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Orar

Miércoles, 23 de septiembre de 2026

San Pío de Pietrelcina, presbítero

Tiempo Ordinario · Blanco · Año par (II)

VÍSPERAS

El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?

Himno

Hora de la tarde

fin de las labores,

Amo de las viñas,

paga los trabajos

de tus viñadores.

Al romper el día

nos apalabraste.

Cuidamos tu viña

del alba a la tarde.

Ahora que nos pagas,

nos lo das de balde,

que a jornal de gloria

no hay trabajo grande.

Das al de la tarde

lo que al mañanero.

Son tuyas las horas

y tuyo el viñedo.

A lo que sembramos

dale crecimiento.

Tú que eres la viña,

cuida los sarmientos. Amén.

Salmodia

El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? †

Salmo 26

Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?, ¿quién podrá apartarnos del amor de Cristo? (Rm 8, 31. 35)

El Señor es mi luz y mi salvación,

¿a quién temeré?

† El Señor es la defensa de mi vida,

¿quién me hará temblar?

Cuando me asaltan los malvados

para devorar mi carne,

ellos, enemigos y adversarios,

tropiezan y caen.

Si un ejército acampa contra mí,

mi corazón no tiembla

si me declaran la guerra,

me siento tranquilo.

Una cosa pido al Señor,

eso buscaré:

habitar en la casa del Señor

por los días de mi vida;

gozar de la dulzura del Señor

contemplando su templo.

Él me protegerá en su tienda

el día del peligro;

me esconderá en lo escondido de su morada,

me alzará sobre la roca;

y así levantaré la cabeza

sobre el enemigo que me cerca;

en su tienda sacrificaré

sacrificios de aclamación:

cantaré y tocaré para el Señor.

El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? †

Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro.

Salmo 26

Algunos, poniéndose de pie, daban testimonio contra Jesús. (Mc 14, 57)

Escúchame, Señor, que te llamo,

ten piedad, respóndeme.

Oigo en mi corazón: «Buscad mi rostro.»

Tu rostro buscaré, Señor,

no me escondas tu rostro.

No rechaces con ira a tu siervo,

que tú eres mi auxilio;

no me deseches, no me abandones,

Dios de mi salvación.

Si mi padre y mi madre me abandonan,

el Señor me recogerá.

Señor, enséñame tu camino,

guíame por la senda llana,

porque tengo enemigos.

No me entregues a la saña de mi adversario,

porque se levantan contra mí testigos falsos,

que respiran violencia.

Espero gozar de la dicha del Señor

en el país de la vida.

Espera en el Señor, sé valiente,

ten ánimo, espera en el Señor.

Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro.

Él es el primogénito de toda creatura, es el primero en todo.

Cántico · Cf. Col 1, 12-20

Damos gracias a Dios Padre,

que nos ha hecho capaces de compartir

la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,

y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,

por cuya sangre hemos recibido la redención,

el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,

primogénito de toda creatura;

pues por medio de él fueron creadas todas las cosas:

celestes y terrestres, visibles e invisibles,

Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;

todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.

Él es también la cabeza del cuerpo de la Iglesia.

Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,

y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda plenitud.

Y por él quiso reconciliar consigo todas las cosas:

haciendo la paz por la sangre de su cruz

con todos los seres, así del cielo como de la tierra.

Él es el primogénito de toda creatura, es el primero en todo.

LECTURA BREVE

St 1, 22. 25

Llevad a la práctica la palabra y no os limitéis a escucharla, engañándoos a vosotros mismos. El que se concentra en el estudio de la ley perfecta (la que hace libre) y es constante no como oyente olvidadizo, sino para ponerla por obra, éste encontrará la felicidad en practicarla.

R. Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.
V. Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.

R. Ten misericordia de mí.
V. No arrebates mi alma con los pecadores.

R. Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Magnificat

El Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo.

Cántico de María Lc 1, 46-55

ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de su misericordia

—como lo había prometido a nuestros padres—

en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

El Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo.

Preces

Oremos, hermanos, a Dios Padre, que en su amor nos mira como hijos, y digámosle:

Muéstranos, Señor, la abundancia de tu amor.

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia: guárdala de todo mal — y haz que crezca en tu amor.

Que todos los pueblos, Señor, te reconozcan como al único Dios verdadero, — y a Jesucristo como el Salvador que tú has enviado.

A nuestros parientes y bienhechores concédeles tus bienes — y que tu bondad les dé la vida eterna.

Te pedimos, Señor, por los trabajadores que sufren: alivia sus dificultades — y haz que todos los hombres reconozcan su dignidad.

En tu misericordia acoge a los que hoy han muerto — y dales posesión de tu reino.

Oración

Escucha, Señor, nuestras súplicas y protégenos durante el día y durante la noche: tú que eres siempre inmutable, da firmeza a los que vivimos sujetos a la sucesión de los tiempos y de las horas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.