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Orar

Jueves, 1 de octubre de 2026

Santa Teresita del Niño Jesús, virgen y doctora de la Iglesia

Tiempo Ordinario · Blanco · Año par (II)

Sexta (Hora intermedia)

La salmodia

Quien reza más de una Hora intermedia usa en las demás la salmodia complementaria.

V. Indícame, Señor, el camino que he de seguir. R. Tu espíritu que es bueno me guíe por tierra llana.

Himno

El pan de cada día

dánoslo hoy, Señor, a manos llenas;

convierte en alegría

nuestras labores buenas

y acaricia el dolor de nuestras penas.

¡Horas de tedio largas

sin la presencia buena de tus manos!

¡Ay, las horas amargas

nos vuelven inhumanos,

si no abrimos el alma a los hermanos!

Santifica el momento

de este ruido tenaz, de esta fatiga.

Busquemos el aliento de tu presencia amiga

que acreciente el esfuerzo y nos bendiga. Amén.

Salmodia

Más estimo yo los preceptos de tu boca que miles de monedas de oro y plata.

Salmo 118 · 118, 65-72

Has dado bienes a tu siervo,

Señor, conforme a tus palabras;

enséñame a gustar y a comprender,

porque me fío de tus mandatos;

antes de sufrir yo andaba extraviado,

pero ahora me ajusto a tu promesa.

Tú eres bueno y haces el bien;

instrúyeme en tus leyes;

los insolentes urden engaños contra mí,

pero, yo custodio tus leyes;

tienen el corazón espeso como grasa,

pero mi delicia es tu voluntad,

Me estuvo bien el sufrir,

así aprendí tus mandamientos;

más estimo yo los preceptos de tu boca

que miles de monedas de oro y plata.

Más estimo yo los preceptos de tu boca que miles de monedas de oro y plata.

En Dios confío y no temo lo que pueda hacerme un mortal.

Salmo 55 · 55, 2-7b. 9-14

En este salmo aparece Cristo en su pasión. (S. Jerónimo)

Misericordia, Dios mío, que me hostigan,

me atacan y me acosan todo el día;

todo el día me hostigan mis enemigos,

me atacan en masa.

Levántame en el día terrible,

yo confío en ti.

En Dios, cuya promesa alabo,

en Dios confío y no temo:

¿qué podrá hacerme un mortal?

Todos los días discuten y planean

pensando sólo en mi daño;

buscan un sitio para espiarme,

acechan mis pasos y atentan contra mi vida.

Anota en tu libro mi vida errante,

recoge mis lágrimas en tu odre, Dios mío.

Que retrocedan mis enemigos cuando te invoco,

y así sabré que eres mi Dios.

En Dios, cuya promesa alabo;

en el Señor, cuya promesa alabo,

en Dios confío y no temo:

¿qué podrá hacerme un hombre?

Te debo, Dios mío, los votos que hice,

los cumpliré con acción de gracias;

porque libraste mi alma de la muerte,

mis pies de la caída;

para que camine en presencia de Dios

a la luz de la vida.

En Dios confío y no temo lo que pueda hacerme un mortal.

Tu bondad, Señor, es más grande que los cielos.

Salmo 56

Este salmo canta la pasión del Señor. (S. Agustín)

Misericordia, Dios mío, misericordia,

que mi alma se refugia en ti;

me refugio a la sombra de tus alas

mientras pasa la calamidad.

Invoco al Dios Altísimo,

al Dios que hace tanto por mí:

desde el cielo me enviará la salvación,

confundirá a los que ansían matarme,

enviará su gracia y su lealtad.

Estoy echado entre leones

devoradores de hombres;

sus dientes son lanzas y flechas,

su lengua es una espada afilada.

Elévate sobre el cielo, Dios mío,

y llene la tierra tu gloria.

Han tendido una red a mis pasos

para que sucumbiera;

me han cavado delante una fosa,

pero han caído en ella.

Mi corazón está firme, Dios mío,

mi corazón está firme.

Voy a cantar y a tocar:

despierta, gloria mía;

despertad, cítara y arpa;

despertaré a la aurora.

Te daré gracias, ante los pueblos, Señor;

tocaré para ti ante las naciones:

por tu bondad, que es más grande que los cielos;

por tu fidelidad, que alcanza a las nubes.

Elévate sobre el cielo, Dios mío,

y llene la tierra tu gloria.

Tu bondad, Señor, es más grande que los cielos.

LECTURA BREVE

Ga 5, 16-17

Si vivís según el Espíritu, no daréis satisfacción a las apetencias de la carne. Pues la carne desea contra el espíritu, y el espíritu contra la carne, como que son entre sí antagónicos, de forma que no hacéis lo que quisierais.

Oremos:

Dios todopoderoso y eterno, ante ti no existe ni la oscuridad ni las tinieblas, haz, pues, brillar sobre nosotros la claridad de tu luz, para que, guardando tus preceptos, caminemos siempre por tus sendas con el corazón jubiloso. Por Cristo nuestro Señor.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.