Saltar al contenido

Orar

Lunes, 2 de marzo de 2026

Lunes de la 2ª semana de Cuaresma

Cuaresma · Morado

LAUDES

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de Laudes cuando con él se abre el día.

Himno

¡Cuántas veces, Señor, me habéis llamado,

y cuántas con vergüenza he respondido,

desnudo como Adán, aunque vestido

de las hojas del árbol del pecado!

Seguí mil veces vuestro pie sagrado,

fácil de asir, en una cruz asido,

y atrás volví otras tantas atrevido,

al mismo precio que me habéis comprado.

Besos de paz os di para ofenderos,

pero si fugitivos de su dueño

yerran cuando los hallan los esclavos,

hoy que vuelvo con lágrimas a veros,

clavadme vos a vos a vuestro leño

y tendréisme seguro con tres clavos. Amén.

Salmodia

¿Cuándo entraré a ver el rostro de Dios?

Salmo 41

El que tenga sed y quiera, que venga a beber el agua de la vida. (Ap 22, 17)

Como busca la cierva

corrientes de agua,

así mi alma te busca

a ti, Dios mío;

tiene sed de Dios,

del Dios vivo:

¿cuándo entraré a ver

el rostro de Dios?

Las lágrimas son mi pan

noche y día,

mientras todo el día me repiten:

«¿Dónde está tu Dios?»

Recuerdo otros tiempos,

y mi alma desfallece de tristeza:

cómo marchaba a la cabeza del grupo,

hacia la casa de Dios,

entre cantos de júbilo y alabanza,

en el bullicio de la fiesta.

¿Por qué te acongojas, alma mía,

por qué te me turbas?

Espera en Dios, que volverás a alabarlo:

«Salud de mi rostro, Dios mío.»

Cuando mi alma se acongoja,

te recuerdo,

desde el Jordán y el Hermón

y el Monte Menor.

Una sima grita a otra sima

con voz de cascadas:

tus torrentes y tus olas

me han arrollado.

De día el Señor

me hará misericordia,

de noche cantaré la alabanza

del Dios de mi vida.

Diré a Dios: Roca mía,

¿por qué me olvidas?

¿por qué voy andando sombrío,

hostigado por mi enemigo?

Se me rompen los huesos

por las burlas del adversario;

todo el día me preguntan:

«¿Dónde está tu Dios?»

¿Por qué te acongojas, alma mía,

por qué te me turbas?

Espera en Dios, que volverás a alabarlo:

«Salud de mi rostro, Dios mío.»

¿Cuándo entraré a ver el rostro de Dios?

Muéstranos, Señor, tu gloria y tu compasión.

Cántico · Sir 36, 1-7. 13-16

Ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado Jesucristo. (Jn 17, 3)

Sálvanos, Dios del universo,

infunde tu terror a todas las naciones;

amenaza con tu mano al pueblo extranjero,

para que sienta tu poder.

Como les mostraste tu santidad al castigarnos,

muéstranos así tu gloria castigándolos a ellos,

para que sepan, como nosotros lo sabemos,

que no hay Dios fuera de ti.

Renueva los prodigios, repite los portentos,

exalta tu mano, robustece tu brazo.

Reúne a todas las tribus de Jacob

y dales su heredad como antiguamente.

Ten compasión del pueblo que lleva tu nombre,

de Israel, a quien nombraste tu primogénito.

Ten compasión de tu ciudad santa,

de Jerusalén, lugar de tu reposo.

Llena a Sión de tu majestad

y al templo, de tu gloria.

Muéstranos, Señor, tu gloria y tu compasión.

Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.

Salmo 18 A

Nos visitará el sol que nace de lo alto… para guiar nuestros pasos por el camino de la paz. (Lc 1, 78-79)

El cielo proclama la gloria de Dios,

el firmamento pregona la obra de sus manos:

el día al día le pasa el mensaje,

la noche a la noche se lo murmura.

Sin que hablen, sin que pronuncien,

sin que resuene su voz,

a toda la tierra alcanza su pregón

y hasta los límites del orbe su lenguaje.

Allí le ha puesto su tienda al sol:

él sale como el esposo de su alcoba,

contento como un héroe, a recorrer su camino.

Asoma por un extremo del cielo,

y su órbita llega al otro extremo:

nada se libra de su calor.

Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.

LECTURA BREVE

Ex 19, 4-6a

Vosotros habéis visto cómo os saqué sobre alas de águila y os traje hacia mí; ahora pues, si queréis obedecerme y guardar mi alianza, seréis mi especial propiedad entre todos los pueblos, pues mía es toda la tierra. Seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa.

R. Él me librará de la red del cazador.
V. Él me librará de la red del cazador.

R. Él me librará de la red del cazador.
V. Me cubrirá con su plumaje.

R. Él me librará de la red del cazador.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Benedictus

«Sed misericordiosos, como es misericordioso vuestro Padre», dice el Señor.

Cántico de Zacarías Lc 1, 68-79

EL MESÍAS Y SU PRECURSOR

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo,

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tiniebla

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

«Sed misericordiosos, como es misericordioso vuestro Padre», dice el Señor.

Preces

Alabemos a Dios, nuestro Padre, que nos concede ofrecerle el sacrificio de alabanza cuaresmal, y supliquémosle, diciendo:

Ilumínanos, Señor, con tu palabra.

Dios todopoderoso y compasivo, concédenos el espíritu de oración y de penitencia, — y danos un verdadero deseo de amarte a ti y a nuestros hermanos.

Concédenos ser constructores de tu reino, para que todas las cosas tengan a Cristo por cabeza — y abunde la justicia y la paz en toda la tierra.

Haz que sepamos descubrir la bondad y hermosura de tu creación, — para que su belleza se haga alabanza en nuestros labios.

Perdónanos por haber ignorado la presencia de Cristo en los pobres, los sencillos y los marginados, — y por no haber atendido a tu Hijo en estos hermanos nuestros.

Oración

Señor, tú que para nuestro progreso espiritual nos mandas dominar nuestro cuerpo mediante la austeridad, ayúdanos a huir también de todo pecado y a entregarnos, con amor filial al cumplimiento de tus mandatos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.