Saltar al contenido

Orar

Miércoles, 12 de agosto de 2026

Santa Juana Francisca de Chantal, religiosa

Tiempo Ordinario · Verde · Año par (II)

OFICIO DE LECTURA

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de el Oficio de lectura cuando con él se abre el día.

Hoy la memoria es libre

Puede rezarse el oficio de la feria o el de Santa Juana Francisca de Chantal, religiosa.

V. La explicación de tus palabras ilumina. R. Da inteligencia a los ignorantes.

Himno

Con entrega, Señor, a ti venimos,

escuchar tu palabra deseamos;

que el Espíritu ponga en nuestros labios

la alabanza al Padre de los cielos.

Se convierta en nosotros la palabra

en la luz que a los hombres ilumina,

en la fuente que salta hasta la vida,

en el pan que repara nuestras fuerzas;

en el himno de amor y de alabanza

que se canta en el cielo eternamente,

y en la carne de Cristo se hizo canto

de la tierra y del cielo juntamente.

Gloria a ti, Padre nuestro, y a tu Hijo,

el Señor Jesucristo, nuestro hermano,

y al Espíritu Santo, que, en nosotros,

glorifica tu nombre por los siglos. Amén.

Salmodia

La misericordia y la fidelidad te preceden, Señor.

Salmo 88 · 88, 2-38

Según lo prometido, Dios sacó de la descendencia de David un Salvador, Jesús. (Hch 13, 22-23)

Cantaré eternamente las misericordias del Señor,

anunciaré tu fidelidad por todas las edades.

Pues dijiste:

«Cimentado está por siempre mi amor,

asentada más que el cielo mi lealtad.»

Sellé una alianza con mi elegido,

jurando a David, mi siervo:

«Te fundaré un linaje perpetuo,

edificaré tu trono para todas las edades.»

El cielo proclama tus maravillas, Señor,

y tu fidelidad, en la asamblea de los ángeles.

¿Quién sobre las nubes se compara a Dios?

¿Quién como el Señor entre los seres divinos?

Dios es temible en el consejo de los ángeles,

es grande y terrible para toda su corte.

Señor de los ejércitos, ¿quién como tú?

El poder y la fidelidad te rodean.

Tú domeñas la soberbia del mar

y amansas la hinchazón del oleaje;

tú traspasaste y destrozaste a Rahab,

tu brazo potente desbarató al enemigo.

Tuyo es el cielo, tuya es la tierra;

tú cimentaste el orbe y cuanto contiene;

tú has creado el norte y el sur,

el Tabor y el Hermón aclaman tu nombre.

Tienes un brazo poderoso:

fuerte es tu izquierda y alta tu derecha.

Justicia y derecho sostienen tu trono,

misericordia y fidelidad te preceden.

Dichoso el pueblo que sabe aclamarte:

caminará, ¡oh Señor!, a la luz de tu rostro;

tu nombre es su gozo cada día,

tu justicia es su orgullo.

Porque tú eres su honor y su fuerza,

y con tu favor realzas nuestro poder.

Porque el Señor es nuestro escudo,

y el Santo de Israel nuestro rey.

La misericordia y la fidelidad te preceden, Señor.

El Hijo de Dios nació según la carne de la estirpe de David.

Salmo 88 · 88, 2-38

Según lo prometido, Dios sacó de la descendencia de David un Salvador, Jesús. (Hch 13, 22-23)

Un día hablaste en visión a tus amigos:

«He ceñido la corona a un héroe,

he levantado a un soldado sobre el pueblo.»

Encontré a David, mi siervo,

y lo he ungido con óleo sagrado;

para que mi mano esté siempre con él

y mi brazo lo haga valeroso;

no lo engañará el enemigo

ni los malvados lo humillarán;

ante él desharé a sus adversarios

y heriré a los que lo odian.

Mi fidelidad y misericordia lo acompañarán,

por mi nombre crecerá su poder:

extenderé su izquierda hasta el mar,

y su derecha hasta el Gran Río.

Él me invocará: «Tú eres mi padre,

mi Dios, mi Roca salvadora»

y yo lo nombraré mi primogénito,

excelso entre los reyes de la tierra.

Le mantendré eternamente mi favor,

y mi alianza con él será estable;

le daré una posteridad perpetua

y un trono duradero como el cielo.

El Hijo de Dios nació según la carne de la estirpe de David.

Juré una vez a David, mi siervo: «Tu linaje será perpetuo.»

Salmo 88 · 88, 2-38

Según lo prometido, Dios sacó de la descendencia de David un Salvador, Jesús. (Hch 13, 22-23)

Si sus hijos abandonan mi ley

y no siguen mis mandamientos,

si profanan mis preceptos

y no guardan mis mandatos,

castigaré con la vara sus pecados

y a latigazos sus culpas;

pero no les retiraré mi favor

ni desmentiré mi fidelidad,

no violaré mi alianza

ni cambiaré mis promesas.

