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Orar

Miércoles, 13 de mayo de 2026

Nuestra Señora de Fátima

Tiempo Pascual · Blanco

OFICIO DE LECTURA

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de el Oficio de lectura cuando con él se abre el día.

Hoy la memoria es libre

Puede rezarse el oficio de la feria o el de Nuestra Señora de Fátima.

V. Dios resucitó a Cristo de entre los muertos. Aleluya. R. Para que nuestra fe y esperanza se centren en Dios. Aleluya.

Yo confío en la misericordia del Señor por siempre jamás. Aleluya.

Himno

Ofrezcan los cristianos

ofrendas de alabanza

a gloria de la Víctima

propicia de la Pascua.

Cordero sin pecado

que a las ovejas salva,

a Dios y a los culpables

unió con nueva alianza.

Lucharon vida y muerte

en singular batalla,

y, muerto el que es la Vida,

triunfante se levanta.

Rey vencedor, apiádate

de la miseria humana

y da a tus fieles parte

en tu victoria santa. Amén.

Salmodia

También nosotros gemimos en nuestro interior, aguardando la redención de nuestro cuerpo.

Salmo 38

La creación fue sometida a la frustración…, pero con la esperanza de verse liberada. (Rm 8, 20)

Yo me dije: vigilaré mi proceder,

para que no se me vaya la lengua;

pondré una mordaza a mi boca

mientras el impío esté presente.

Guardé silencio resignado,

no hablé con ligereza;

pero mi herida empeoró,

y el corazón me ardía por dentro;

pensándolo me requemaba,

hasta que solté la lengua.

Señor, dame a conocer mi fin

y cuál es la medida de mis años,

para que comprenda lo caduco que soy.

Me concediste un palmo de vida,

mis días son nada ante ti;

el hombre no dura más que un soplo,

el hombre pasa como pura sombra,

por un soplo se afana,

atesora sin saber para quién.

También nosotros gemimos en nuestro interior, aguardando la redención de nuestro cuerpo.

Escucha, Señor, mi oración: no seas sordo a mi llanto.

Salmo 38

La creación fue sometida a la frustración…, pero con la esperanza de verse liberada. (Rm 8, 20)

Y ahora, Señor, ¿qué esperanza me queda?

Tú eres mi confianza.

Líbrame de mis iniquidades,

no me hagas la burla de los necios.

Enmudezco, no abro la boca,

porque eres tú quien lo ha hecho.

Aparta de mí tus golpes,

que el ímpetu de tu mano me acaba.

Escarmientas al hombre

castigando su culpa;

como una polilla roes sus tesoros;

el hombre no es más que un soplo.

Escucha, Señor, mi oración,

haz caso de mis gritos,

no seas sordo a mi llanto;

porque yo soy huésped tuyo,

forastero como todos mis padres.

Aplaca tu ira, dame respiro,

antes de que pase y no exista.

Escucha, Señor, mi oración: no seas sordo a mi llanto.

Yo confío en la misericordia del Señor por siempre jamás.

Salmo 51

El que se gloría, que se gloríe en el Señor. (1Co 1, 31)

¿Por qué te glorías de la maldad

y te envalentonas contra el piadoso?

Estás todo el día maquinando injusticias

tu lengua es navaja afilada,

autor de fraudes;

prefieres el mal al bien,

la mentira a la honradez;

prefieres las palabras corrosivas,

lengua embustera.

Pues Dios te destruirá para siempre,

te abatirá y te barrerá de tu tienda;

arrancará tus raíces

del suelo vital.

Lo verán los justos, y temerán,

y se reirán de él:

«Mirad al valiente

que no puso en Dios su apoyo,

confió en sus muchas riquezas,

se insolentó en sus crímenes.»

Pero yo, como verde olivo,

en la casa de Dios,

confío en su misericordia

por siempre jamás.

Te daré siempre gracias

porque has actuado;

proclamaré delante de tus fieles:

«Tu nombre es bueno.»

Yo confío en la misericordia del Señor por siempre jamás.

SEGUNDA LECTURA

De los sermones de san Efrén, diácono

María fue hecha cielo en favor nuestro al llevar la divinidad que Cristo, sin dejar la gloria del Padre, encerró en los angostos límites de un seno para conducir a los hombres a una dignidad mayor. Eligió a ella sola entre toda la asamblea de las vírgenes para que fuese instrumento de nuestra salvación.

En ella encontraron su culmen los vaticinios de todos los justos y profetas. De ella nació aquella brillantísima estrella bajo cuya guía vio una gran luz el pueblo, que caminaba en tinieblas.

María puede ser denominada de forma adecuada con diversos títulos. Ella es el templo del Hijo de Dios, que salió de ella de manera muy distinta a como había entrado, porque, aunque había entrado en su seno sin cuerpo, salió revestido de un cuerpo.

Ella es el nuevo cielo místico, en el que el Rey de reyes habitó como en su morada. De él bajó a la tierra mostrando ostensiblemente una forma y semejanza terrena.

Ella es la vid que da como fruto un suave olor. Su fruto, como difería absolutamente por la naturaleza del árbol, necesariamente cambiaba su semejanza por causa del árbol.

Ella es la fuente que brota de la casa del Señor, de la que fluyeron para los sedientos aguas vivas que, si alguien las gusta aunque sea con la punta de los labios, jamás sentirá sed.

Amadísimos, se equivoca quien piensa que el día de la renovación de María puede ser comparado con otro día de la creación. En el inicio fue creada la tierra; por medio de ella es renovada. En el inicio fue maldita en su actividad por el pecado de Adán, por medio de ella le es devuelta la paz y la seguridad.

En el inicio, la muerte se extendió a todos los hombres por el pecado de los primeros padres, pero ahora hemos sido trasladados de la muerte a la vida. En el inicio, la serpiente se adueñó de los oídos de Eva, y el veneno se extendió a todo el cuerpo; ahora María acoge en sus oídos al defensor de la perpetua felicidad. Lo que fue instrumento de muerte, ahora se alza como instrumento de vida.

El que se sienta sobre los Querubines es sostenido ahora por los brazos de una mujer; Aquel al que todo el orbe no puede abarcar, María sola lo abraza; Aquel al que temen los Tronos y las Dominaciones, una joven lo protege; Aquel cuya morada es eterna, se sienta en las rodillas de una virgen; Aquel que tiene la tierra por escabel de sus pies, la pisa con pies de niño.

R. Saltó el corazón de la Virgen: ante el anuncio del ángel concibió el misterio divino; entonces acogió en su virginal seno al más bello entre los hijos de los hombres * y la bendita por siempre nos dio a Dios hecho hombre.
V. La morada de su seno puro se convirtió inmediatamente en templo de Dios: por el poder de la palabra, la Virgen intacta concibió al Hijo.

Oración

Señor Dios, que nos diste a la Madre de tu Hijo como Madre nuestra, concédenos que perseveremos en la oración por la salvación del mundo y procuremos promover pacientemente el Reino de Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.