OFICIO DE LECTURA
Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de el Oficio de lectura cuando con él se abre el día.
Hoy la memoria es libre
Puede rezarse el oficio de la feria o el de San Agustín de Canterbury, obispo.
V. Ábreme los ojos, Señor. R. Y contemplaré las maravillas de tu voluntad.
Himno
Pues busco, debo encontrar;
pues llamo, débenme abrir;
pues pido, me deben dar;
pues amo, débeme amar
aquel que me hizo vivir.
¿Calla? Un día me hablará.
¿Pasa? No lejos irá.
¿Me pone a prueba? Soy fiel.
¿Pasa? No lejos irá:
pues tiene alas mi alma, y va
volando detrás de él.
Es poderoso, mas no
podrá mi amor esquivar;
invisible se volvió,
mas ojos de lince yo
tengo y le habré de mirar.
Alma, sigue hasta el final
en pos del Bien de los bienes,
y consuélate en tu mal
pensando con fe total:
¿Le buscas? ¡Es que lo tienes! Amén.
Salmodia
Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios.
Salmo 102
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto. (Lc 1, 78)
Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios.
Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa
y te colma de gracia y de ternura;
él sacia de bienes tus anhelos,
y como un águila se renueva tu juventud.
El Señor hace justicia
y defiende a todos los oprimidos;
enseñó sus caminos a Moisés
y sus hazañas a los hijos de Israel.
Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios.
Como un padre siente ternura por sus hijos, siente el Señor ternura por sus fieles.
Salmo 102
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto. (Lc 1, 78)
El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia;
no está siempre acusando
ni guarda rencor perpetuo;
no nos trata como merecen nuestros pecados
ni nos paga según nuestras culpas.
Como se levanta el cielo sobre la tierra,
se levanta su bondad sobre sus fieles;
como dista el oriente del ocaso,
así aleja de nosotros nuestros delitos.
Como un padre siente ternura por sus hijos,
siente el Señor ternura por sus fieles;
porque él sabe de qué estamos hechos,
se acuerda de que somos barro.
Los días del hombre duran lo que la hierba,
florecen como flor del campo,
que el viento la roza, y ya no existe,
su terreno no volverá a verla.
Como un padre siente ternura por sus hijos, siente el Señor ternura por sus fieles.
Bendecid al Señor, todas sus obras.
Salmo 102
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto. (Lc 1, 78)
Pero la misericordia del Señor dura siempre,
su justicia pasa de hijos a nietos:
para los que guardan la alianza
y recitan y cumplen sus mandatos.
El Señor puso en el cielo su trono,
su soberanía gobierna el universo.
Bendecid al Señor, ángeles suyos,
poderosos ejecutores de sus órdenes,
prontos a la voz de su palabra.
Bendecid al Señor, ejércitos suyos,
servidores que cumplís sus deseos.
Bendecid al Señor, todas sus obras,
en todo lugar de su imperio.
Bendice, alma mía, al Señor.
Bendecid al Señor, todas sus obras.
PRIMERA LECTURA (Año II)
De la segunda carta a los Corintios · 10, 1-11, 6
Hermanos: Yo mismo, Pablo, en persona, os suplico por la mansedumbre y bondad de Cristo; yo, que «cara a cara soy humilde con vosotros, pero estando ausente soy tan osado»; yo os lo suplico: no me obliguéis a que, cuando esté entre vosotros, actúe con la osadía con que pienso intervenir resueltamente contra algunos, los cuales se figuran que procedemos con miras humanas e interesadas. Aunque vivimos en la carne, no combatimos según la vida de la carne. Las armas de nuestro combate no son armas de fragilidad humana, sino de potencia divina, capaces de arrasar fortalezas. Vamos desbaratando ardides y demoliendo toda altanería que se yergue contra la ciencia de Dios; vamos sometiendo todo entendimiento a la obediencia de Cristo, y estamos dispuestos a castigar toda desobediencia, una vez que hayamos completado vuestra sumisión.
Rendíos a la evidencia. Si alguno está convencido que es de Cristo, piense también en esto: que lo mismo que él es de Cristo, lo somos también nosotros. Y, aunque yo me haya excedido algo en gloriarme del pleno poder que el Señor nos dio para edificación vuestra, no para destrucción, no me voy a arrepentir de ello; así no parecerá que lo que busco es amedrentaros con mis cartas. Porque algunos dicen: «Las cartas son duras y fuertes, pero él es de poca presencia y un pobre orador.» Piensen esos individuos que tal como somos de palabra en nuestras cartas lo seremos también de obra cuando nos presentemos ahí.
