey de Egipto ordenó a las parteras hebreas:
«Cuando asistáis a las hebreas y les llegue el momento, si es niño lo matáis, si es niña la dejáis con vida.»
Pero las parteras temían a Dios y no hicieron lo que les mandaba el rey de Egipto, sino que dejaban con vida a los recién nacidos. El rey de Egipto llamó a las parteras y las interrogó:
«¿Por qué hacéis eso y dejáis con vida a las criaturas?»
Contestaron al Faraón:
«Es que las mujeres hebreas no son como las egipcias, sino que son robustas y dan a luz antes de que lleguemos a ellas.»
Dios premió a las parteras: el pueblo crecía y se hacía fuerte, y a ellas también les dio familia, porque temían a Dios. Entonces ordenó el Faraón a toda su gente:
«Cuando nazca un niño echadlo al Nilo, pero si es niña dejadla con vida.»
SEGUNDA LECTURA
De los Sermones de san León Magno, papa
En todo tiempo, amados hermanos, la misericordia del Señor llena la tierra, y todo fiel halla en la misma naturaleza motivo de adoración a Dios, ya que el cielo y la tierra, el mar y todo lo .que hay en ellos nos hablan de la bondad y omnipotencia del que los ha creado, y la admirable belleza de los elementos puestos a nuestro servicio exige de la creatura racional el justo tributo de la acción de gracias.
Pero al volver de nuevo estos días, marcados de manera especial por los misterios de nuestra redención, y que preceden inmediatamente a la celebración de la Pascua, se nos intima una mayor diligencia en prepararnos con la purificación de nuestro espíritu.
En efecto, es propio de la fiesta de Pascua que toda la Iglesia se regocije por el perdón de sus pecados, y ello no sólo en los que renacerán por el sagrado bautismo, sino también en los que han sido ya anteriormente agregados a la porción de los hijos adoptivos.
Pues, si bien lo que nos hace hombres nuevos es principalmente el baño de regeneración, sin embargo, como nos es también necesaria a todos la cotidiana renovación contra la herrumbre de nuestra condición mortal, y nadie hay que no tenga el deber de afanarse continuamente por una mayor perfección, es necesario un esfuerzo por parte de todos para que el día de nuestra redención nos halle a todos renovados.
Por tanto, amados hermanos, lo que cada cristiano ha de hacer en todo tiempo ahora debemos hacerlo con más intensidad y entrega, para que así la institución apostólica de esta cuarentena de días logre su objetivo mediante nuestro ayuno, el cual ha de consistir mucho más en la privación de nuestros vicios que en la de los alimentos.
Junto al razonable y santo ayuno, nada más provechoso que la limosna, denominación que incluye una extensa gama de obras de misericordia, de modo que todos los fieles son capaces de practicarla, por diversas que sean sus posibilidades. En efecto, con relación al amor que debemos a Dios y a los hombres, siempre está en nuestras manos la buena voluntad, que ningún obstáculo puede impedir. Los ángeles dijeron: Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad; con ello nos enseñaron que todo aquel que por amor se compadece de cualquier miseria ajena se enriquece, no sólo con la virtud de su buena voluntad, sino también con el don de la paz.
Las obras de misericordia son variadísimas, y así todos los cristianos que lo son de verdad, tanto si son ricos como si son pobres, tienen ocasión de practicarlas a la medida de sus posibilidades; y aunque no todos puedan ser iguales en la cantidad de lo que dan, todos pueden serlo en su buena disposición.
R. El Señor, vuestro Dios, es Dios de dioses, Dios grande, fuerte y terrible, * él no es parcial ni acepta soborno.
V. Oíd por igual al pequeño y al grande; no os dejéis amedrentar por nadie, que la sentencia es de Dios.
R. Dijo Dios a Abraham: «Has de saber que tu descendencia vivirá como forastera en tierra ajena, y tendrá que servir y sufrir opresión durante cuatrocientos años. * Y yo juzgaré al pueblo a quien han de servir.»
V. Yo soy el Señor, tu salvador y redentor.
R. El tiempo del ayuno nos ha abierto las puertas del paraíso, recibámoslo con buena voluntad y seamos constantes en la oración, * para que en el día de la resurrección nos gloriemos con el Señor.
V. Acreditémonos siempre en todo como verdaderos servidores de Dios.
Oración
Tu gracia, Señor, inspire nuestras acciones, las sostenga y acompañe, para que todo nuestro trabajo cuaresmal brote de ti, como una fuente, y a ti tienda, como a su fin. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.
