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Orar

Viernes, 9 de octubre de 2026

Santos Dionisio, obispo, y compañeros, mártires

Tiempo Ordinario · Verde · Año par (II)

VÍSPERAS

Hoy la memoria es libre

Puede rezarse el oficio de la feria o el de Santos Dionisio, obispo, y compañeros, mártires.

Himno

Yo he sentido, Señor, tu voz amante,

en el misterio de las noches bellas,

y en el suave temblor de las estrellas

la armonía gocé de tu semblante.

No me llegó tu acento amenazante

entre el fragor de trueno y de centellas;

al ánima llamaron tus querellas

como el tenue vagido de un infante.

¿Por qué no obedecí cuando te oía?

¿Quién me hizo abandonar tu franca vía

y hundirme en las tinieblas del vacío?

Haz, mi dulce Señor, que en la serena

noche vuelva a escuchar tu cantilena;

¡ya no seré cobarde, Padre mío! Amén.

Salmodia

El Señor es grande, nuestro dueño más que todos los dioses.

Salmo 134

Vosotros sois… un pueblo adquirido por Dios para proclamar las hazañas del que os llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa. (1Pe 2, 9)

Alabad el nombre del Señor,

alabadlo, siervos del Señor,

que estáis en la casa del Señor,

en los atrios de la casa de nuestro Dios.

Alabad al Señor porque es bueno,

tañed para su nombre, que es amable.

Porque él se escogió a Jacob,

a Israel en posesión suya.

Yo sé que el Señor es grande,

nuestro dueño más que todos los dioses.

El Señor todo lo que quiere lo hace:

en el cielo y en la tierra,

en los mares y en los océanos.

Hace subir las nubes desde el horizonte,

con los relámpagos desata la lluvia,

suelta a los vientos de sus silos.

Él hirió a los primogénitos de Egipto,

desde los hombres hasta los animales.

Envió signos y prodigios

—en medio de ti, Egipto—

contra el Faraón y sus ministros.

Hirió de muerte a pueblos numerosos,

mató a reyes poderosos:

a Sijón, rey de los amorreos;

a Hog, rey de Basán,

y a todos los reyes de Canaán.

Y dio su tierra en heredad,

en heredad a Israel, su pueblo.

El Señor es grande, nuestro dueño más que todos los dioses.

Casa de Israel, bendice al Señor; tañed para su nombre, que es amable.

Salmo 134

Vosotros sois… un pueblo adquirido por Dios para proclamar las hazañas del que os llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa. (1Pe 2, 9)

Señor, tu nombre es eterno;

Señor, tu recuerdo de edad en edad.

Porque el Señor gobierna a su pueblo

y se compadece de sus siervos.

Los ídolos de los gentiles son oro y plata,

hechura de manos humanas:

tienen boca y no hablan,

tienen ojos y no ven,

tienen orejas y no oyen,

no hay aliento en sus bocas.

Sean lo mismo los que los hacen,

cuantos confían en ellos.

Casa de Israel, bendice al Señor;

casa de Aarón, bendice al Señor;

casa de Leví, bendice al Señor;

fieles del Señor, bendecid al Señor.

Bendito en Sión el Señor,

que habita en Jerusalén.

Casa de Israel, bendice al Señor; tañed para su nombre, que es amable.

Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor.

Cántico · Ap 15, 3-4

Grandes y maravillosas son tus obras,

Señor, Dios omnipotente,

justos y verdaderos tus caminos,

¡oh Rey de los siglos!

¿Quién no temerá, Señor,

y glorificará tu nombre?

Porque tú solo eres santo,

porque vendrán todas las naciones

y se postrarán en tu acatamiento,

porque tus juicios se hicieron manifiestos.

Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor.

LECTURA BREVE

St 1, 24

Hermanos míos, si estáis sometidos a tentaciones diversas, consideradlo como una alegría, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce constancia. Pero haced que la constancia dé un resultado perfecto, para que seáis perfectos e íntegros, sin defectos en nada.

R. Cristo nos ama y nos ha absuelto por la virtud de su sangre.
V. Cristo nos ama y nos ha absuelto por la virtud de su sangre.

R. Por la virtud de su sangre.
V. Y ha hecho de nosotros reino y sacerdotes para el Dios y Padre suyo.

R. Cristo nos ama y nos ha absuelto por la virtud de su sangre.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Magnificat

El Señor nos auxilia a nosotros, sus siervos, acordándose de su misericordia.

Cántico de María Lc 1, 46-55

ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de su misericordia

—como lo había prometido a nuestros padres—

en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

El Señor nos auxilia a nosotros, sus siervos, acordándose de su misericordia.

Preces

Invoquemos al Hijo de Dios, a quien el Padre entregó por nuestras faltas y lo resucitó para nuestra justificación, diciendo:

Señor, ten piedad.

Escucha, Señor, nuestras súplicas, perdona los pecados de los que se confiesen culpables — y en tu bondad otórganos el perdón y la paz.

Tú, que por medio del Apóstol nos has enseñado que donde se multiplicó el pecado sobreabundó mucho más la gracia, — perdona con largueza nuestros muchos pecados.

Hemos pecado mucho, Señor, pero confiamos en tu misericordia infinita; — vuélvete a nosotros para que podamos convertirnos a ti.

Salva a tu pueblo de sus pecados, Señor, — y sé benévolo con nosotros.

Tú, que abriste las puertas del paraíso al buen ladrón, — ábrelas también para nuestros hermanos difuntos.

Oración

Señor, Padre santo, que quisiste que tu Hijo fuese el precio de nuestro rescate, haz que vivamos de tal manera que, tomando parte en los padecimientos de Cristo, nos gocemos también en la revelación de su gloria. Por nuestro Señor Jesucristo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.