Ciertamente que nosotros no tenemos el atrevimiento de igualarnos ni de compararnos con ésos que proclaman tan alto sus propios méritos, pues en verdad que, al medirse a sí mismos y compararse consigo mismos, obran como unos necios. Nosotros, en cambio, no vamos a gloriarnos desmedidamente, sino según la medida que Dios mismo nos asignó, la cual se extiende incluso hasta vosotros. Y así, no estamos extendiéndonos más allá de nuestros límites, como sería el caso si no hubiéramos llegado hasta vosotros. En realidad, fuimos los primeros en llegar a Corinto en la predicación del Evangelio de Jesucristo. Así pues, al decir esto, no estamos gloriándonos indebidamente, a costa de frutos producidos por trabajos ajenos; y no sólo eso, sino que aun tenemos la esperanza de que, según vaya creciendo vuestra fe, acrecentaremos más nuestra medida entre vosotros, hasta extender el Evangelio en regiones que están más allá de las vuestras, en lugar de venir a gloriarnos de los trabajos ya realizados en campo ajeno.
El que se gloría, que se gloríe en el Señor. Porque no queda acreditado como bueno aquel que se alaba a sí mismo, sino aquel a quien Dios alaba.
Ojalá que ahora tuvieseis un poco de paciencia para soportar mis desatinos. ¡Aguantadme, por favor! Sabed que estoy celoso de vosotros, pero con los mismos celos de Dios. Yo he hecho lo posible por desposaros con un solo Esposo, y por llevaros a Cristo con la pureza propia de una doncella inocente.
Pero temo que, así como la serpiente engañó a Eva con su astucia, pervierta también vuestras mentes, apartándolas de la sinceridad con Cristo. Porque si viene alguno y os predica otro Cristo distinto del que os hemos predicado, o hace que recibáis un espíritu diverso del que habéis recibido, o un evangelio diferente del que habéis abrazado, lo aceptáis de buena gana. Con todo, creo que en nada soy inferior a esos «superapóstoles», pues si carezco de elocuencia, no carezco de la ciencia de Dios; que en todo y bajo todos los aspectos lo hemos demostrado ante vosotros.
SEGUNDA LECTURA
De las cartas de san Gregorio Magno, papa
Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor, porque el grano de trigo caído en tierra murió, para no reinar él solo en el cielo; por su muerte vivimos, su debilidad nos conforta, su pasión nos libera de la nuestra, su amor nos hace buscar en las Islas Británicas hermanos a quienes no conocemos, y su don nos hace encontrar a quienes buscábamos sin conocerlos.
¿Quién será capaz de relatar la alegría nacida en el corazón de todos los fieles al tener noticias de que los ingleses, por obra de la gracia de Dios y con tu colaboración, expulsadas las tinieblas de sus errores, han sido revestidos por la luz de la santa fe; de que con espíritu fidelísimo pisotean los ídolos a los que antes estaban sometidos por un temor tirano; de que con puro corazón se someten al Dios omnipotente; de que abandonando sus malas acciones siguen las normas de la predicación; de que se someten a los preceptos divinos y se eleva su inteligencia; de que se humillan en oración hasta la tierra para que su mente no quede en la tierra? ¿Quién ha podido realizar todo esto sino aquel que dijo: Mi Padre sigue actuando, y yo también actúo?
Para demostrar que no es la sabiduría humana, sino su propio poder el que convierte al mundo, eligió Dios como predicadores suyos a hombres incultos, y lo mismo ha hecho en Inglaterra, realizando obras grandes por medio de instrumentos débiles. Ante este don divino hay, hermano carísimo, mucho de qué alegrarse y mucho de qué temer.
Sé bien que el Dios todopoderoso, por tu amor, ha realizado grandes milagros entre esta gente que ha querido hacerse suya. Por ello, es preciso que este don del cielo sea para ti al mismo tiempo causa de gozo en el temor y de temor en el gozo. De gozo, ciertamente, pues ves cómo el alma de los ingleses es atraída a la gracia interior por obra de los milagros exteriores; de temor, también, para que tu debilidad no caiga en el orgullo al ver los milagros que se producen, y no vaya a suceder que, mientras se te rinde un honor externo, la vanagloria te pierda en tu interior.
Debemos recordar que, cuando los discípulos regresaban gozosos de su misión y dijeron al Señor: Hasta los demonios se nos someten en tu nombre, él les contestó: No estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo.
R. Seguid mi ejemplo, hermanos, y fijaos en los que caminan según el modelo que tenéis en nosotros; * seguid practicando lo que habéis aprendido y recibido, lo que habéis oído y visto en mí, y el Dios de la paz estará con vosotros. (T. P. Aleluya.)
V. Os exhorto por el nombre de nuestro Señor Jesucristo a que tengáis todos unión y concordia.
Oración
Señor Dios, que por la predicación de tu obispo san Agustín de Cantorbery llevaste a los pueblos de Inglaterra la luz del Evangelio, concédenos que el fruto de su trabajo apostólico perdure en tu Iglesia con perenne fecundidad. Por nuestro Señor Jesucristo.
Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.
