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Orar

Viernes, 9 de octubre de 2026

Santos Dionisio, obispo, y compañeros, mártires

Tiempo Ordinario · Verde · Año par (II)

OFICIO DE LECTURA

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de el Oficio de lectura cuando con él se abre el día.

Hoy la memoria es libre

Puede rezarse el oficio de la feria o el de Santos Dionisio, obispo, y compañeros, mártires.

V. El Señor nos instruirá en sus caminos. R. Y marcharemos por sus sendas.

Himno

Delante de tus ojos

ya no enrojecemos

a causa del antiguo

pecado de tu pueblo.

Arrancarás de cuajo

el corazón soberbio

y harás un pueblo humilde

de corazón sincero.

En medio de los pueblos

nos guardas como un resto,

para cantar tus obras

y adelantar tu reino.

Seremos raza nueva

para los cielos nuevos;

sacerdotal estirpe,

según tu Primogénito.

Caerán los opresores

y exultarán los siervos;

los hijos del oprobio

serán tus herederos.

Señalarás entonces

el día del regreso

para los que comían

su pan en el destierro.

¡Exulten mis entrañas!

¡Alégrese mi pueblo!

Porque el Señor, que es justo,

revoca sus decretos:

la salvación se anuncia

donde acechó el infierno,

porque el Señor habita

en medio de su pueblo. Amén.

Salmodia

Estoy agotado de gritar y de tanto aguardar a mi Dios.

Salmo 68 · 68, 2-22. 30-37

Le dieron a beber vino mezclado con hiel. (Mt 27, 34)

Dios mío, sálvame,

que me llega el agua al cuello:

me estoy hundiendo en un cieno profundo

y no puedo hacer pie;

he entrado en la hondura del agua,

me arrastra la corriente.

Estoy agotado de gritar,

tengo ronca la garganta;

se me nublan los ojos

de tanto aguardar a mi Dios.

Más que los cabellos de mi cabeza

son los que me odian sin razón;

más duros que mis huesos,

los que me atacan injustamente.

¿Es que voy a devolver

lo que no he robado?

Dios mío, tú conoces mi ignorancia,

no se te ocultan mis delitos.

Que por mi causa no queden defraudados

los que esperan en ti, Señor de los ejércitos.

Que por mi causa no se avergüencen

los que te buscan, Dios de Israel.

Por ti he aguantado afrentas,

la vergüenza cubrió mi rostro.

Soy un extraño para mis hermanos,

un extranjero para los hijos de mi madre;

porque me devora el celo de tu templo,

y las afrentas conque te afrentan caen sobre mí.

Cuando me aflijo con ayunos, se burlan de mí;

cuando me visto de saco, se ríen de mí;

sentados a la puerta murmuran,

mientras beben vino me cantan burlas.

Estoy agotado de gritar y de tanto aguardar a mi Dios.

En mi comida me echaron hiel, para mi sed me dieron vinagre.

Salmo 68 · 68, 2-22. 30-37

Le dieron a beber vino mezclado con hiel. (Mt 27, 34)

Pero mi oración se dirige a ti,

Dios mío, el día de tu favor;

que me escuche tu gran bondad,

que tu fidelidad me ayude:

arráncame del cieno, que no me hunda;

líbrame de los que me aborrecen,

y de las aguas sin fondo.

Que no me arrastre la corriente,

que no me trague el torbellino,

que no se cierre la poza sobre mí.

Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia,

por tu gran compasión vuélvete hacia mí;

no escondas tu rostro a tu siervo:

estoy en peligro, respóndeme en seguida.

Acércate a mí, rescátame,

líbrame de mis enemigos:

estás viendo mi afrenta,

mi vergüenza y mi deshonra;

a tu vista están los que me acosan.

La afrenta me destroza el corazón, y desfallezco.

Espero compasión, y no la hay;

consoladores, y no los encuentro.

En mi comida me echaron hiel,

para mi sed me dieron vinagre.

En mi comida me echaron hiel, para mi sed me dieron vinagre.

Buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.

Salmo 68 · 68, 2-22. 30-37

Le dieron a beber vino mezclado con hiel. (Mt 27, 34)

Yo soy un pobre malherido;

Dios mío, tu salvación me levante.

Alabaré el nombre de Dios con cantos,

proclamaré su grandeza con acción de gracias;

le agradará a Dios más que un toro,

más que un novillo con cuernos y pezuñas.

Miradlo los humildes, y alegraos,

buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.

Que el Señor escucha a sus pobres,

no desprecia a sus cautivos.

Alábenlo el cielo y la tierra,

las aguas y cuanto bulle en ellas.

El Señor salvará a Sión,

reconstruirá las ciudades de Judá,

y las habitarán en posesión.

La estirpe de sus siervos la heredará,

los que aman su nombre vivirán en ella.

Buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.

PRIMERA LECTURA (Año II)

Del libro de Ben Sirá · 6, 5-37

Una voz suave aumenta los amigos, unos labios amables aumentan los saludos. Sean muchos los que te saludan, pero confidente, uno entre mil; si adquieres un amigo, hazlo con tiento, no te fíes en seguida de él; porque hay amigos de un momento que no duran en tiempo de peligro; hay amigos que se vuelven enemigos y te afrentan descubriendo tus riñas; hay amigos que acompañan en la mesa y no aparecen a la hora de la desgracia; cuando te va bien, están contigo, cuando te va mal, huyen de ti; si te alcanza la desgracia, cambian de actitud y se esconden de tu vista. Apártate de tu enemigo y sé cauto con tu amigo.