Una vez juré por mi santidad

no faltar a mi palabra con David:

«Su linaje será perpetuo,

y su trono como el sol en mi presencia,

como la luna, que siempre permanece:

su solio será más firme que el cielo.»

Juré una vez a David, mi siervo: «Tu linaje será perpetuo.»

PRIMERA LECTURA (Año II)

Del libro del profeta Zacarías · 10, 3-11, 3

Esto dice el Señor:

«Mi cólera se enciende contra los pastores, tomaré cuenta a los machos cabríos. El Señor mirará por su rebaño, la casa de Judá. La cabalgará como corcel glorioso en la batalla. De ella saldrán los remates de las tiendas, de ella los clavos, ella dará los arcos guerreros, ella dará los capitanes. Serán como héroes que pisan el barro de las calles en la batalla; lucharán porque el Señor está con ellos, mientras que los jinetes serán afrentados.

Haré fuerte a la casa de Judá, salvaré a la casa de José, los conduciré a la patria porque me apiadaré de ellos, y serán como si no los hubiera rechazado. Pues yo soy el Señor, su Dios, que los escucha. Efraím será como un soldado, su corazón se alegrará como con vino, sus hijos lo verán con alegría, su corazón se gozará en el Señor.

Silbaré, congregándolos, porque quiero redimirlos, y serán tan numerosos como lo fueron. Si los esparcí entre pueblos diversos en tierra lejana se acordarán de mí. Volverán vivos con sus hijos. Los sacaré de Egipto, los reuniré desde Asiria, los conduciré a Galaad y al Líbano, y no habrá sitio bastante para ellos. Entonces atravesarán un mar hostil, golpearán las olas del mar y se secarán las profundidades del Nilo. Será abatida la soberbia de Asiria, el cetro de Egipto arrancado. Los fortaleceré en el Señor y avanzarán en nombre mío» —oráculo del Señor—.

Abre tus puertas, Líbano, que el fuego devore tus cedros. Gime, ciprés, que ha caído el cedro, han talado los árboles próceres. Gemid, encinas de Basán, que ha sucumbido la selva impenetrable. Se oye gemir a los pastores, porque han asolado su rebaño; se oye gemir a los leones, porque han asolado la espesura del Jordán.

SEGUNDA LECTURA

De las Memorias escritas por una religiosa, secretaria de santa Juana Francisca

Cierto día, la bienaventurada Juana dijo estas encendidas palabras, que fueron en seguida recogidas fielmente:

«Hijas queridísimas, muchos de nuestros santos Padres y columnas de la Iglesia no sufrieron el martirio; ¿por qué creéis que ocurrió esto?».

Después de haber respondido una por una, la bienaventurada madre dijo:

«Pues yo creo que esto es debido a que hay otro martirio, el del amor, con el cual Dios, manteniendo la vida de sus siervos y siervas, para que sigan trabajando por su gloria, los hace, al mismo tiempo, mártires y confesores. Creo que a las Hijas de la Visitación se les asigna este martirio, y algunas de ellas, si Dios así lo dispone, lo conseguirán si lo desean ardientemente.»

Una hermana preguntó cómo se realizaba dicho martirio. Juana contestó:

«Sed totalmente fieles a Dios, y lo experimentaréis. El amor divino hunde su espada en los reductos más secretos e íntimos de nuestras almas, y llega hasta separarnos de nosotros mismos. Conocí a un alma a quien el amor separó de todo lo que le agradaba, como si un tajo, dado por la espada del tirano, hubiera separado su espíritu de su cuerpo.»

Nos dimos cuenta de que estaba hablando de sí misma. Al preguntarle otra hermana sobre la duración de este martirio, dijo:

«Desde el momento en que nos entregamos a Dios sin reservas hasta el fin de la vida. Pero esto lo hace Dios sólo con los corazones magnánimos que, renunciando completamente a sí mismos, son completamente fieles al amor; a los débiles e inconstantes en el amor, no les lleva el Señor por el camino del martirio, y les deja continuar su vida mediocre, para que no se aparten de él, pues nunca violenta a la voluntad libre.»

Por último, se le preguntó, con insistencia, si este martirio de amor podría igualar al del cuerpo. Respondió la madre Juana:

«No nos preocupemos por la igualdad. De todos modos creo que no tiene menor mérito, pues es fuerte el amor como la muerte, y los mártires de amor sufren dolores mil veces más agudos en vida, para cumplir la voluntad de Dios, que si hubieran de dar mil vidas para testimoniar su fe, su caridad y su fidelidad.»

R. Todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable, ponedlo por obra: * Y el Dios de la paz estará con vosotros.
V. Todo lo que es virtud o mérito, tenedlo en cuenta.

Oración

Padre, que iluminaste a santa Juana Francisca para que peregrinara en este mundo por caminos de luz y santidad; concédenos, por su intercesión, que viviendo fielmente nuestra vocación, tendamos constantemente a las obras de la luz. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.