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Orar

Sábado, 6 de junio de 2026

San Norberto, obispo

Tiempo Ordinario · Verde · Año par (II)

OFICIO DE LECTURA

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de el Oficio de lectura cuando con él se abre el día.

Hoy la memoria es libre

Puede rezarse el oficio de la feria o el de San Norberto, obispo.

V. Venid a ver las obras del Señor. R. Las maravillas que hace en la tierra.

Himno

Señor, tú que llamaste

del fondo del no ser todos los seres,

prodigios del cincel de tu palabra,

imágenes de ti resplandecientes;

Señor, tú que creaste

la bella nave azul en que navegan

los hijos de los hombres, entre espacios

repletos de misterio y luz de estrellas;

Señor, tú que nos diste

la inmensa dignidad de ser tus hijos,

no dejes que el pecado y que la muerte

destruyan en el hombre el ser divino.

Señor, tú que salvaste

al hombre de caer en el vacío,

recréanos de nuevo en tu Palabra

y llámanos de nuevo al paraíso.

Oh Padre, tú que enviaste

al mundo de los hombres a tu Hijo,

no dejes que se apague en nuestras almas

la luz esplendorosa de tu Espíritu. Amén.

Salmodia

Quien se haga pequeño como un niño, ése es el más grande en el reino de los cielos.

Salmo 130

Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón. (Mt 11, 29)

Señor, mi corazón no es ambicioso,

ni mis ojos altaneros;

no pretendo grandezas

que superan mi capacidad;

sino que acallo y modero mis deseos,

como un niño en brazos de su madre.

Espere Israel en el Señor

ahora y por siempre.

Quien se haga pequeño como un niño, ése es el más grande en el reino de los cielos.

Dios mío, con alegre y sincero corazón te lo he entregado todo.

Salmo 131

El Señor Dios le dará el trono de David, su padre. (Lc 1, 32)

Señor, tenle en cuenta a David

todos sus afanes:

cómo juró al Señor

e hizo voto al Fuerte de Jacob:

«No entraré bajo el techo de mi casa,

no subiré al lecho de mi descanso,

no daré sueño a mis ojos,

ni reposo a mis párpados,

hasta que encuentre un lugar para el Señor,

una morada para el Fuerte de Jacob.»

Oímos que estaba en Efrata,

la encontramos en el Soto de Jaar:

entremos en su morada,

postrémonos ante el estrado de sus pies.

Levántate, Señor, ven a tu mansión,

ven con el arca de tu poder:

que tus sacerdotes se vistan de gala,

que tus fieles te aclamen.

Por amor a tu siervo David,

no niegues audiencia a tu Ungido.

Dios mío, con alegre y sincero corazón te lo he entregado todo.

El Señor ha jurado a David una promesa: «Tu reino permanecerá eternamente.»

Salmo 131

El Señor Dios le dará el trono de David, su padre. (Lc 1, 32)

El Señor ha jurado a David

una promesa que no retractará:

«A uno de tu linaje

pondré sobre tu trono.

Si tus hijos guardan mi alianza

y los mandatos que les enseño,

también sus hijos, por siempre,

se sentarán sobre tu trono.»

Porque el Señor ha elegido a Sión,

ha deseado vivir en ella:

«Ésta es mi mansión por siempre,

aquí viviré, porque la deseo.

Bendeciré sus provisiones,

a sus pobres los saciaré de pan;

vestiré a sus sacerdotes de gala,

y sus fieles aclamarán con vítores.

Haré germinar el vigor de David,

enciendo una lámpara para mi Ungido.

A sus enemigos los vestiré de ignominia,

sobre él brillará mi diadema.»

El Señor ha jurado a David una promesa: «Tu reino permanecerá eternamente.»

PRIMERA LECTURA (Año II)

De la carta a los Gálatas · 5, 25—6, 18

Hermanos: Si vivimos por el Espíritu marchemos tras el Espíritu. No busquemos la vanagloria, provocándonos y teniéndonos envidia mutuamente.

Hermanos, cuando alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros, los que vivís conforme al espíritu, corregidlo con mansedumbre, teniendo cuidado de ti mismo, pues también tú puedes caer en la tentación. Ayudaos a llevar mutuamente vuestras cargas, y así cumpliréis la ley de Cristo. Porque, si alguno se imagina ser algo, siendo nada, como es, se engaña. Que cada uno examine su propia conducta; y así encontrará en sí mismo motivos para gloriarse, y no en otros, pues cada uno debe llevar su propia carga.

