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Orar

Lunes, 25 de mayo de 2026

María, Madre de la Iglesia

Tiempo Ordinario · Blanco · Año par (II)

Laudes

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de Laudes cuando con él se abre el día.

Himno

Cabeza y Cuerpo, Cristo forma un todo,

Hijo de Dios e Hijo de María:

un Hijo en quien se juntan muchos hijos:

en su Madre ya la Iglesia se perfila.

Una y otra son madres y son vírgenes,

una y otra conciben del Espíritu,

una y otra sin mancha ni pecado,

al Padre celestial engendran hijos.

María le da al Cuerpo la Cabeza,

la Iglesia a la Cabeza le da el Cuerpo:

una y otra son madre del Señor,

ninguna sin la otra por entero.

Gloria a la Trinidad inaccesible

que ha querido morar entre nosotros,

en María, en la Iglesia, en nuestra alma,

para llenarnos de su eterno gozo. Amén.

Salmodia

Dichosos los que viven en tu casa, Señor.

Salmo 83

No tenemos aquí ciudad permanente, sino que vamos buscando la futura. (Hb 13, 14)

¡Qué deseables son tus moradas,

Señor de los ejércitos!

Mi alma se consume y anhela

los atrios del Señor,

mi corazón y mi carne

se alegran por el Dios vivo.

Hasta el gorrión ha encontrado una casa;

la golondrina, un nido

donde colocar sus polluelos:

tus altares, Señor de los ejércitos,

Rey mío y Dios mío.

Dichosos los que viven en tu casa

alabándote siempre.

Dichosos los que encuentran en ti su fuerza

al preparar su peregrinación:

cuando atraviesan áridos valles,

los convierten en oasis,

como si la lluvia temprana

los cubriera de bendiciones;

caminan de altura en altura

hasta ver a Dios en Sión.

Señor de los ejércitos, escucha mi súplica;

atiéndeme, Dios de Jacob.

Fíjate, ¡oh Dios!, en nuestro Escudo,

mira el rostro de tu Ungido.

Un solo día en tu casa

vale más que otros mil,

y prefiero el umbral de la casa de Dios

a vivir con los malvados.

Porque el Señor es sol y escudo,

él da la gracia y la gloria,

el Señor no niega sus bienes

a los de conducta intachable.

¡Señor de los ejércitos, dichoso el hombre

que confía en ti!

Dichosos los que viven en tu casa, Señor.

Venid, subamos al monte del Señor.

Cántico · Is 2, 2-5

Todas las naciones vendrán y se postrarán en tu acatamiento. (Ap 15, 4)

Al final de los días estará firme

el monte de la casa del Señor,

en la cima de los montes,

encumbrado sobre las montañas.

Hacia él confluirán los gentiles,

caminarán pueblos numerosos.

Dirán: «Venid, subamos al monte del Señor,

a la casa del Dios de Jacob:

Él nos instruirá en sus caminos,

y marcharemos por sus sendas;

porque de Sión saldrá la ley,

de Jerusalén la palabra del Señor.»

Será el árbitro de las naciones,

el juez de pueblos numerosos.

De las espadas forjarán arados,

de las lanzas, podaderas.

No alzará la espada pueblo contra pueblo,

no se adiestrarán para la guerra.

Casa de Jacob, ven;

caminemos a la luz del Señor.

Venid, subamos al monte del Señor.

Cantad al Señor, bendecid su nombre.

Salmo 95

Cantaban un cántico nuevo ante el trono, en presencia Cordero. (Cf. Ap 14, 3)

Cantad al Señor un cántico nuevo,

cantad al Señor, toda la tierra;

cantad al Señor, bendecid su nombre,

proclamad día tras día su victoria.

Contad a los pueblos su gloria,

sus maravillas a todas las naciones;

porque es grande el Señor, y muy digno de alabanza,

más temible que todos los dioses.

Pues los dioses de los gentiles son apariencia,

mientras que el Señor ha hecho el cielo;

honor y majestad lo preceden,

fuerza y esplendor están en su templo.

Familias de los pueblos, aclamad al Señor,

aclamad la gloria y el poder del Señor,

aclamad la gloria del nombre del Señor,

entrad en sus atrios trayéndole ofrendas.

Postraos ante el Señor en el atrio sagrado,

tiemble en su presencia la tierra toda,

decid a los pueblos: «El Señor es rey,

él afianzó el orbe, y no se moverá;

él gobierna a los pueblos rectamente.»

Alégrese el cielo, goce la tierra,

retumbe el mar y cuanto lo llena;

vitoreen los campos y cuanto hay en ellos,

aclamen los árboles del bosque,

delante del Señor, que ya llega,

ya llega a regir la tierra:

regirá el orbe con justicia

y los pueblos con fidelidad.

Cantad al Señor, bendecid su nombre.

LECTURA BREVE

Is 61, 10

Desbordo de gozo en el Señor, y me alegro con mi Dios: porque me ha vestido un traje de gala y me ha envuelto en un manto de triunfo, como a una novia que se adorna con sus joyas.

R. El Señor la eligió y la predestinó.
V. El Señor la eligió y la predestinó.

R. Y la predestinó.
V. La hizo morar en su templo santo.

R. El Señor la eligió y la predestinó.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Benedictus

Te glorificamos, santa Madre de Dios, porque al concebir en tu seno virginal al Hijo de Dios y al darlo a luz al mundo, preparaste el nacimiento de la Iglesia, que hoy por ello te aclama como madre.

Cántico de Zacarías Lc 1, 68-79

EL MESÍAS Y SU PRECURSOR

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo,

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tiniebla

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

Te glorificamos, santa Madre de Dios, porque al concebir en tu seno virginal al Hijo de Dios y al darlo a luz al mundo, preparaste el nacimiento de la Iglesia, que hoy por ello te aclama como madre.

Preces

Elevemos nuestras súplicas al Salvador, que quiso nacer de María Virgen, y digámosle:

Que tu santa Madre, Señor, interceda por nosotros.

Salvador del mundo, tú que con la eficacia de tu redención preservaste a tu Madre de toda mancha de pecado, — líbranos también a nosotros de toda culpa.

Redentor nuestro, tú que hiciste de la inmaculada Virgen María tabernáculo purísimo de tu presencia y sagrario del Espíritu Santo, — haz también de nosotros templos de tu Espíritu.

Palabra eterna del Padre, que enseñaste a María a escoger la parte mejor, — ayúdanos a imitarla y a buscar el alimento que perdura hasta la vida eterna.

Rey de reyes, que elevaste contigo a tu Madre en cuerpo y alma al cielo, — haz que aspiremos siempre a los bienes celestiales.

Señor del cielo y de la tierra, que has colocado a tu derecha a María reina, — danos el gozo de tener parte en su gloria.

Oración

Señor, Padre de misericordia, cuyo Hijo, clavado en la cruz, proclamó como Madre nuestra a su Madre, santa María virgen, concédenos por su mediación amorosa, que tu Iglesia, cada día más fecunda, se llene de gozo por la santidad de sus hijos, y atraiga a su seno a todos los pueblos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.