Al amigo fiel, tenlo por amigo; el que lo encuentra encuentra un tesoro; un amigo fiel no tiene precio ni se puede pagar su valor; un amigo fiel es un talismán: el que teme a Dios lo alcanza; su camarada será como él, y sus acciones como su fama.

Hijo mío, desde la juventud busca la instrucción, y hasta la vejez encontrarás sabiduría. Acércate a ella como quien ara y siega, esperando abundante cosecha; cultivándola trabajarás un poco, y en seguida comerás sus frutos. Al necio le resulta fatigosa, y el insensato no puede con ella; lo oprime como piedra pesada, y no tarda en sacudírsela.

Porque la instrucción es como su nombre indica: no se manifiesta a muchos. Escucha, hijo mío, mi opinión y no rechaces mi consejo: mete los pies en su cepo y ofrece el cuello a su yugo, arrima el hombro para cargar con ella y no te irrites con sus cadenas; con toda el alma acude a ella, con todas tus fuerzas sigue sus caminos; rastréala, búscala, y la alcanzarás; cuando la poseas, ya no la sueltes; al fin alcanzarás su descanso, y se te convertirá en placer; sus cadenas se volverán baluarte, su coyunda, traje de gala; su yugo será joya de oro, y sus correas, cintas de púrpura; como traje de gala la llevarás, te la pondrás como corona festiva.

Si quieres, hijo mío, llegarás a sabio, si te empeñas, llegarás a sagaz; si te gusta escuchar, aprenderás, si prestas oído, te instruirás. Procura escuchar las explicaciones, no se te escape un proverbio sensato; observa quién es inteligente, y madruga para visitarlo, que tus pies desgasten sus umbrales. Reflexiona sobre el temor del Altísimo y medita sin cesar sus mandamientos: él te dará la inteligencia y, según tus deseos, te hará sabio.

SEGUNDA LECTURA

Del comentario de san Ambrosio, obispo, sobre el salmo ciento dieciocho

Como hay muchas clases de persecución, así también hay muchas clases de martirio. Cada día eres testigo de Cristo.

Te tienta el espíritu de fornicación, pero, movido por el temor del futuro juicio de Cristo, conservas incontaminada la castidad de la mente y del cuerpo: eres mártir de Cristo. Te tienta el espíritu de avaricia y te impele a apoderarte de los bienes del más débil o a violar los derechos de una viuda indefensa, mas, por la contemplación de los preceptos celestiales, juzgas preferible dar ayuda que inferir injuria: eres testigo de Cristo. Tales son los testigos que quiere Cristo, según está escrito: Defended al huérfano, proteged a la viuda; entonces, venid, y litigaremos —dice el Señor—. Te tienta el espíritu de soberbia, pero, viendo al pobre y al desvalido, te compadeces de ellos, prefiriendo la humildad a la arrogancia: eres testigo de Cristo. Has dado el testimonio no sólo de tus palabras, sino de tus obras, que es lo que más cuenta.

¿Cuál es el testigo más fidedigno sino el que confiesa a Jesucristo venido en carne, y guarda los preceptos evangélicos. Porque el que escucha pero no pone por obra niega a Cristo; aunque lo confiese de palabra, lo niega con sus obras. Muchos serán los que dirán: Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en tu nombre, y en tu nombre echado demonios, y no hemos hecho en tu nombre muchos milagros? Y a éstos les responderá el Señor en aquel día: Alejaos de mi; malvados. El verdadero testigo es el que con sus obras sale fiador de los preceptos del Señor Jesús.

¡Cuántos son los que practican cada día este martirio oculto y confiesan al Señor Jesús! También el Apóstol sabe de este martirio y de este testimonio fiel de Cristo, pues dice: Si de algo podemos preciarnos es del testimonio de nuestra conciencia. ¡Cuántos hay que niegan por dentro lo que confiesan por fuera! No os fiéis —dice la Escritura— de cualquier espíritu, sino que por sus frutos conoceréis de cuáles debéis fiaros. Por tanto, en las persecuciones interiores, sé fiel y valeroso, para que seas aprobado en aquellas persecuciones exteriores. También en las persecuciones interiores hay reyes y gobernantes, jueces terribles por su poder. Tienes un ejemplo de ello en la tentación que sufrió el Señor.

Y en otro lugar leemos: Que el pecado no siga dominando vuestro cuerpo mortal. Ya ves, oh hombre, cuáles son los reyes y gobernantes de pecado ante los cuales has de comparecer, si dejas que la culpa reine en ti. Cuantos sean los pecados y vicios, tantos son los reyes ante los cuales somos llevados y comparecemos. También estos reyes tienen establecido su tribunal en la mente de muchos. Pero el que confiesa a Cristo hace, al momento, que aquel rey se convierta en cautivo y lo arroja del trono de su mente. En efecto, ¿cómo podrá permanecer el tribunal del demonio en aquel en quien se levanta el tribunal de Cristo?

R. Los santos de Dios libraron un gran combate, pasaron por el fuego y por el agua y se salvaron; * y recibieron del Señor, nuestro Dios, la corona del triunfo.
V. Éstos son los santos que para dar testimonio de Dios entregaron sus cuerpos al martirio.

Oración

Dios nuestro, que enviaste a san Dionisio y a compañeros a anunciar el Evangelio a pueblos que no te conocían y les concediste una gran fortaleza en su martirio, haz que también nosotros, siguiendo, su ejemplo, tengamos en menos los favores de este mundo y no temamos nunca sus desprecios. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.