Saltar al contenido

Orar

Sábado, 2 de mayo de 2026

San Atanasio de Alejandría, obispo y doctor de la Iglesia

Tiempo Pascual · Blanco

LAUDES

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de Laudes cuando con él se abre el día.

Himno

Velaron las estrellas el sueño de su muerte,

sus luces de esperanzas las recogió ya el sol,

en haces luminosos la aurora resplandece,

es hoy el nuevo día en que el Señor actuó.

Los pobres de sí mismos creyeron su palabra,

la noche de los hombres fue grávida de Dios,

él dijo volvería colmando su esperanza,

más fuerte que la muerte fue su infinito amor.

De angustia estremecida lloró y gimió la tierra,

en lágrimas y sangre su humanidad vivió,

pecado, mal y muerte perdieron ya su fuerza,

el Cristo siempre vivo es hoy nuestro blasón.

De gozo reverdecen los valles y praderas,

los pájaros y flores, su canto y su color,

celebran con los hombres la eterna primavera

del día y la victoria en que el Señor actuó.

Recibe, Padre santo, los cánticos y amores

de cuantos en tu Hijo hallaron salvación,

tu Espíritu divino nos llene de sus dones,

los hombres y los pueblos se abran a tu Amor. Amén.

Salmodia

¡Qué magníficas son tus obras, Señor! Aleluya.

Salmo 91

Este salmo canta las maravillas realizadas en Cristo. (S. Atanasio)

Es bueno dar gracias al Señor

y tocar para tu nombre, oh Altísimo,

proclamar por la mañana tu misericordia

y de noche tu fidelidad,

con arpas de diez cuerdas y laúdes

sobre arpegios de cítaras.

Tus acciones, Señor, son mi alegría,

y mi júbilo, las obras de tus manos.

¡Qué magníficas son tus obras, Señor,

qué profundos tus designios!

El ignorante no los entiende

ni el necio se da cuenta.

Aunque germinen como hierba los malvados

y florezcan los malhechores,

serán destruidos para siempre.

Tú, en cambio, Señor,

eres excelso por los siglos.

Porque tus enemigos, Señor, perecerán,

los malhechores serán dispersados;

pero a mí me das la fuerza de un búfalo

y me unges con aceite nuevo.

Mis ojos no temerán a mis enemigos,

mis oídos escucharán su derrota.

El justo crecerá como una palmera

y se alzará como un cedro del Líbano:

plantado en la casa del Señor,

crecerá en los atrios de nuestro Dios;

en la vejez seguirá dando fruto

y estará lozano y frondoso,

para proclamar que el Señor es justo,

que en mi Roca no existe la maldad.

¡Qué magníficas son tus obras, Señor! Aleluya.

Derramaré sobre vosotros un agua pura. Aleluya.

Cántico · Ez 36, 24-28

Ellos serán su pueblo y Dios estará con ellos. (Ap 21, 3)

Os recogeré de entre las naciones,

os reuniré de todos los países,

y os llevaré a vuestra tierra.

Derramaré sobre vosotros un agua pura

que os purificará:

de todas vuestras inmundicias e idolatrías

os he de purificar;

y os daré un corazón nuevo,

y os infundiré un espíritu nuevo;

arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra,

y os daré un corazón de carne.

Os infundiré mi espíritu,

y haré que caminéis según mis preceptos,

y que guardéis y cumpláis mis mandatos.

Y habitaréis en la tierra que di a vuestros padres.

Vosotros seréis mi pueblo

y yo seré vuestro Dios.

Derramaré sobre vosotros un agua pura. Aleluya.

Todo es vuestro, y vosotros de Cristo, y Cristo de Dios. Aleluya.

Salmo 8

Todo lo puso bajo sus pies y lo dio a la Iglesia como cabeza, sobre todo. ( Ef 1, 22)

Señor, dueño nuestro,

¡qué admirable es tu nombre

en toda la tierra!

Ensalzaste tu majestad sobre los cielos.

De la boca de los niños de pecho

has sacado una alabanza contra tus enemigos,

para reprimir al adversario y al rebelde.

Cuando contemplo el cielo, obra de tus manos;

la luna y las estrellas que has creado,

¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él;

el ser humano, para darle poder?

Lo hiciste poco inferior a los ángeles,

lo coronaste de gloria y dignidad,

le diste el mando sobre las obras de tus manos,

todo lo sometiste bajo sus pies:

rebaños de ovejas y toros,

y hasta las bestias del campo,

las aves del cielo, los peces del mar,

que trazan sendas por las aguas.

Señor, dueño nuestro,

¡qué admirable es tu nombre

en toda la tierra!

Todo es vuestro, y vosotros de Cristo, y Cristo de Dios. Aleluya.

LECTURA BREVE

Rm 14, 7-9

Ninguno de nosotros vive para sí y ninguno muere para sí. Que si vivimos, vivimos para el Señor; y si morimos, para el Señor morimos. En fin, que tanto en vida como en muerte somos del Señor. Para esto murió Cristo y retornó a la vida, para ser Señor de vivos y muertos.

R. El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.
V. El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.

R. Aleluya, aleluya.
V. El que por nosotros colgó del madero.

R. El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Benedictus

Cuando aparezca el supremo Pastor, recibiréis la corona de gloria que no se marchita. Aleluya.

Cántico de Zacarías Lc 1, 68-79

EL MESÍAS Y SU PRECURSOR

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo,

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tiniebla

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

Cuando aparezca el supremo Pastor, recibiréis la corona de gloria que no se marchita. Aleluya.

Preces

Oremos a Cristo, que nos ha manifestado la vida eterna, y digámosle confiados:

Que tu resurrección, Señor, nos haga crecer en gracia.

Pastor eterno, contempla con amor a tu pueblo, que se levanta ahora del descanso, — y aliméntalo durante este día con tu palabra y tu eucaristía.

No permitas que seamos arrebatados por el lobo que devora o entregados por el mercenario que huye, — sino haz que escuchemos siempre tu voz de buen pastor.

Tú que actúas siempre juntamente con los ministros de tu Evangelio y confirmas su palabra con tu gracia, — haz que durante este día proclamemos tu resurrección con nuestras palabras y con nuestra vida.

Sé, Señor, tú mismo nuestro gozo, el gozo que nadie puede arrebatarnos, — y haz que, alejados de toda tristeza, fruto del pecado, tengamos hambre de poseer tu vida eterna.

Oración

Dios todopoderoso y eterno, asístenos con tu gracia para que llevemos a su más plena realidad, en nosotros mismos, el misterio pascual que estamos celebrando, y para que así los que hemos renacido en el bautismo demos fruto abundante de vida cristiana y alcancemos finalmente los goces de la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.