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Orar

Lunes, 14 de septiembre de 2026

Lunes de la 24ª semana del Tiempo Ordinario

Tiempo Ordinario · Verde · Año par (II)

II Vísperas

Himno

Las banderas reales se adelantan

y la cruz misteriosa en ellas brilla:

la cruz en que la vida sufrió muerte

y en que, sufriendo muerte, nos dio vida.

Ella sostuvo el sacrosanto cuerpo

que, al ser herido por la lanza dura,

derramó sangre y agua en abundancia

para lavar con ellas nuestras culpas.

En ella se cumplió perfectamente

lo que David profetizó en su verso,

cuando dijo a los pueblos de la tierra:

«Nuestro Dios reinará desde un madero.»

¡Árbol lleno de luz, árbol hermoso,

árbol ornado con la regia púrpura

y destinado a que su tronco digno

sintiera el roce de la carne pura!

¡Dichosa cruz que con tus brazos firmes,

en que estuvo colgado nuestro precio,

fuiste balanza para el cuerpo santo

que arrebató su presa a los infiernos!

A ti, que eres la única esperanza,

te ensalzamos, oh cruz, y te rogamos

que acrecientes la gracia de los justos

y borres los delitos de los malos.

Recibe, oh Trinidad, fuente salubre,

la alabanza de todos los espíritus,

y tú que con tu cruz nos das el triunfo,

añádenos el premio, oh Jesucristo. Amén.

Salmodia

Adoramos, Señor, tu cruz y recordamos tu gloriosa muerte; compadécete de nosotros, tú que por nosotros padeciste.

Salmo 115

Por medio de Jesús ofrezcamos continuamente a Dios un sacrificio de alabanza. (Hb 13, 15)

Tenía fe, aun cuando dije:

«¡Qué desgraciado soy!»

Yo decía en mi apuro:

«Los hombres son unos mentirosos.»

¿Cómo pagaré al Señor

todo el bien que me ha hecho?

Alzaré la copa de la salvación,

invocando su nombre.

Cumpliré al Señor mis votos

en presencia de todo el pueblo.

Vale mucho a los ojos del Señor

la vida de sus fieles.

Señor, yo soy tu siervo,

siervo tuyo, hijo de tu esclava:

rompiste mis cadenas.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,

invocando tu nombre, Señor.

Cumpliré al Señor mis votos

en presencia de todo el pueblo,

en el atrio de la casa del Señor,

en medio de ti, Jerusalén.

Adoramos, Señor, tu cruz y recordamos tu gloriosa muerte; compadécete de nosotros, tú que por nosotros padeciste.

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

Cántico · Ap 4, 11; 5, 9-10. 12

Eres digno, Señor Dios nuestro, de recibir la gloria,

el honor y el poder,

porque tú has creado el universo;

porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,

porque fuiste degollado

y por tu sangre compraste para Dios

hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;

y has hecho de ellos para nuestro Dios

un reino de sacerdotes

y reinan sobre la tierra.

Digno es el Cordero degollado

de recibir el poder, la riqueza y la sabiduría,

la fuerza y el honor, la gloria y la alabanza.

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

LECTURA BREVE

1Co 1, 23-24

Nosotros predicamos a Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; pero para los llamados a Cristo —judíos o griegos—: fuerza de Dios y sabiduría de Dios.

R. Oh cruz.
V. Oh cruz gloriosa, en ti triunfó el Rey de los ángeles.

R. En ti triunfó el Rey de los ángeles.
V. Con su sangre lavó nuestras heridas.

R. Oh cruz.
V. Gloria.

Magnificat

Oh cruz victoriosa, signo admirable, ayúdanos a alcanzar el triunfo eterno.

Cántico de María Lc 1, 46-55

ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de su misericordia

—como lo había prometido a nuestros padres—

en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Oh cruz victoriosa, signo admirable, ayúdanos a alcanzar el triunfo eterno.

Preces

Oremos a nuestro Redentor, que por su cruz ha salvado, y digámosle confiados:

Por tu cruz, Señor, llévanos a tu reino.

Oh Cristo, que te anonadaste a ti mismo, tomando la condición de esclavo y pasando por uno de tantos, — haz que la Iglesia imite siempre tu humildad.

Cristo Señor, que te rebajaste hasta someterte incluso a la muerte y una muerte de cruz, — haz que te sigamos por el camino de la obediencia y de la paciencia.

Cristo Señor, que fuiste levantado por Dios y recibiste el «Nombre-sobre-todo-nombre», — concede a todos tus fieles perseverar hasta el fin.

Cristo Jesús, ante cuyo nombre se dobla toda rodilla en el cielo, en la tierra y en el abismo, — haz que todos los hombres te adoren y vivan en tu paz.

Cristo Jesús, a quien toda lengua proclamará: Señor, para gloria de Dios Padre, — recibe a nuestros hermanos difuntos en el reino de la eterna felicidad.

Oración

Señor, Dios nuestro, que has querido salvar a los hombres por medio de tu Hijo muerto en la cruz, te pedimos, ya que nos has dado a conocer en la tierra la fuerza misteriosa de la cruz de Cristo, que podamos alcanzar en el cielo los frutos de la redención. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.