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Orar

Sábado, 10 de octubre de 2026

Sábado de la 27ª semana del Tiempo Ordinario

Tiempo Ordinario · Verde · Año par (II)

I Vísperas

I Vísperas del domingo siguiente

Himno

Hoy rompe la clausura

del surco empedernido

el grano en él hundido

por nuestra mano dura;

y hoy da su flor primera

la rama sin pecado

del árbol mutilado

por nuestra mano fiera.

Hoy triunfa el buen Cordero

que, en esta tierra impía,

se dio con alegría

por el rebaño entero;

y hoy junta su extraviada

majada y la conduce

al sitio en que reluce

la luz resucitada.

Hoy surge, viva y fuerte,

segura y vencedora,

la Vida que hasta ahora

yacía en honda muerte;

y hoy alza del olvido

sin fondo y de la nada

al alma rescatada

y al mundo redimido. Amén.

Salmodia

Desead la paz a Jerusalén.

Salmo 121

Os habéis acercado al monte de Sión, ciudad del Dios vivo, Jerusalén del cielo. (Hb 12, 22)

¡Qué alegría cuando me dijeron:

«Vamos a la casa del Señor»!

Ya están pisando nuestros pies

tus umbrales, Jerusalén.

Jerusalén está fundada

como ciudad bien compacta.

Allá suben las tribus,

las tribus del Señor,

según la costumbre de Israel,

a celebrar el nombre del Señor;

en ella están los tribunales de justicia

en el palacio de David.

Desead la paz a Jerusalén:

«Vivan seguros los que te aman,

haya paz dentro de tus muros,

seguridad en tus palacios.»

Por mis hermanos y compañeros,

voy a decir: «La paz contigo.»

Por la casa del Señor, nuestro Dios,

te deseo todo bien.

Desead la paz a Jerusalén.

Desde la aurora hasta la noche mi alma aguarda al Señor.

Salmo 129

Él salvará a su pueblo de los pecados. (Mt 1, 21)

Desde lo hondo a ti grito, Señor;

Señor, escucha mi voz;

estén tus oídos atentos

a la voz de mi súplica.

Si llevas cuenta de los delitos, Señor,

¿quién podrá resistir?

Pero de ti procede el perdón,

y así infundes respeto.

Mi alma espera en el Señor,

espera en su palabra;

mi alma aguarda al Señor,

más que el centinela la aurora.

Aguarde Israel al Señor,

como el centinela la aurora;

porque del Señor viene la misericordia,

la redención copiosa;

y él redimirá a Israel

de todos sus delitos.

Desde la aurora hasta la noche mi alma aguarda al Señor.

Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra. Aleluya.

Cántico · Flp 2, 6-11

Cristo, a pesar de su condición divina,

no hizo alarde de su categoría de Dios,

al contrario, se anonadó a sí mismo,

y tomó la condición de esclavo,

pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera,

se rebajó hasta someterse incluso a la muerte

y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo

y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;

de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble

en el cielo, en la tierra, en el abismo

y toda lengua proclame:

Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra. Aleluya.

LECTURA BREVE

2Pe 1, 19-20

Tenemos confirmada la palabra profética, a la que hacéis bien en prestar atención, como a lámpara que brilla en lugar oscuro, hasta que despunte el día y salga el lucero de la mañana en vuestro corazón. Ante todo habéis de saber que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada; pues nunca fue proferida alguna por voluntad humana, sino que, llevados del Espíritu Santo, hablaron los hombres de parte de Dios.

R. De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.
V. De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.

R. Alabado sea el nombre del Señor.
V. Su gloria se eleva sobre los cielos.

R. De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Magnificat

Dios ha preparado para todos los pueblos un festín. Aleluya.

Cántico de María Lc 1, 46-55

ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de su misericordia

—como lo había prometido a nuestros padres—

en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Dios ha preparado para todos los pueblos un festín. Aleluya.

Preces

Invoquemos a Cristo, alegría de cuantos se refugian en él, y digámosle:

Míranos y escúchanos, Señor.

Testigo fiel y primogénito de entre los muertos, tú que nos purificaste con tu sangre, — no permitas que olvidemos nunca tus beneficios.

Haz que aquellos a quienes elegiste como ministros de tu Evangelio — sean siempre fieles y celosos dispensadores de los misterios del reino.

Rey de la paz, concede abundantemente tu Espíritu a los que gobiernan las naciones, — para que cuiden con interés de los pobres y postergados.

Sé ayuda para cuantos son víctimas de cualquier segregación por causa de su raza, color, condición social, lengua o religión, — y haz que todos reconozcan su dignidad y respeten sus derechos.

A los que han muerto en tu amor dales también parte en tu felicidad — con María y con todos tus santos.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.