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Orar

Martes, 28 de abril de 2026

San Pedro Chanel, presbítero y mártir

Tiempo Pascual · Blanco

LAUDES

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de Laudes cuando con él se abre el día.

Hoy la memoria es libre

Puede rezarse el oficio de la feria o el de San Pedro Chanel, presbítero y mártir.

Himno

Estaba al alba María,

porque era la enamorada.

«¡María!», la voz amada.

«¡Rabbuní!», dice María.

El amor se hizo un abrazo

junto a las plantas benditas;

las llagas glorificadas

ríos de fuego y delicia;

Jesús, esposo divino,

María, esposa cautiva.

Estaba al alba María,

para una unción preparada.

Jesús en las azucenas

al claro del bello día.

En los brazos del Esposo

la Iglesia se regocija.

¡Gloria al Señor encontrado,

gloria al Dios de la alegría,

gloria al Amor más amado,

gloria y paz, y Pascua y dicha! ¡Aleluya!

Estaba al alba María,

es Pascua en la Iglesia santa. ¡Aleluya! Amén.

Salmodia

El que hace la voluntad de mi Padre entrará en el reino de los cielos. Aleluya.

Salmo 100

Si me amáis, guardaréis mis mandatos. (Jn 14, 15)

Voy a cantar la bondad y la justicia,

para ti es mi música, Señor;

voy a explicar el camino perfecto:

¿Cuándo vendrás a mí?

Andaré con rectitud de corazón

dentro de mi casa;

no pondré mis ojos

en intenciones viles.

Aborrezco al que obra mal,

no se juntará conmigo;

lejos de mí el corazón torcido,

no aprobaré al malvado.

Al que en secreto difama a su prójimo

lo haré callar;

ojos engreídos, corazones arrogantes

no los soportaré.

Pongo mis ojos en los que son leales,

ellos vivirán conmigo;

el que sigue un camino perfecto,

ése me servirá.

No habitará en mi casa

quien comete fraudes;

el que dice mentiras

no durará en mi presencia.

Cada mañana haré callar

a los hombres malvados,

para excluir de la ciudad del Señor

a todos los malhechores.

El que hace la voluntad de mi Padre entrará en el reino de los cielos. Aleluya.

Conozcan los pueblos, Señor, tu misericordia con nosotros. Aleluya.

Cántico · Dn 3, 26-27. 29. 34-41

Arrepentíos y convertíos, para que se borren vuestros pecados. (Hch 3, 19)

Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres,

digno de alabanza y glorioso es tu nombre.

Porque eres justo

en cuanto has hecho con nosotros

y todas tus obras son verdad,

y rectos tus caminos,

y justos todos tus juicios.

Hemos pecado y cometido iniquidad

apartándonos de ti, y en todo hemos delinquido.

Por el honor de tu nombre,

no nos desampares para siempre,

no rompas tu alianza,

no apartes de nosotros tu misericordia.

Por Abraham, tu amigo,

por Isaac, tu siervo,

por Israel, tu consagrado,

a quienes prometiste

multiplicar su descendencia

como las estrellas del cielo,

como la arena de las playas marinas.

Pero ahora, Señor, somos el más pequeño

de todos los pueblos;

hoy estamos humillados por toda la tierra

a causa de nuestros pecados.

En este momento no tenemos príncipes,

ni profetas, ni jefes;

ni holocausto, ni sacrificios,

ni ofrendas, ni incienso;

ni un sitio donde ofrecerte primicias,

para alcanzar misericordia.

Por eso, acepta nuestro corazón contrito,

y nuestro espíritu humilde,

como un holocausto de carneros y toros

o una multitud de corderos cebados;

que éste sea hoy nuestro sacrificio,

y que sea agradable en tu presencia:

porque los que en ti confían

no quedan defraudados.

Ahora te seguimos de todo corazón,

te respetamos y buscamos tu rostro.

Conozcan los pueblos, Señor, tu misericordia con nosotros. Aleluya.

El Señor es mi escudo y mi refugio. Aleluya.

Salmo 143 · 143, 1-10

Todo lo puedo en aquel que me conforta. (Flp 4, 13)

Bendito el Señor, mi Roca,

que adiestra mis manos para el combate,

mis dedos para la pelea;

mi bienhechor, mi alcázar,

baluarte donde me pongo a salvo,

mi escudo y mi refugio,

que me somete los pueblos.

Señor, ¿qué es el hombre para que te fijes en él?

¿Qué los hijos de Adán para que pienses en ellos?

El hombre es igual que un soplo;

sus días, una sombra que pasa.

Señor, inclina tu cielo y desciende,

toca los montes, y echarán humo,

fulmina el rayo y dispérsalos,

dispara tus saetas y desbarátalos.

Extiende la mano desde arriba:

defiéndeme, líbrame de las aguas caudalosas,

de la mano de los extranjeros,

cuya boca dice falsedades,

cuya diestra jura en falso.

Dios mío, te cantaré un cántico nuevo,

tocaré para ti el arpa de diez cuerdas:

para ti que das la victoria a los reyes,

y salvas a David, tu siervo.

El Señor es mi escudo y mi refugio. Aleluya.

LECTURA BREVE

Hch 13, 30-33

Dios resucitó a Jesús de entre los muertos. Y durante muchos días se apareció a los que con él habían subido de Galilea a Jerusalén: éstos, efectivamente, dan ahora testimonio de él ante el pueblo. Y nosotros os damos la buena nueva: la promesa que Dios hizo a nuestros padres la ha cumplido él ahora con nosotros, sus hijos, resucitando a Jesús, según está escrito en el salmo segundo: «Tú eres mi Hijo; yo te he engendrado hoy.»

R. El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.
V. El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.

R. Aleluya, aleluya.
V. El que por nosotros colgó del madero.

R. El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Benedictus

Las obras que el Padre me concede realizar, las mismas que hago, testifican que el Padre me ha enviado. Aleluya.

Cántico de Zacarías Lc 1, 68-79

EL MESÍAS Y SU PRECURSOR

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo,

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tiniebla

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

Las obras que el Padre me concede realizar, las mismas que hago, testifican que el Padre me ha enviado. Aleluya.

Preces

Oremos agradecidos a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, el Cordero inmaculado que quitó el pecado del mundo y nos comunica su vida nueva, y digámosle:

Autor de la vida, vivifícanos.

Dios, autor de la vida, acuérdate de la muerte y resurrección del Cordero inmolado en la cruz, — y atiende su continua intercesión por nosotros.

Haz, Señor, que, tirada fuera la vieja levadura de la malicia y de la perversidad, — vivamos la Pascua de Cristo con panes ázimos de pureza y de verdad.

Que sepamos rechazar hoy el pecado de discordia y de envidia — y seamos más sensibles a las necesidades de nuestros hermanos.

Concédenos vivir auténticamente el espíritu evangélico, — para que hoy y siempre sigamos el camino de tus mandatos.

Oración

Dios todopoderoso, concédenos que la celebración de las fiestas de Cristo resucitado aumente en nosotros la alegría de saber que estamos salvados. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.