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Orar

Miércoles, 29 de abril de 2026

Santa Catalina de Siena, virgen y doctora de la Iglesia

Tiempo Pascual · Blanco

Nona (Hora intermedia)

El himno

El libro ofrece varios; puede rezarse cualquiera de ellos.

La salmodia

Quien reza más de una Hora intermedia usa en las demás la salmodia complementaria.

V. Quédate con nosotros, Señor. Aleluya. R. Porque ya es tarde. Aleluya.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Himno

Reina el Señor allí donde ninguno

ciñe corona que haya alado el mundo;

reina el Señor allí donde la vida

sin lágrimas es río de delicias.

Reina el Señor, el compasivo siervo,

que en sus hombros cargó nuestro madero;

vive el muerto en la cruz, sepultado

y con hierro sellado y custodiado.

Cruzó el oscuro valle de la muerte

hasta bajar a tumba de rebeldes;

fingía que era suya nuestra pena,

y en silencio escuchó nuestra sentencia.

Pero reina el Señor, la tierra goza,

y ya se escuchan los cánticos de boda.

¡Gloria al Señor Jesús resucitado,

nuestra esperanza y triunfo deseado! Amén.

Salmodia

Aleluya, aleluya, aleluya.

Salmo 118 · 118, 145-152

Te invoco de todo corazón;

respóndeme, Señor, y guardaré tus leyes;

a ti grito: sálvame,

y cumpliré tus decretos;

me adelanto a la aurora pidiendo auxilio,

esperando tus palabras.

Mis ojos se adelantan a las vigilias de la noche,

meditando tu promesa;

escucha mi voz por tu misericordia,

con tus mandamientos dame vida;

ya se acercan mis inicuos perseguidores,

están lejos de tu voluntad.

Tú, Señor, estás cerca,

y todos tus mandatos son estables;

hace tiempo comprendí que tus preceptos

los fundaste para siempre.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Salmo 93 · 118, 145-152

El vengador de todo esto es el Señor. Dios no nos ha llamado a una vida impura, sino sagrada. (1Ts 4, 6. 7)

Dios de la venganza, Señor,

Dios de la venganza, resplandece.

Levántate, juzga la tierra,

paga su merecido a los soberbios.

¿Hasta cuándo, Señor, los culpables,

hasta cuándo triunfarán los culpables?

Sueltan la lengua profiriendo insolencias,

se jactan los malhechores;

trituran, Señor, a tu pueblo,

oprimen a tu heredad,

asesinan a viudas y forasteros,

degüellan a los huérfanos, y comentan:

«Dios no lo ve, el Dios de Jacob no se entera.»

Enteraos los más necios del pueblo,

ignorantes, ¿cuándo discurriréis?

El que plantó el oído, ¿no va a oír?;

el que formó el ojo, ¿no va a ver?;

el que educa a los pueblos, ¿no va a castigar?;

el que instruye al hombre, ¿no va a saber?

Sabe el Señor que los pensamientos del hombre

son insustanciales.

Salmo 93 · 118, 145-152

El vengador de todo esto es el Señor. Dios no nos ha llamado a una vida impura, sino sagrada. (1Ts 4, 6. 7)

Dichoso el hombre a quien tú educas,

al que en enseñas tu ley,

dándole descanso tras los años duros,

mientras al malvado le cavan la fosa.

Porque el Señor no rechaza a su pueblo,

ni abandona su heredad:

el justo obtendrá su derecho,

y un porvenir los rectos de corazón.

¿Quién se pone a mi favor contra los perversos,

quién se coloca a mi lado

frente a los malhechores?

Si el Señor no me hubiera auxiliado,

ya estaría yo habitando en el silencio.

Cuando me parece que voy a tropezar,

tu misericordia Señor, me sostiene;

cuando se multiplican mis preocupaciones,

tus consuelos son mi delicia.

¿Podrá aliarse contigo un tribunal inicuo

que dicta injusticias en hombre de la ley?

Aunque atenten contra la vida del justo

y condenen a muerte al inocente,

el Señor será mi alcázar,

Dios será mi roca de refugio.

Él les pagará su iniquidad,

los destruirá por sus iniquidades,

los destruirá el Señor nuestro Dios.

LECTURA BREVE

Cf. Ef 4, 23-24

Renovaos en la mente y en el espíritu y vestíos de la nueva condición humana, creada a imagen de Dios: justicia y santidad verdaderas.

Oremos:

Dios nuestro, vida de los creyentes, gloria de los humildes y felicidad de los justos, atiende benignamente a nuestras súplicas y haz que quienes deseamos ardientemente el cumplimiento de tus promesas seamos siempre colmados con la abundancia de tus beneficios. Por Cristo nuestro Señor.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.