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Orar

Martes, 15 de septiembre de 2026

Bienaventurada Virgen María de los dolores

Tiempo Ordinario · Blanco · Año par (II)

Laudes

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de Laudes cuando con él se abre el día.

Los salmos y el cántico se toman del domingo I del Salterio.

Mi alma está unida a ti, Señor Jesús.

Estemos alegres cuando compartimos los padecimientos de Cristo.

Dios quiso reconciliar consigo todas las cosas por la sangre de Cristo.

Himno

¿Habrá dolor más intenso

que tu dolor dolorido?

¿Habrá, Señora, un gemido

más soledoso y más denso

que el que te enluta, hondo y tenso,

de morada y negra toca?

¡Oh turba que pasáis loca,

hijas de Jerusalén,

mirad la bondad sin bien:

mojad con hiel vuestra boca!

¿No son más blandas las piedras

y más compasivo el cielo

que mi corazón sin duelo,

cuando tú, como las hiedras

junto a la cruz, no te arredras

de ahogarte en esos oleajes

de hiel? Obscuros celajes

envolvían el Calvario,

y tú eras, Madre, el sudario

de aquel diluvio de ultrajes.

Dame ese llanto bendito

para llorar mis pecados;

dame esos clavos clavados,

esa corona, ese grito,

ese puñal, ese escrito

y esa cruz para loarte,

para urgirte y consolarte,

oh Virgen de los Dolores,

para ir sembrando de flores

tu viacrucis parte a parte. Amén.

Salmodia

Por ti madrugo, Dios mío, para contemplar tu fuerza y tu gloria. Aleluya.

Salmo 62 · 62, 2-9

Madruga por Dios todo el que rechaza las obras de las tinieblas.

¡Oh Dios!, tú eres mi Dios, por ti madrugo,

mi alma está sedienta de ti;

mi carne tiene ansia de ti,

como tierra reseca, agostada, sin agua.

¡Cómo te contemplaba en el santuario

viendo tu fuerza y tu gloria!

Tu gracia vale más que la vida,

te alabarán mis labios.

Toda mi vida te bendeciré

y alzaré las manos invocándote.

Me saciaré de manjares exquisitos,

y mis labios te alabarán jubilosos.

En el lecho me acuerdo de ti

y velando medito en ti,

porque fuiste mi auxilio,

y a la sombra de tus alas canto con júbilo:

mi alma está unida a ti,

y tu diestra me sostiene.

Por ti madrugo, Dios mío, para contemplar tu fuerza y tu gloria. Aleluya.

En medio de las llamas, los tres jóvenes unánimes cantaban: «Bendito sea el Señor». Aleluya.

Cántico · Dn 3, 57-88. 56b

Alabad al Señor sus siervos todos. (Ap 19, 5)

Creaturas todas del Señor, bendecid al Señor,

ensalzadlo con himnos por los siglos.

Ángeles del Señor, bendecid al Señor;

cielos, bendecid al Señor.

Aguas del espacio, bendecid al Señor;

ejércitos del Señor, bendecid al Señor.

Sol y luna, bendecid al Señor;

astros del cielo, bendecid al Señor.

Lluvia y rocío, bendecid al Señor;

vientos todos, bendecid al Señor.

Fuego y calor, bendecid al Señor;

fríos y heladas, bendecid al Señor.

Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;

témpanos y hielos, bendecid al Señor.

Escarchas y nieves, bendecid al Señor;

noche y día, bendecid al Señor.

Luz y tinieblas, bendecid al Señor;

rayos y nubes, bendecid al Señor.

Bendiga la tierra al Señor,

ensálcelo con himnos por los siglos.

Montes y cumbres, bendecid al Señor;

cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.

Manantiales, bendecid al Señor;

mares y ríos, bendecid al Señor.

Cetáceos y peces, bendecid al Señor;

aves del cielo, bendecid al Señor.

Fieras y ganados, bendecid al Señor,

ensalzadlo con himnos por los siglos.

Hijos de los hombres, bendecid al Señor;

bendiga Israel al Señor.

Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;

siervos del Señor, bendecid al Señor.

Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;

santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.

Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor,

ensalzadlo con himnos por los siglos.

Bendigamos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo,

ensalcémoslo con himnos por los siglos.

Bendito el Señor en la bóveda del cielo,

alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.

No se dice Gloria al Padre.

En medio de las llamas, los tres jóvenes unánimes cantaban: «Bendito sea el Señor». Aleluya.

Que el pueblo de Dios se alegre por su Rey. Aleluya.

Salmo 149

Los hijos de la Iglesia, nuevo pueblo de Dios, se alegran en su Rey, Cristo, el Señor. (Hesiquio)

Cantad al Señor un cántico nuevo,

resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;

que se alegre Israel por su Creador,

los hijos de Sión por su Rey.

Alabad su nombre con danzas,

cantadle con tambores y cítaras;

porque el Señor ama a su pueblo

y adorna con la victoria a los humildes.

Que los fieles festejen su gloria

y canten jubilosos en filas:

con vítores a Dios en la boca

y espadas de dos filos en las manos:

para tomar venganza de los pueblos

y aplicar el castigo a las naciones,

sujetando a los reyes con argollas,

a los nobles con esposas de hierro.

Ejecutar la sentencia dictada

es un honor para todos sus fieles.

Que el pueblo de Dios se alegre por su Rey. Aleluya.

LECTURA BREVE

Col 1, 24-25

Ahora me alegro de los padecimientos que he sufrido por vosotros, y voy completando en favor del cuerpo de Cristo, que es la Iglesia, las tribulaciones que aún me quedan por sufrir con Cristo en mi carne mortal. Pues he sido constituido ministro de la Iglesia conforme a la misión que él me ha confiado respecto de vosotros: dar cumplimiento a la palabra de Dios.

R. Que por tu intervención.
V. Que por tu intervención, Virgen María, obtengamos la salvación.

R. Obtengamos la salvación.
V. De las llagas de Jesucristo.

R. Que por tu intervención.
V. Gloria.

Benedictus

Alégrate, Madre dolorosa, porque, después de tanto sufrir, te ves ahora rodeada de gloria y colocada, como reina del universo, al lado de tu Hijo.

Cántico de Zacarías Lc 1, 68-79

EL MESÍAS Y SU PRECURSOR

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo,

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tiniebla

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

Alégrate, Madre dolorosa, porque, después de tanto sufrir, te ves ahora rodeada de gloria y colocada, como reina del universo, al lado de tu Hijo.

Preces

Elevemos nuestras súplicas al Salvador, que quiso nacer de María Virgen, y digámosle:

Que tu santa Madre, Señor, interceda por nosotros.

Sol de justicia, a quien María Virgen precedía cual aurora luciente, — haz que vivamos siempre iluminados por la claridad de tu presencia.

Palabra eterna del Padre, tú que elegiste a María como arca de tu morada, — líbranos de toda ocasión de pecado.

Salvador del mundo, que quisiste que tu Madre estuviera junto a tu cruz, — por su intercesión concédenos compartir con alegría tus padecimientos.

Señor Jesús, que colgado en la cruz entregaste María a Juan como madre, — haz que nosotros vivamos también como hijos suyos.

Oración

Dios nuestro, que quisiste que la Madre de tu Hijo estuviera a su lado junto a la cruz, participando en sus sufrimientos, concede a tu Iglesia que, asociada con María a la pasión de Cristo, merezca también participar en su gloriosa resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.