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Orar

Viernes, 2 de octubre de 2026

Santos Ángeles Custodios

Tiempo Ordinario · Blanco · Año par (II)

Tercia (Hora intermedia)

La salmodia

Quien reza más de una Hora intermedia usa en las demás la salmodia complementaria.

V. Arrancó el Señor mi alma de la muerte. R. Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida.

Himno

Ven del seno de Dios, oh Santo Espíritu,

a visitar las mentes de tus fieles;

y haz que los corazones que creaste

se llenen con tus dádivas celestes.

Ilumine tu luz nuestros sentidos,

encienda el fuego de tu amor los pechos;

Espíritu de Cristo, fortalece

este barro mortal de nuestros corazones.

Danos, Amor, tu amor y la alegría

de conocer al Padre y a su Hijo,

de poseerte a ti que eres de entreambos

eternamente el inefable Espíritu. Amén.

Salmodia

Que tu bondad me consuele según tu promesa.

Salmo 118 · 118, 73-80

Tus manos me hicieron y me formaron:

instrúyeme para que aprenda tus mandatos;

tus fieles verán con alegría

que he esperado en tu palabra;

reconozco, Señor,

que tus mandamientos son justos,

que con razón me hiciste sufrir.

Que tu bondad me consuele,

según la promesa hecha a tu siervo;

cuando me alcance tu compasión, viviré,

y mis delicias serán tu voluntad;

que se avergüencen los insolentes

del daño que me hacen;

yo meditaré tus decretos.

Vuelvan a mí tus fieles

que hacen caso de tus preceptos;

sea mi corazón perfecto en tus leyes,

así no quedaré avergonzado.

Que tu bondad me consuele según tu promesa.

Protégeme de mis enemigos, Dios mío.

Salmo 58 · 58, 2-6a. 10-11. 17-18

Estas súplicas expresan la confianza del Salvador ante su Padre. (Eusebio de Cesarea)

Líbrame de mi enemigo, Dios mío;

protégeme de mis agresores,

líbrame de los malhechores,

sálvame de los hombres sanguinarios.

Mira que me están acechando,

y me acosan los poderosos:

sin que yo haya pecado ni faltado,

Señor, sin culpa mía, avanzan para acometerme.

Despierta, ven a mi encuentro, mira:

tú, el Señor de los ejércitos,

el Dios de Israel.

Estoy velando contigo, fuerza mía,

porque tú, ¡oh Dios!, eres mi alcázar.

Que tu favor se adelante, ¡oh Dios!,

y me haga ver la derrota del enemigo.

Pero yo cantaré tu fuerza,

por la mañana aclamaré tu misericordia;

porque has sido mi alcázar

y mi refugio en el peligro.

Y tocaré en tu honor, fuerza mía,

porque tú, ¡oh Dios!, eres mi alcázar.

Protégeme de mis enemigos, Dios mío.

Dichoso el hombre a quien corrige Dios, porque él hiere y venda la herida.

Salmo 59

En el mundo tendréis luchas, pero tened valor: Yo he vencido al mundo. (Jn 16, 33)

¡Oh Dios!, nos rechazaste

y rompiste nuestras filas;

estabas airado, pero restáuranos.

Has sacudido y agrietado el país:

repara sus grietas, que se desmorona.

Hiciste sufrir un desastre a tu pueblo,

dándole a beber un vino de vértigo;

diste a tus fieles la señal de desbandada,

haciéndolos huir de los arcos.

Para que se salven tus predilectos,

que tu mano salvadora nos responda.

Dios habló en su santuario:

«Triunfante ocuparé Siquém,

parcelaré el valle de Sucot;

mío es Galaad, mío Manasés,

Efraím es yelmo de mi cabeza,

Judá es mi cetro;

Moab, una jofaina para lavarme;

sobre Edom echo mi sandalia,

sobre Filistea canto victoria.»

Pero ¿quién me guiará a la plaza fuerte,

quién me conducirá a Edom,

si tú, ¡oh Dios!, nos has rechazado

y no sales ya con nuestras tropas?

Auxílianos contra el enemigo,

que la ayuda del hombre es inútil.

Con Dios haremos proezas,

él pisoteará a nuestros enemigos.

Dichoso el hombre a quien corrige Dios, porque él hiere y venda la herida.

LECTURA BREVE

Dt 1, 31b

Tu Dios te ha llevado, como un hombre lleva a su hijo, mientras ha durado tu camino.

Oremos:

Señor Jesucristo, tú que en la hora de tercia fuiste llevado al suplicio de la cruz por la salvación del mundo; ayúdanos a llorar nuestros pecados y a evitar las faltas en lo porvenir. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.