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Orar

Jueves, 8 de octubre de 2026

Jueves de la 27ª semana del Tiempo Ordinario

Tiempo Ordinario · Verde · Año par (II)

Sexta (Hora intermedia)

La salmodia

Quien reza más de una Hora intermedia usa en las demás la salmodia complementaria.

V. Te doy gracias, Señor, porque me escuchaste. R. Y fuiste mi salvación.

Himno

El pan de cada día

dánoslo hoy, Señor, a manos llenas;

convierte en alegría

nuestras labores buenas

y acaricia el dolor de nuestras penas.

¡Horas de tedio largas

sin la presencia buena de tus manos!

¡Ay, las horas amargas

nos vuelven inhumanos,

si no abrimos el alma a los hermanos!

Santifica el momento

de este ruido tenaz, de esta fatiga.

Busquemos el aliento de tu presencia amiga

que acreciente el esfuerzo y nos bendiga. Amén.

Salmodia

Sostenme, Señor, con tu promesa y viviré.

Salmo 118 · 118, 113-120

Detesto a los inconstantes

y amo tu voluntad;

tú eres mi refugio y mi escudo,

yo espero en tu palabra;

apartaos de mí los perversos,

y cumpliré tus mandatos, Dios mío.

Sostenme con tu promesa y viviré,

que no quede frustrada mi esperanza;

dame apoyo y estaré a salvo,

me fijaré en tus leyes sin cesar;

desprecias a los que se desvían de tus decretos,

sus proyectos son engaño.

Tienes por escoria a los malvados,

por eso amo tus preceptos;

mi carne se estremece con tu temor,

y respeto tus mandamientos.

Sostenme, Señor, con tu promesa y viviré.

Socórrenos, Dios salvador nuestro, y perdona nuestros pecados.

Salmo 78 · 78, 1-5. 8-11. 13

¡Si al menos tú comprendieras en este día lo que conduce a la paz! (Lc 19, 42)

Dios mío, los gentiles han entrado en tu heredad,

han profanado tu santo templo,

han reducido Jerusalén a ruinas.

Echaron los cadáveres de tus siervos

en pasto a las aves del cielo,

y la carne de tus fieles

a las fieras de la tierra,

Derramaron su sangre como agua

en torno a Jerusalén,

y nadie la enterraba.

Fuimos el escarnio de nuestros vecinos,

la irrisión y la burla de los que nos rodean.

¿Hasta cuándo, Señor?

¿Vas a estar siempre enojado?

¿Va a arder como fuego tu cólera?

No recuerdes contra nosotros

las culpas de nuestros padres;

que tu compasión nos alcance pronto,

pues estamos agotados.

Socórrenos, Dios salvador nuestro,

por el honor de tu nombre;

líbranos y perdona nuestros pecados

a causa de tu nombre.

¿Por qué han de decir los gentiles:.

«Dónde está su Dios»?

Que a nuestra vista conozcan los gentiles la venganza

de la sangre de tus siervos derramada.

Llegue a tu presencia el gemido del cautivo:

con tu brazo poderoso, salva a los condenados a muerte.

Mientras, nosotros, pueblo tuyo,

ovejas de tu rebaño,

te daremos gracias siempre,

cantaremos tus alabanzas

de generación en generación.

Socórrenos, Dios salvador nuestro, y perdona nuestros pecados.

Dios de los ejércitos, mira desde el cielo y ven a visitar tu viña.

Salmo 79

Ven, Señor Jesús. (Ap 22, 20)

Pastor de Israel, escucha,

tú que guías a José como a un rebaño;

tú que te sientas sobre querubines, resplandece

ante Efraím, Benjamín y Manasés;

despierta tu poder y ven a salvarnos.

¡Oh Dios!, restáuranos,

que brille tu rostro y nos salve.

Señor Dios de los ejércitos,

¿hasta cuándo estarás airado

mientras tu pueblo te suplica?

Le diste a comer llanto,

a beber lágrimas a tragos;

nos entregaste a las disputas de nuestros vecinos,

nuestros enemigos se burlan de nosotros.

Dios de los ejércitos, restáuranos,

que brille tu rostro y nos salve.

Sacaste una vid de Egipto,

expulsaste a los gentiles, y la trasplantaste;

le preparaste el terreno y echó raíces

hasta llenar el país;

su sombra cubría las montañas,

y sus pámpanos, los cedros altísimos;

extendió sus sarmientos hasta el mar,

y sus brotes hasta el Gran Río.

¿Por qué has derribado su cerca

para que la saqueen los viandantes,

la pisoteen los jabalíes

y se la coman las alimañas?

Dios de los ejércitos, vuélvete:

mira desde el cielo, fíjate,

ven a visitar tu viña,

la cepa que tu diestra plantó,

y que tú hiciste vigorosa.

La han talado y le han prendido fuego:

con un bramido hazlos perecer.

Que tu mano proteja a tu escogido,

al hombre que tú fortaleciste.

No nos alejaremos de ti:

danos vida, para que invoquemos tu nombre.

Señor Dios de los ejércitos, restáuranos,

que brille tu rostro y nos salve.

Dios de los ejércitos, mira desde el cielo y ven a visitar tu viña.

LECTURA BREVE

Dt 4, 7

¿Cuál de las naciones grandes tiene unos dioses tan cercanos como el Señor, nuestro Dios, siempre que lo invocamos?

Oremos:

Dios todopoderoso y eterno, ante ti no existe ni la oscuridad ni las tinieblas, haz, pues, brillar sobre nosotros la claridad de tu luz, para que, guardando tus preceptos, caminemos siempre por tus sendas con el corazón jubiloso. Por Cristo nuestro Señor.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.