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Orar

Viernes, 9 de octubre de 2026

Santos Dionisio, obispo, y compañeros, mártires

Tiempo Ordinario · Verde · Año par (II)

Sexta (Hora intermedia)

La salmodia

Quien reza más de una Hora intermedia usa en las demás la salmodia complementaria.

Hoy la memoria es libre

Puede rezarse el oficio de la feria o el de Santos Dionisio, obispo, y compañeros, mártires.

V. Conozca la tierra, Señor, tus caminos. R. Todos los pueblos tu salvación.

Himno

Este mundo del hombre, en que él se afana

tras la felicidad que tanto ansía,

tú lo vistes, Señor, de luz temprana

y de radiante sol al mediodía.

Así el poder de tu presencia encierra

el secreto más hondo de esta vida;

un nuevo cielo y una nueva tierra

colmarán nuestro anhelo sin medida.

Poderoso Señor de nuestra historia,

no tardes en venir gloriosamente;

tu luz resplandeciente y tu victoria

inunden nuestra vida eternamente. Amén.

Salmodia

Lo vimos sin aspecto atrayente, como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos.

Salmo 21

A media tarde, Jesús gritó: «Elí, Elí, lamá sabaktaní.» (Mt 27, 46)

Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?;

a pesar de mis gritos, mi oración no te alcanza.

Dios mío, de día te grito, y no respondes;

de noche, y no me haces caso;

aunque tú habitas en el santuario,

esperanza de Israel.

En ti confiaban nuestros padres;

confiaban, y los ponías a salvo;

a ti gritaban, y quedaban libres,

en ti confiaban, y no los defraudaste.

Pero yo soy un gusano, no un hombre,

vergüenza de la gente, desprecio del pueblo;

al verme se burlan de mí,

hacen visajes, menean la cabeza:

«Acudió al Señor, que lo ponga a salvo;

que lo libre si tanto lo quiere.»

Tú eres quien me sacó del vientre,

me tenías confiado en los pechos de mi madre;

desde el seno pasé a tus manos,

desde el vientre materno tú eres mi Dios.

No te quedes lejos, que el peligro está cerca

y nadie me socorre.

Lo vimos sin aspecto atrayente, como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos.

Se repartieron la ropa de Jesús, echándola a suerte.

Salmo 21

A media tarde, Jesús gritó: «Elí, Elí, lamá sabaktaní.» (Mt 27, 46)

Me acorrala un tropel de novillos,

me cercan toros de Basán;

abren contra mí las fauces

leones que descuartizan y rugen.

Estoy como agua derramada,

tengo los huesos descoyuntados;

mi corazón, como cera,

se derrite en mis entrañas;

mi garganta está seca como una teja,

la lengua se me pega al paladar;

me aprietas contra el polvo de la muerte.

Me acorrala una jauría de mastines,

me cerca una banda de malhechores;

me taladran las manos y los pies,

puedo contar mis huesos.

Ellos me miran triunfantes,

se reparten mi ropa,

echan a suerte mi túnica.

Pero tú, Señor, no te quedes lejos;

fuerza mía, ven corriendo a ayudarme.

Líbrame a mí, de la espada,

y a mi única vida, de la garra del mastín;

sálvame de las fauces del león,

a este pobre, de los cuernos del búfalo.

Contaré tu fama a mis hermanos,

en medio de la asamblea te alabaré.

Se repartieron la ropa de Jesús, echándola a suerte.

En su presencia se postrarán las familias de los pueblos.

Salmo 21

A media tarde, Jesús gritó: «Elí, Elí, lamá sabaktaní.» (Mt 27, 46)

Fieles del Señor, alabadlo;

linaje de Jacob, glorificadlo;

temedlo, linaje de Israel.

Porque no ha sentido desprecio ni repugnancia

hacia el pobre desgraciado;

no le ha escondido su rostro:

cuando pidió auxilio, lo escuchó.

Él es mi alabanza en la gran asamblea,

cumpliré mis votos delante de sus fieles.

Los desvalidos comerán hasta saciarse,

alabarán al Señor los que lo buscan:

viva su corazón por siempre.

Lo recordarán y volverán al Señor

hasta de los confines del orbe;

en su presencia se postrarán

las familias de los pueblos.

Porque del Señor es el reino,

él gobierna a los pueblos.

Ante él se postrarán las cenizas de la tumba,

ante él se inclinarán los que bajan al polvo.

Me hará vivir para él, mi descendencia le servirá,

hablarán del Señor a la generación futura,

contarán su justicia al pueblo que ha de nacer;

todo lo que hizo el Señor.

En su presencia se postrarán las familias de los pueblos.

LECTURA BREVE

Ahora, sin la ley, la justicia de Dios se ha manifestado, recibiendo testimonio de la ley y de los profetas; justicia de Dios por la fe en Jesucristo para todos los que creen en él. · Rm 3, 21-22a

Oremos:

Señor Jesucristo, tú que a la hora de sexta subiste a la cruz por nuestra salvación mientras el mundo vivía sumergido en las tinieblas; concédenos que tu luz nos ilumine siempre para que, guiados por ella, podamos alcanzar la vida eterna. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.