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Orar

Viernes, 15 de mayo de 2026

Viernes de la 6ª semana de Pascua

Tiempo Pascual · Blanco

OFICIO DE LECTURA

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de el Oficio de lectura cuando con él se abre el día.

V. Dios nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva. Aleluya. R. Por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos. Aleluya.

Himno

«¿Qué has visto de camino,

María, en la mañana?»

«A mi Señor glorioso,

la tumba abandonada,

los ángeles testigos,

sudarios y mortaja.

¡Resucitó de veras

mi amor y mi esperanza!

Venid a Galilea,

allí el Señor aguarda;

allí veréis los suyos

la gloria de la Pascua.»

Primicia de los muertos,

sabemos por tu gracia

que estás resucitado;

la muerte en ti no manda.

Rey vencedor, apiádate

de la miseria humana

y da a tus fieles parte

en tu victoria santa. Amén.

Salmodia

Señor, no me castigues con cólera.

Salmo 37

Todos sus conocidos se mantenían a distancia. (Lc 23, 49)

Señor, no me corrijas con ira,

no me castigues con cólera;

tus flechas se me han clavado,

tu mano pesa sobre mí;

no hay parte ilesa en mi carne

a causa de tu furor,

no tienen descanso mis huesos

a causa de mis pecados;

mis culpas sobrepasan mi cabeza,

son un peso superior a mis fuerzas.

Señor, no me castigues con cólera.

Señor, todas mis ansias están en tu presencia. Aleluya.

Salmo 37

Todos sus conocidos se mantenían a distancia. (Lc 23, 49)

Mis llagas están podridas y supuran

por causa de mi insensatez;

voy encorvado y encogido,

todo el día camino sombrío;

tengo las espaldas ardiendo,

no hay parte ilesa en mi carne;

estoy agotado, deshecho del todo;

rujo con más fuerza que un león.

Señor mío, todas mis ansias están en tu presencia,

no se te ocultan mis gemidos;

siento palpitar mi corazón,

me abandonan las fuerzas,

y me falta hasta la luz de los ojos.

Mis amigos y compañeros se alejan de mí,

mis parientes se quedan a distancia;

me tienden lazos los que atentan contra mí,

los que desean mi daño me amenazan de muerte,

todo el día murmuran traiciones.

Señor, todas mis ansias están en tu presencia. Aleluya.

Yo te confieso mi culpa, no me abandones, Señor, Dios mío. Aleluya.

Salmo 37

Todos sus conocidos se mantenían a distancia. (Lc 23, 49)

Pero yo, como un sordo, no oigo;

como un mudo, no abro la boca;

soy como uno que no oye

y no puede replicar.

En ti, Señor, espero,

y tú me escucharás, Señor, Dios mío;

esto pido: que no se alegren por mi causa,

que, cuando resbale mi pie, no canten triunfo.

Porque yo estoy a punto de caer,

y mi pena no se aparta de mí:

yo confieso mi culpa,

me aflige mi pecado.

Mis enemigos mortales son poderosos,

son muchos los que me aborrecen sin razón,

los que me pagan males por bienes,

los que me atacan cuando procuro el bien.

No me abandones, Señor,

Dios mío, no te quedes lejos;

ven aprisa a socorrerme,

Señor mío, mi salvación.

Yo te confieso mi culpa, no me abandones, Señor, Dios mío. Aleluya.

SEGUNDA LECTURA

De los sermones de san Agustín, obispo

Sed ricos en buenas obras, dice el Señor. Éstas son las riquezas que debéis ostentar,que debéis sembrar. Éstas son las obras a las que se refiere el Apóstol, cuando dice que no debemos cansarnos de hacer el bien, pues a su debido tiempo recogeremos. Sembrad, aunque no veáis todavía lo que habéis de recoger. Tened fe y seguid sembrando. ¿Acaso el labrador, cuando siembra, contempla ya la cosecha? El trigo de tantos sudores, guardado en el granero, lo saca y lo siembra. Confía sus granos a la tierra. Y vosotros, ¿no confiáis vuestras obras al que hizo el cielo y la tierra?

