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Orar

Miércoles, 23 de septiembre de 2026

San Pío de Pietrelcina, presbítero

Tiempo Ordinario · Blanco · Año par (II)

LAUDES

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de Laudes cuando con él se abre el día.

Himno

Sentencia de Dios al hombre

antes que el día comience:

«Que el pan no venga a tu mesa

sin el sudor de tu frente.

Ni el sol se te da de balde,

ni el aire por ser quien eres:

las cosas son herramientas

y buscan quien las maneje.

El mar les pone corazas

de sal amarga a los peces;

el hondo sol campesino

madura a fuego las mieses.

La piedra, con ser la piedra,

guarda una chispa caliente;

y en el rumor de la nube

combaten el rayo y la nieve.

A ti te inventé las manos

y un corazón que no duerme;

puse en tu boca palabras

y pensamiento en tu frente.

No basta con dar las gracias

sin dar lo que las merece:

a fuerza de gratitudes

se vuelve la tierra estéril.» Amén.

Salmodia

Tu luz, Señor, nos hace ver la luz.

Salmo 35

El que me sigue no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. (Jn 8, 12)

El malvado escucha en su interior

un oráculo del pecado:

«No tengo miedo a Dios,

ni en su presencia.»

Porque se hace la ilusión de que su culpa

no será descubierta ni aborrecida.

Las palabras de su boca son maldad y traición,

renuncia a ser sensato y a obrar bien;

acostado medita el crimen,

se obstina en el mal camino,

no rechaza la maldad.

Señor, tu misericordia llega al cielo,

tu fidelidad hasta las nubes,

tu justicia hasta las altas cordilleras;

tus sentencias son como el océano inmenso.

Tú socorres a hombres y animales;

¡qué inapreciable es tu misericordia, oh Dios!;

los humanos se acogen a la sombra de tus alas;

se nutren de lo sabroso de tu casa,

les das a beber del torrente de tus delicias,

porque en ti está la fuente viva

y tu luz nos hace ver la luz.

Prolonga tu misericordia con los que te reconocen,

tu justicia con los rectos de corazón;

que no me pisotee el pie del soberbio,

que no me eche fuera la mano del malvado.

Han fracasado los malhechores;

derribados, no se pueden levantar.

Tu luz, Señor, nos hace ver la luz.

Señor, tú eres grande, tu fuerza es invencible.

Cántico · Jdt 16, 2-3. 15-19

Cantaban un cántico nuevo. (Ap 5, 9)

¡Alabad a mi Dios con tambores,

elevad cantos al Señor con cítaras,

ofrecedle los acordes de un salmo de alabanza,

ensalzad e invocad su nombre!

Porque el Señor es un Dios quebrantador de guerras,

su nombre es el Señor.

Cantaré a mi Dios un cántico nuevo:

Señor, tú eres grande y glorioso,

admirable en tu fuerza, invencible.

Que te sirva toda la creación,

porque tú lo mandaste, y existió;

enviaste tu aliento, y la construiste,

nada puede resistir a tu voz.

Sacudirán las olas los cimientos de los montes,

las peñas en tu presencia se derretirán como cera,

pero tú serás propicio a tus fieles.

Señor, tú eres grande, tu fuerza es invencible.

Aclamad a Dios con gritos de júbilo.

Salmo 46

Está sentado a la derecha del Padre y su reino no tendrá fin.

Pueblos todos, batid palmas,

aclamad a Dios con gritos de júbilo;

porque el Señor es sublime y terrible,

emperador de toda la tierra.

Él nos somete los pueblos

y nos sojuzga las naciones,

él nos escogió por heredad suya:

gloria de Jacob, su amado.

Dios asciende entre aclamaciones;

el Señor, al son de trompetas:

tocad para Dios, tocad,

tocad para nuestro Rey, tocad.

Porque Dios es el rey del mundo:

tocad con maestría.

Dios reina sobre las naciones,

Dios se sienta en su trono sagrado.

Los príncipes de los gentiles se reúnen

con el pueblo del Dios de Abraham;

porque de Dios son los grandes de la tierra,

y él es excelso.

Aclamad a Dios con gritos de júbilo.

LECTURA BREVE

Tb 4, 16-17. 19-20

No hagas a nadie lo que no quieras que te hagan. Da de tu pan al hambriento y de tus vestidos al desnudo. Busca el consejo de los prudentes. Bendice al Señor en toda circunstancia, pídele que sean rectos todos tus caminos y que lleguen a buen fin todas tus sendas y proyectos.

R. Inclina, Señor, mi corazón a tus preceptos.
V. Inclina, Señor, mi corazón a tus preceptos.

R. Inclina, Señor, mi corazón a tus preceptos.
V. Dame vida con tu palabra.

R. Inclina, Señor, mi corazón a tus preceptos.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Benedictus

Realiza, Señor, con nosotros la misericordia y recuerda tu santa alianza.

Cántico de Zacarías Lc 1, 68-79

EL MESÍAS Y SU PRECURSOR

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo,

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tiniebla

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

Realiza, Señor, con nosotros la misericordia y recuerda tu santa alianza.

Preces

Demos gracias a Cristo y alabémoslo porque ha querido santificarnos y llamarnos hermanos suyos; digámosle, pues, confiados:

Santifica, Señor, a tus hermanos.

Concédenos, Señor, consagrar el principio de este día en honor de tu resurrección — y haz que todos los trabajos que realicemos durante esta jornada te sean agradables.

Haz que sepamos descubrirte a ti en todos nuestros hermanos, — sobre todo en los tristes, en los más pobres y en los que son menos útiles a los ojos del mundo.

Tú que para aumentar nuestra alegría y afianzar nuestra salvación nos das el nuevo día, signo de tu amor, — renuévanos hoy y siempre para gloria de tu nombre.

Haz que durante este día estemos en paz con todo el mundo — y que a nadie devolvamos mal por mal.

Oración

Señor Dios, salvador nuestro, danos tu ayuda para que siempre deseemos las obras de la luz y realicemos la verdad: así, los que de ti hemos nacido en el bautismo, seremos tus testigos ante los hombres. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.