El que recibe la instrucción de la palabra comparta sus bienes con quien lo instruye.

No os engañéis: de Dios nadie se burla. Lo que cada uno siembre, eso cosechará. El que siembre en su carne, de la carne cosechará corrupción; el que siembre en el Espíritu, del Espíritu cosechará vida eterna. No nos cansemos de practicar el bien; que a su tiempo cosecharemos si no desmayamos. Así que, mientras tengamos oportunidad, hagamos el bien a todos, pero especialmente a los miembros de la Iglesia.

(Mirad con qué letras tan grandes os escribo de mi propia mano.)

Los que quieren quedar bien ante los hombres os fuerzan a circuncidaros, sólo para evitar la persecución por la cruz de Cristo. Pero ni ellos mismos, circuncidados como son, guardan la ley; quieren que os hagáis circuncidar, sólo para tener luego de qué gloriarse a costa vuestra.

En cuanto a mí, líbreme Dios de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo; por él el mundo está crucificado para mí y yo para el mundo. Lo que vale no es estar o no estar circuncidado, sino la nueva creatura que surge.

Paz y misericordia para todos los que se ajusten a esta norma, y también para el Israel de Dios. En adelante, que nadie me moleste; porque yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús.

Hermanos, que la gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con vuestro Espíritu. Amén.

SEGUNDA LECTURA

De la Vida de san Norberto, obispo

Norberto es contado, con toda razón, entre los que más eficazmente contribuyeron a la reforma gregoriana; él, en efecto, quiso antes que nada formar un clero entregado a una vida genuinamente evangélica y a la vez apostólica, casto y pobre, que aceptara «a la vez la vestidura y el ornato del hombre nuevo: lo primero en el hábito religioso, lo segundo en la dignidad de su sacerdocio.», y que se preocupara de «seguir las enseñanzas de la sagrada Escritura y de tener a Cristo por guía». Acostumbraba recomendar a este clero tres cosas: «En el altar y en los divinos oficios, decoro; en el capítulo, enmienda de las desviaciones y negligencias; con respecto a los pobres atenciones y hospitalidad.»

A los sacerdotes, que en la comunidad hacían las veces de los apóstoles, les agregó tal multitud de fieles laicos y de mujeres, a imitación de la Iglesia primitiva, que muchos aseguraban que nadie, desde el tiempo de los apóstoles, había podido adquirir para Cristo, en tan breve espacio de tiempo y con la formación que él les daba semejante cantidad de personas que procurasen seguir una vida de perfección.

Cuando lo nombraron arzobispo, encomendó a sus hermanos de religión la evangelización de los vendos; además, se esforzó en la reforma del clero de su diócesis a pesar de la turbación y conmoción que esto causó en el pueblo.

Finalmente, su principal preocupación fue consolidar y aumentar la armonía entre la Santa Sede y el Imperio, guardando, sin embargo, intacta la libertad en cuanto a los nombramientos eclesiásticos, lo que le valió estas palabras que le escribió el papa Inocencio segundo: «La Santa Sede se felicita de todo corazón de tener un hijo tan devoto como tú»; el emperador, por su parte, lo nombró gran canciller del Imperio.

Todo esto lo hizo movido por la fuerza que le daba su fe: «En Norberto —decían— destaca la fe, como en Bernardo de Claraval la caridad»; también se distinguió por la amabilidad de su trato, «ya que, grande entre los grandes y exiguo entre los pequeños, con todos se mostraba afable»; asimismo era notable su elocuencia: «Palabra de Dios llena de fuego, que quemaba los vicios, estimulaba las virtudes, enriquecía con su sabiduría a las almas bien dispuestas», ya que su valiente predicación era fruto de una meditación asidua y contemplativa de las cosas divinas.

R. Proclama la palabra, insiste con oportunidad o sin ella, persuade, reprende, exhorta, armado de toda paciencia y doctrina; * arrostra los trabajos, realiza la función de proclamar la Buena Nueva. Aleluya.
V. Ten cuidado del rebaño que el Espíritu Santo te ha encargado guardar, como pastor de la Iglesia de Dios.

Oración

Dios nuestro, que hiciste resplandecer a san Norberto, obispo de tu Iglesia, como un fiel servidor de tu pueblo por su celo pastoral y por su espíritu de oración, concédenos, por sus plegarias, que el rebaño de tus fieles encuentre siempre pastos abundantes de doctrina y pastores según tu corazón. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.