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Orar

Lunes, 4 de mayo de 2026

Santos Felipe y Santiago, apóstoles

Tiempo Pascual · Rojo

Nona (Hora intermedia)

El himno

El libro ofrece varios; puede rezarse cualquiera de ellos.

La salmodia

Quien reza más de una Hora intermedia usa en las demás la salmodia complementaria.

V. Éste es el día en que actuó el Señor. Aleluya. R. Sea él nuestra alegría y nuestro gozo. Aleluya.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Himno

Salvador del mundo,

Señor de los ángeles:

por tu cruz gloriosa

la muerte venciste.

Oh Señor, consérvanos

los dones amables

que, con sufrimientos,

tú nos mereciste.

Y a quienes a precio

de dolor salvaste,

llévalos al cielo

para que te alaben.

Llévalos a todos,

Señor, suplicámoste,

pues que nos hiciste

reino de tu Padre. Amén.

Salmodia

Aleluya, aleluya, aleluya.

Salmo 18 B

Sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto. (Mt 5, 48)

La ley del Señor es perfecta

y es descanso del alma;

el precepto del Señor es fiel

e instruye al ignorante;

los mandatos del Señor son rectos

y alegran el corazón;

la norma del Señor es límpida

y da luz a los ojos;

la voluntad del Señor e pura

y eternamente estable;

los mandamientos del Señor son verdaderos

y enteramente, justos;

más preciosos que el oro,

más que el oro fino;

más dulces que la miel

de un panal que destila.

Aunque tu siervo vigila

para guardarlos con cuidado,

¿quién conoce sus faltas?

Absuélveme de lo que se me oculta.

Preserva a tu siervo de la arrogancia,

para que no me domine:

así quedaré libre e inocente

del gran pecado.

Que te agraden las palabras de mi boca,

y llegue a tu presencia el meditar de mi corazón,

Señor, roca mía, redentor mío.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Salmo 7

Mirad que el Juez está a las puertas. (St 5, 9)

Señor, Dios mío, a ti me acojo,

líbrame de mis perseguidores y sálvame,

que no me atrapen como leones

y me desgarren sin remedio.

Señor, Dios mío: si soy culpable,

si hay crímenes en mis manos,

si he causado daño a mi amigo,

si he protegido a un opresor injusto,

que el enemigo me persiga y me alcance,

que me pisotee vivo por tierra,

apretando mi vientre contra el polvo.

Levántate, Señor, con tu ira,

álzate con furor contra mis adversarios,

acude a defenderme

en el juicio que has convocado.

Que te rodee la asamblea de las naciones,

y pon tu asiento en lo más alto de ella.

El Señor es juez de los pueblos.

Júzgame, Señor, según mi justicia,

según la inocencia que hay en mí.

Cese la maldad de los culpables,

y apoya tú al inocente,

tú que sondeas el corazón y las entrañas,

tú, el Dios justo.

Salmo 7

Mirad que el Juez está a las puertas. (St 5, 9)

Mi escudo es Dios,

que salva a los rectos de corazón.

Dios es un juez justo,

Dios amenaza cada día:

si no se convierten, afilará su espada,

tensará el arco y apuntará.

Apunta sus armas mortíferas,

prepara sus flechas incendiarias.

Mirad: el enemigo concibió el crimen,

está preñado de maldad,

y da a luz el engaño.

Cavó y ahondó una fosa,

caiga en la fosa que hizo;

recaiga su maldad sobre su cabeza,

baje su violencia sobre su cráneo.

Yo daré gracias al Señor por su justicia,

tañendo para el nombre del Señor Altísimo.

LECTURA BREVE

2Tm 2, 8. 11

Acuérdate de Cristo Jesús, del linaje de David, que vive resucitado de entre los muertos, como enseño en mi mensaje de salud. Verdadera es la sentencia que dice: Si hemos muerto con él, viviremos también con él.

Oremos:

Señor Dios, que unes en un mismo sentir los corazones de los que te aman, impulsa a tu pueblo a amar lo que pides y a desear lo que prometes, para que, en medio de la inestabilidad de las cosas humanas, estén firmemente anclados nuestros corazones en el deseo de la verdadera felicidad. Por Cristo nuestro Señor.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.