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Orar

Sábado, 17 de octubre de 2026

San Ignacio de Antioquía, obispo y mártir

Tiempo Ordinario · Rojo · Año par (II)

Sexta (Hora intermedia)

La salmodia

Quien reza más de una Hora intermedia usa en las demás la salmodia complementaria.

V. Te ensalzaré, Dios mío, mi rey. R. Bendeciré tu nombre por siempre jamás.

Himno

Este mundo del hombre, en que él se afana

tras la felicidad que tanto ansía,

tú lo vistes, Señor, de luz temprana

y de radiante sol al mediodía.

Así el poder de tu presencia encierra

el secreto más hondo de esta vida;

un nuevo cielo y una nueva tierra

colmarán nuestro anhelo sin medida.

Poderoso Señor de nuestra historia,

no tardes en venir gloriosamente;

tu luz resplandeciente y tu victoria

inunden nuestra vida eternamente. Amén.

Salmodia

Que tu mano, Señor, me auxilie, ya que prefiero tus decretos.

Salmo 118 · 118, 169-176

Que llegue mi clamor a tu Presencia,

Señor, con tus palabras, dame inteligencia;

que mi súplica entre en tu presencia,

líbrame según tu promesa;

de mis labios brota la alabanza,

porque me enseñaste tus leyes.

Mi lengua canta tu fidelidad,

porque todos tus preceptos son justos:

que tu mano me auxilie,

ya que prefiero tus decretos;

ansío tu salvación, Señor,

tu voluntad es mi delicia.

Que mi alma viva para alabarte,

que tus mandamientos me auxilien:

me extravié como oveja perdida:

busca a tu siervo, que no olvida tus mandatos.

Que tu mano, Señor, me auxilie, ya que prefiero tus decretos.

Tu trono, ¡oh Dios!, permanece para siempre.

Salmo 44 · 118, 169-176

¡Llega el esposo, salid a recibirlo! (Mt 25, 6)

Me brota del corazón un poema bello,

recito mis versos a un rey;

mi lengua es ágil pluma de escribano.

Eres el más bello de los hombres,

en tus labios se derrama la gracia,

el Señor te bendice eternamente.

Cíñete al flanco la espada, valiente:

es tu gala y tu orgullo;

cabalga victorioso por la verdad y la justicia,

tu diestra te enseñe a realizar proezas.

Tus flechas son agudas, los pueblos se te rinden,

se acobardan los enemigos del rey.

Tu trono, ¡oh dios!, permanece para siempre;

cetro de rectitud es tu cetro real;

has amado la justicia y odiado la impiedad:

por eso el Señor, tu Dios, te ha ungido

con aceite de júbilo entre todos tus compañeros.

A mirra, áloe y acacia huelen tus vestidos,

desde los palacios de marfiles

te deleitan las arpas.

Hijas de reyes salen a tu encuentro,

de pie a tu derecha está la reina

enjoyada con oro de Ofir.

Tu trono, ¡oh Dios!, permanece para siempre.

Vi la nueva Jerusalén, arreglada como una novia que se adorna para su esposo.

Salmo 44 · 118, 169-176

¡Llega el esposo, salid a recibirlo! (Mt 25, 6)

Escucha, hija, mira: inclina el oído,

olvida tu pueblo y la casa paterna:

prendado está el rey de tu belleza,

póstrate ante él, que él es tu señor.

La ciudad de Tiro viene con regalos,

los pueblos más ricos buscan tu favor.

Ya entra la princesa, bellísima,

vestida de perlas y brocado;

la llevan ante el rey, con séquito de vírgenes,

la siguen sus compañeras:

las traen entre alegría y algazara,

van entrando en el palacio real.

«A cambio de tus padres tendrás hijos,

que nombrarás príncipes por toda la tierra.»

Quiero hacer memorable tu nombre

por generaciones y generaciones,

y los pueblos te alabarán

por los siglos de los siglos.

Vi la nueva Jerusalén, arreglada como una novia que se adorna para su esposo.

LECTURA BREVE

Rm 15, 5-7

El Dios que es fuente de esa paciencia y de ese ánimo os conceda tener un mismo sentir entre vosotros según la mente de Cristo Jesús. Así con un mismo corazón y una misma boca daréis gloria al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. Por eso acogeos amigablemente unos a otros, como Cristo os acogió para gloria de Dios.

Oremos:

Señor, fuego ardiente de amor eterno, haz que, inflamados en tu amor, te amemos a ti sobre todas las cosas y a nuestro prójimo por amor tuyo. Por Cristo nuestro Señor.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.