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Orar

Domingo, 17 de mayo de 2026

7º domingo de Pascua

Tiempo Pascual · Blanco · Ciclo A

Nona (Hora intermedia)

El himno

El libro ofrece varios; puede rezarse cualquiera de ellos.

La salmodia

Quien reza más de una Hora intermedia usa en las demás la salmodia complementaria.

La oración conclusiva como en las Laudes.

V. El Señor los condujo seguros, sin alarmas. R. Los hizo entrar por las santas fronteras.

Himno

Reina el Señor allí donde ninguno

ciñe corona que haya alado el mundo;

reina el Señor allí donde la vida

sin lágrimas es río de delicias.

Reina el Señor, el compasivo siervo,

que en sus hombros cargó nuestro madero;

vive el muerto en la cruz, sepultado

y con hierro sellado y custodiado.

Cruzó el oscuro valle de la muerte

hasta bajar a tumba de rebeldes;

fingía que era suya nuestra pena,

y en silencio escuchó nuestra sentencia.

Pero reina el Señor, la tierra goza,

y ya se escuchan los cánticos de boda.

¡Gloria al Señor Jesús resucitado,

nuestra esperanza y triunfo deseado! Amén.

Salmodia

En el peligro grité al Señor, y me escuchó. Aleluya.

Salmo 117

Jesús es la piedra que desechasteis vosotros, los arquitectos, y que se ha convertido en piedra angular. (Hch 4, 11)

Dad gracias al Señor porque es bueno,

porque es eterna su misericordia.

Diga la casa de Israel:

eterna es su misericordia.

Diga la casa de Aarón:

eterna es su misericordia.

Digan los fieles del Señor:

eterna es su misericordia.

En el peligro grité al Señor,

y me escuchó, poniéndome a salvo.

El Señor está conmigo: no temo;

¿qué podrá hacerme el hombre?

El Señor está conmigo y me auxilia,

veré la derrota de mis adversarios.

Mejor es refugiarse en el Señor

que fiarse de los hombres,

mejor es refugiarse en el Señor

que confiar en los magnates.

En el peligro grité al Señor, y me escuchó. Aleluya.

La diestra del Señor es poderosa, la diestra del Señor es excelsa. Aleluya.

Salmo 117

Jesús es la piedra que desechasteis vosotros, los arquitectos, y que se ha convertido en piedra angular. (Hch 4, 11)

Todos los pueblos me rodeaban,

en el nombre del Señor los rechacé;

me rodeaban cerrando el cerco,

en el nombre del Señor los rechacé;

me rodeaban como avispas,

ardiendo como fuego en las zarzas,

en el nombre del Señor los rechacé.

Empujaban y empujaban para derribarme,

pero el Señor me ayudó;

el Señor es mi fuerza y mi energía,

él es mi salvación.

Escuchad: hay cantos de victoria

en las tiendas de los justos:

«La diestra del Señor es poderosa,

la diestra del Señor es excelsa,

la diestra del Señor es poderosa.»

No he de morir, viviré

para contar las hazañas del Señor.

Me castigó, me castigó el Señor,

pero no me entregó a la muerte.

La diestra del Señor es poderosa, la diestra del Señor es excelsa. Aleluya.

El Señor es Dios, él nos ilumina. Aleluya.

Salmo 117

Jesús es la piedra que desechasteis vosotros, los arquitectos, y que se ha convertido en piedra angular. (Hch 4, 11)

Abridme las puertas del triunfo,

y entraré para dar gracias al Señor.

Esta es la puerta del Señor:

los vencedores entrarán por ella.

Te doy gracias porque me escuchaste

y fuiste mi salvación.

La piedra que desecharon los arquitectos

es ahora la piedra angular.

Es el Señor quién lo ha hecho,

ha sido un milagro patente.

Este es el día en que actuó el Señor,

sea nuestra alegría y nuestro gozo.

Señor, danos la salvación;

Señor, danos prosperidad.

Bendito el que viene en nombre del Señor, os bendecimos desde la casa del Señor;

el Señor es Dios: él nos ilumina.

Ordenad una procesión con ramos

hasta los ángulos del altar.

Tú eres mi Dios, te doy gracias;

Dios mío, yo te ensalzo.

Dad gracias al Señor porque es bueno,

porque es eterna su misericordia.

El Señor es Dios, él nos ilumina. Aleluya.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.