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Orar

Martes, 12 de mayo de 2026

Santos Nereo y Aquileo, mártires

Tiempo Pascual · Blanco

VÍSPERAS

Hoy la memoria es libre

Puede rezarse el oficio de la feria o el de Santos Nereo y Aquileo, mártires.

Himno

Nos reúne de nuevo el misterio

del Señor que resurge a la vida,

con su luz ilumina a la Iglesia,

como el sol al nacer cada día.

Resucita también nuestras almas,

que tu muerte libró del castigo

y vencieron contigo al pecado

en las aguas del santo bautismo.

Transfigura los cuerpos mortales

que contemplan tu rostro glorioso,

bella imagen del Dios invisible

que ha querido habitar con nosotros.

Cuando vengas, Señor, en tu gloria,

que podamos salir a tu encuentro,

y a tu lado vivamos por siempre

dando gracias al Padre en el reino. Amén.

Salmodia

Aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra. Aleluya.

Salmo 48

Es muy difícil que un rico entre en el reino de los cielos. (Mt 19, 23)

Oíd esto, todas las naciones,

escuchadlo, habitantes del orbe:

plebeyos y nobles, ricos y pobres;

mi boca hablará sabiamente,

y serán muy sensatas mis reflexiones;

prestaré oído al proverbio

y propondré mi problema al son de la cítara.

¿Por qué habré de temer los días aciagos,

cuando me cerquen y me acechen los malvados,

que confían en su opulencia

y se jactan de sus inmensas riquezas,

si nadie puede salvarse

ni dar a Dios un rescate?

Es tan caro el rescate de la vida,

que nunca les bastará

para vivir perpetuamente

sin bajar a la fosa.

Mirad: los sabios mueren,

lo mismo que perecen los ignorantes y necios,

y legan sus riquezas a extraños.

El sepulcro es su morada perpetua

y su casa de edad en edad,

aunque hayan dado nombre a países.

El hombre no perdura en la opulencia,

sino que perece como los animales.

Aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra. Aleluya.

El Señor me salva de las garras del abismo. Aleluya.

Salmo 48

Es muy difícil que un rico entre en el reino de los cielos. (Mt 19, 23)

Éste es el camino de los confiados,

el destino de los hombres satisfechos:

son un rebaño para el abismo,

la muerte es su pastor,

y bajan derechos a la tumba;

se desvanece su figura

y el abismo es su casa.

Pero a mí, Dios me salva,

me saca de las garras del abismo

y me lleva consigo.

No te preocupes si se enriquece un hombre

y aumenta el fasto de su casa:

cuando muera, no se llevará nada,

su fasto no bajará con él.

Aunque en vida se felicitaba:

«Ponderan lo bien que lo pasas»,

irá a reunirse con sus antepasados,

que no verán nunca la luz.

El hombre rico e inconsciente

es como un animal que perece.

El Señor me salva de las garras del abismo. Aleluya.

Tuyos son, Señor, el poder y la riqueza, la fuerza y la gloria. Aleluya.

Cántico · Ap 4, 11; 5, 9-10. 12

Eres digno, Señor Dios nuestro, de recibir la gloria,

el honor y el poder,

porque tú has creado el universo;

porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,

porque fuiste degollado

y por tu sangre compraste para Dios

hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;

y has hecho de ellos para nuestro Dios

un reino de sacerdotes

y reinan sobre la tierra.

Digno es el Cordero degollado

de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría,

la fuerza y el honor, la gloria y la alabanza.

Tuyos son, Señor, el poder y la riqueza, la fuerza y la gloria. Aleluya.

LECTURA BREVE

1Pe 2, 4-5

Acercándoos al Señor, la piedra viva, rechazada por los hombres, pero escogida y apreciada por Dios, también vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción del templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado, para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por Jesucristo.

R. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya, aleluya.
V. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya, aleluya.

R. Aleluya, aleluya.
V. Al ver al Señor.

R. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya, aleluya.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Magnificat

Os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque, si no me voy, el Abogado no vendrá a vosotros. Aleluya.

Cántico de María Lc 1, 46-55

ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de su misericordia

—como lo había prometido a nuestros padres—

en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque, si no me voy, el Abogado no vendrá a vosotros. Aleluya.

Preces

Invoquemos a Cristo, que con su resurrección ha reanimado la esperanza de su pueblo, y digámosle:

Señor Jesús, tú que siempre vives para interceder por nosotros, escúchanos.

Señor Jesús, de cuyo costado abierto salió sangre y agua, — haz de la Iglesia tu esposa inmaculada.

Pastor supremo de la Iglesia, que después de tu resurrección encomendaste a Pedro, al confesarte su amor, el cuidado de tus ovejas, — concede al papa N. un amor ardiente y un celo apostólico.

Tú que concediste una pesca abundante a los discípulos que pescaban en el mar, — envía operarios que continúen su trabajo apostólico.

Tú que preparaste a la orilla del mar el pan y los peces para los discípulos, — no permitas que nuestros hermanos mueran de hambre por culpa nuestra.

Señor Jesús, nuevo Adán, que nos das la vida, transforma a nuestros difuntos a imagen tuya, — para que compartan contigo la alegría de tu reino.

Oración

Señor, haz que tu pueblo viva siempre en la alegría al ver renovada la juventud de su espíritu, y que el gozo de haber recobrado la dignidad de la adopción divina le dé la firme esperanza de resucitar un día a la verdadera felicidad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.