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Orar

Jueves, 7 de mayo de 2026

Jueves de la 5ª semana de Pascua

Tiempo Pascual · Blanco

LAUDES

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de Laudes cuando con él se abre el día.

Grande es el Señor y muy digno de alabanza en la ciudad de nuestro Dios.

Himno

El agua pura, don de la mañana,

da a los ojos el brillo de la vida,

y el alma se despierta cuando escucha

que el ángel dice: «¡Cristo resucita!»

¡Cómo quieren las venas de mi cuerpo

ser música, ser cuerdas de la lira,

y cantar, salmodiar como los pájaros,

en esta Pascua santa la alegría!

Mirad cuál surge Cristo transparente:

en medio de los hombres se perfila

su cuerpo humano, cuerpo del amigo

deseado, serena compañía.

El que quiera palparlo, aquí se acerque,

entre con su fe en el Hombre que humaniza,

derrame su dolor y su quebranto,

dé riendas al amor, su gozo diga.

A ti, Jesús ungido, te ensalzamos,

a ti, nuestro Señor, que depositas

tu santo y bello cuerpo en este mundo,

como en el campo se echa la semilla. Amén.

Salmodia

Elévate sobre el cielo, Dios mío. Aleluya.

Salmo 56

Este salmo canta la pasión del Señor. (S. Agustín)

Misericordia, Dios mío, misericordia,

que mi alma se refugia en ti;

me refugio a la sombra de tus alas

mientras pasa la calamidad.

Invoco al Dios Altísimo,

al Dios que hace tanto por mí:

desde el cielo me enviará la salvación,

confundirá a los que ansían matarme,

enviará su gracia y su lealtad.

Estoy echado entre leones

devoradores de hombres;

sus dientes son lanzas y flechas,

su lengua es una espada afilada.

Elévate sobre el cielo, Dios mío,

y llene la tierra tu gloria.

Han tendido una red a mis pasos

para que sucumbiera;

me han cavado delante una fosa,

pero han caído en ella.

Mi corazón está firme, Dios mío,

mi corazón está firme.

Voy a cantar y a tocar:

despierta, gloria mía;

despertad, cítara y arpa;

despertaré a la aurora.

Te daré gracias ante los pueblos, Señor;

tocaré para ti ante las naciones:

por tu bondad, que es más grande que los cielos,

por tu fidelidad, que alcanza a las nubes.

Elévate sobre el cielo, Dios mío,

y llene la tierra tu gloria.

Elévate sobre el cielo, Dios mío. Aleluya.

El Señor redimió a su pueblo. Aleluya.

Cántico · Jr 31, 10-14

Jesús iba a morir… para reunir a los hijos de Dios dispersos. (Jn 11, 51. 52)

Escuchad, pueblos, la palabra del Señor,

anunciadla en las islas remotas:

«El que dispersó a Israel lo reunirá,

lo guardará como un pastor a su rebaño;

porque el Señor redimió a Jacob,

lo rescató de una mano más fuerte.»

Vendrán con aclamaciones a la altura de Sión,

afluirán hacia los bienes del Señor:

hacia el trigo y el vino y el aceite,

y los rebaños de ovejas y de vacas;

su alma será como un huerto regado,

y no volverán a desfallecer.

Entonces se alegrará la doncella en la danza,

gozarán los jóvenes y los viejos;

convertiré su tristeza en gozo,

los alegraré y aliviaré sus penas;

alimentaré a los sacerdotes

con manjares sustanciosos,

y mi pueblo se saciará de mis bienes.

El Señor redimió a su pueblo. Aleluya.

Éste es nuestro Dios por siempre jamás. Aleluya.

Salmo 47

Me transportó en espíritu a un monte altísimo y me enseñó la ciudad santa, Jerusalén. (Ap 21, 10)

Grande es el Señor y muy digno de alabanza

en la ciudad de nuestro Dios,

su monte santo, altura hermosa,

alegría de toda la tierra:

el monte Sión, vértice del cielo,

ciudad del gran rey;

entre sus palacios,

Dios descuella como un alcázar.

Mirad: los reyes se aliaron

para atacarla juntos;

pero, al verla, quedaron aterrados

y huyeron despavoridos;

allí los agarró un temblor

y dolores como de parto;

como un viento del desierto,

que destroza las naves de Tarsis.

Lo que habíamos oído lo hemos visto

en la ciudad del Señor de los ejércitos,

en la ciudad de nuestro Dios:

que Dios la ha fundado para siempre.

¡Oh Dios!, meditamos tu misericordia

en medio de tu templo:

como tu renombre, ¡oh Dios!, tu alabanza

llega al confín de la tierra;

tu diestra está llena de justicia:

el monte Sión se alegra

las ciudades de Judá se gozan

con tus sentencias.

Dad la vuelta en torno a Sión:

contando sus torreones;

fijaos en sus baluartes,

observad sus palacios,

para poder decirle a la próxima generación:

«Este es el Señor, nuestro Dios.»

Él nos guiará por siempre jamás.

Éste es nuestro Dios por siempre jamás. Aleluya.

LECTURA BREVE

Rm 8, 10-11

Si Cristo está en vosotros, aunque vuestro cuerpo haya muerto por causa del pecado, el espíritu tiene vida por la justificación. Y si el Espíritu de aquel que resucitó a Cristo Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el mismo que resucitó a Cristo Jesús de entre los muertos vivificará también vuestros cuerpos mortales por obra de su Espíritu que habita en vosotros.

R. El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.
V. El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.

R. Aleluya, aleluya.
V. El que por nosotros colgó del madero.

R. El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Benedictus

Si guardáis mis mandamientos permaneceréis en mi amor. Aleluya

Cántico de Zacarías Lc 1, 68-79

EL MESÍAS Y SU PRECURSOR

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo,

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tiniebla

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

Si guardáis mis mandamientos permaneceréis en mi amor. Aleluya

Preces

Glorifiquemos a Cristo resucitado y siempre presente en su Iglesia, y supliquémosle, diciendo:

Quédate con nosotros, Señor.

Señor Jesús, vencedor del pecado y de la muerte, — permanece en medio de nosotros, tú que vives por los siglos de los siglos.

Señor, ven a nosotros con tu poder invencible — y muéstranos la bondad de Dios Padre.

Señor, ayuda al mundo abrumado por las discordias, — ya que tú solo tienes el poder de salvar y reconciliar.

Confírmanos en la fe de la victoria final — y arraiga en nosotros la esperanza de tu manifestación gloriosa.

Oración

Dios nuestro, cuya gracia nos transforma de culpables en justos, de infelices en dichosos, no dejes de favorecernos con la acción de tu gracia y con tus dones, y concédenos a los que hemos alcanzado ya la justificación por la fe la fuerza necesaria para perseverar siempre en ella. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.