Fijaos en los que tienen hambre, en los que están desnudos, en los necesitados de todo, en los peregrinos, en los que están presos. Todos éstos serán los que os ayudarán a sembrar vuestras obras en el cielo… La cabeza, Cristo, está en el cielo, pero tiene en la tierra sus miembros. Que el miembro de Cristo dé al miembro de Cristo; que el que tiene dé al que necesita. Miembro eres tú de Cristo y tienes que dar, miembro es él de Cristo y tiene que recibir. Los dos vais por el mismo camino, ambos sois compañeros de ruta. El pobre camina agobiado; tú, rico, vas cargado. Dale parte de tu carga. Dale, al que necesita, parte de lo que a ti te pesa. Tú te alivias y a tu compañero le ayudas.

De la bula Rationi congruit de Benedicto XIII

En Mantua Carpetana, sede de los reyes de España, llamada comúnmente Madrid, perteneciente a la diócesis de Toledo, nacido de humildes pero piadosos y católicos padres, floreció Isidro en el siglo XII.

Desde su infancia practicó Isidro las virtudes cristianas con tal grado de perfección que en su edad adulta prefirió vivir de la agricultura, por parecerle el oficio más humilde, más penoso y más apto y seguro para la salvación de su alma.

Toda su vida la desempeñó de manera que no fuera obstáculo, ni un solo día, para sus prácticas piadosas y vida religiosa. Nunca fue a labrar sin haber asistido primero al santo sacrificio de la misa, y haber implorado el auxilio de Dios y de la bienaventurada Virgen María.

En muchas ocasiones se vio protegido por el favor del cielo, en particular cuando fue acusado ante el amo de la tierra que cultivaba, de parecer negligente en su trabajo por su excesiva dedicación a las prácticas de piedad. El amo, lleno de cólera, marchó al campo que suponía abandonado, para castigar a Isidro. A su llegada, le vio arar con su yunta de bueyes, entre dos más, guiadas por otros tantos jóvenes, vestidos de blanco, que desaparecieron nada más aproximarse a Isidro. Comprendió entonces el dueño lo que muchas veces le había asegurado Isidro: que no eran horas perdidas las empleadas en el divino servicio.

Fue tan grande la caridad de Isidro hacia los demás que, aun siendo pobre, se privaba a sí mismo de lo necesario, para entregárselo a los necesitados.

Un buen día se acercó un mendigo a pedirle limosna. Muy apenado Isidro por no tener con qué socorrerle, porfió a su piadosísima mujer para que le diera alimentos. Ella, ante la insistencia de Isidro, aun sabiendo que la olla estaba vacía, por obedecerle, la registró una y otra vez. La encontró, al cabo, repleta de comida. De ella pudo extraer alimentos en abundancia y saciar el hambre de aquel mendigo.

Tan grande fue la confianza de este buen hombre en Dios, que en todos los asuntos, aun siendo grandes y difíciles, se mantenía seguro y esperanzado.

Dios puso de manifiesto los méritos y santidad de san Isidro con otros muchos y grandes milagros, hechos durante su vida.

R. Éste sí que realizó ante Dios obras realmente maravillosas, y alabó al Señor de todo corazón. * Que él interceda por los pecados de todos los pueblos. (T. P. Aleluya.)
V. Éste fue un hombre paciente, que tributó a Dios un culto verdadero, se abstuvo de todo mal y se mantuvo en la inocencia.

Oración

Señor, Dios nuestro, que en la humildad y sencillez de san Isidro Labrador nos dejaste un ejemplo de vida escondida en ti, con Cristo, concédenos que el trabajo de cada día humanice nuestro mundo y sea, al mismo tiempo, una plegaria de alabanza a tu nombre. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.