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Orar

Lunes, 4 de mayo de 2026

Santos Felipe y Santiago, apóstoles

Tiempo Pascual · Rojo

VÍSPERAS

Himno

Cantarán, llorarán razas y hombres,

buscarán la esperanza en el dolor,

el secreto de vida es ya presente:

resucitó el Señor.

Dejarán de llorar los que lloraban,

brillará en su mirar la luz del sol,

ya la causa del hombre está ganada:

resucitó el Señor.

Volverán entre cánticos alegres

los que fueron llorando a su labor,

traerán en sus brazos la cosecha:

resucitó el Señor.

Cantarán a Dios Padre eternamente

la alabanza de gracias por su don,

en Jesús ha brillado su Amor santo:

resucitó el Señor. Amén.

Salmodia

No temáis, yo he vencido al mundo. Aleluya.

Salmo 10

Dichosos los que tienen hambre y sed de ser justos, porque ellos quedarán saciados. (Mt 5, 6)

Al Señor me acojo, ¿por qué me decís:

«Escapa como un pájaro al monte,

porque los malvados tensan el arco,

ajustan las saetas a la cuerda,

para disparar en la sombra contra los buenos?

Cuando fallan los cimientos,

¿qué podrá hacer el justo?»

Pero el Señor está en su templo santo,

el Señor tiene su trono en el cielo;

sus ojos están observando,

sus pupilas examinan a los hombres.

El Señor examina a inocentes y culpables,

y al que ama la violencia, él lo detesta.

Hará llover sobre los malvados ascuas y azufre,

les tocará en suerte un viento huracanado.

Porque el Señor es justo y ama la justicia:

los buenos verán su rostro.

No temáis, yo he vencido al mundo. Aleluya.

Se hospedará en tu tienda, habitará en tu monte santo. Aleluya.

Salmo 14

Os habéis acercado al monte de Sión, ciudad del Dios vivo. (Hb 12, 22)

Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda

y habitar en tu monte santo?

El que procede honradamente

y practica la justicia,

el que tiene intenciones leales

y no calumnia con su lengua,

el que no hace mal a su prójimo

ni difama al vecino,

el que considera despreciable al impío

y honra a los que temen al Señor,

el que no retracta lo que juró

aun en daño propio,

el que no presta dinero a usura

ni acepta soborno contra el inocente.

El que así obra nunca fallará.

Se hospedará en tu tienda, habitará en tu monte santo. Aleluya.

Cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí. Aleluya.

Cántico · Ef 1, 3-10

Bendito sea Dios,

Padre de nuestro Señor Jesucristo,

que nos ha bendecido en la persona de Cristo

con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

Él nos eligió en la persona de Cristo,

antes de crear el mundo,

para que fuésemos consagrados

e irreprochables ante él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo,

por pura iniciativa suya,

a ser sus hijos,

para que la gloria de su gracia,

que tan generosamente nos ha concedido

en su querido Hijo,

redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,

hemos recibido la redención,

el perdón de los pecados.

El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia

ha sido un derroche para con nosotros,

dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Éste es el plan

que había proyectado realizar por Cristo

cuando llegase el momento culminante:

hacer que todas las cosas

tuviesen a Cristo por cabeza,

las del cielo y las de la tierra.

Cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí. Aleluya.

LECTURA BREVE

Hb 8, 1b-3a

Tenemos un sumo sacerdote que está sentado a la diestra del trono de la Majestad en los cielos. Él es ministro del santuario, y de la verdadera Tienda de Reunión, que fue fabricada por el Señor y no por hombre alguno. Todo sumo sacerdote es instituido para ofrecer oblaciones y sacrificios.

R. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya, aleluya.
V. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya, aleluya.

R. Aleluya, aleluya.
V. Al ver al Señor.

R. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya, aleluya.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Magnificat

El Abogado, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo y os traerá a la memoria todo lo que os he dicho. Aleluya.

Cántico de María Lc 1, 46-55

ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de su misericordia

—como lo había prometido a nuestros padres—

en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

El Abogado, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo y os traerá a la memoria todo lo que os he dicho. Aleluya.

Preces

Con espíritu gozoso, invoquemos a Cristo, a cuya humanidad dio vida el Espíritu Santo haciéndolo fuente de vida para los hombres, y digámosle:

Renueva y da vida a todas las cosas, Señor.

Cristo, salvador del mundo y rey de la nueva creación, haz que, ya desde ahora, con el espíritu vivamos en tu reino, — donde estás sentado a la derecha del Padre.

Señor, tú que vives en tu Iglesia hasta el fin de los tiempos, — condúcela por el Espíritu Santo al conocimiento de toda verdad.

Que los enfermos, los moribundos y todos que sufren encuentren luz en tu victoria, — y que tu gloriosa resurrección los consuele y los conforte.

Al terminar este día, te ofrecemos nuestro homenaje, oh Cristo, luz imperecedera, — y te pedimos que con la gloria de tu resurrección ilumines a nuestros hermanos difuntos.

Oración

Señor Dios, que unes en un mismo sentir los corazones de los que te aman, impulsa a tu pueblo a amar lo que pides y a desear lo que prometes, para que, en medio de la inestabilidad de las cosas humanas, estén firmemente anclados nuestros corazones en el deseo de la verdadera felicidad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.