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Orar

Miércoles, 4 de noviembre de 2026

San Carlos Borromeo, obispo

Tiempo Ordinario · Blanco · Año par (II)

VÍSPERAS

Himno

Señor, tú eres mi paz y mi consuelo

al acabar el día su jornada,

y, libres ya mis manos del trabajo,

a hacerte ofrenda del trabajo vengo.

Señor, tú eres mi paz y mi consuelo

cuando las luces de este día acaban,

y, ante las sombras de la noche oscura,

mirarte a ti, mi luz, mirarte puedo.

Señor, tú eres mi paz y mi consuelo,

y aunque me abruma el peso del pecado,

movido por tu amor y por tu gracia,

mi salvación ponerla en ti yo quiero.

Señor, tú eres mi paz y mi consuelo,

muy dentro de mi alma tu esperanza

sostenga mi vivir de cada día,

mi lucha por el bien que tanto espero.

Señor, tú eres mi paz y mi consuelo;

por el amor de tu Hijo, tan amado,

por el Espíritu de ambos espirado,

conduce nuestra senda hacia tu encuentro. Amén.

Salmodia

Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares.

Salmo 125

Como participáis en el sufrimiento, también participáis en el consuelo. (2Co 1, 7)

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,

nos parecía soñar:

la boca se nos llenaba de risas,

la lengua de cantares.

Hasta los gentiles decían:

«El Señor ha estado grande con ellos.»

El Señor ha estado grande con nosotros,

y estamos alegres.

Que el Señor cambie nuestra suerte

como los torrentes del Negueb.

Los que sembraban con lágrimas

cosechan entre cantares.

Al ir, iban llorando, llevando la semilla;

al volver, vuelven cantando, trayendo sus gavillas.

Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares.

Que el Señor nos construya la casa y nos guarde la ciudad.

Salmo 126

Sois edificación de Dios. (1Co 3, 9)

Si el Señor no construye la casa,

en vano se cansan los albañiles;

si el Señor no guarda la ciudad,

en vano vigilan los centinelas.

Es inútil que madruguéis,

que veléis hasta muy tarde,

los que coméis el pan de vuestros sudores:

¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!

La herencia que da el Señor son los hijos;

una recompensa es el fruto de las entrañas:

son saetas en mano de un guerrero

los hijos de la juventud.

Dichoso el hombre que llena

con ellas su aljaba:

no quedará derrotado cuando litigue

con su adversario en la plaza.

Que el Señor nos construya la casa y nos guarde la ciudad.

Él es el primogénito de toda creatura, es el primero en todo.

Cántico · Cf. Col 1, 12-20

Damos gracias a Dios Padre,

que nos ha hecho capaces de compartir

la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,

y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,

por cuya sangre hemos recibido la redención,

el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,

primogénito de toda creatura;

pues por medio de él fueron creadas todas las cosas:

celestes y terrestres, visibles e invisibles,

Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;

todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.

Él es también la cabeza del cuerpo de la Iglesia.

Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,

y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda plenitud.

Y por él quiso reconciliar consigo todas las cosas:

haciendo la paz por la sangre de su cruz

con todos los seres, así del cielo como de la tierra.

Él es el primogénito de toda creatura, es el primero en todo.

LECTURA BREVE

Ef 3, 20-21

A aquel que tiene sumo poder para hacer muchísimo más de lo que pedimos o pensamos, con la energía que obra en nosotros, a él la gloria en la Iglesia y en Cristo Jesús, en todas las generaciones por los siglos de los siglos. Amén.

R. Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.
V. Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.

R. Ten misericordia de mí.
V. No arrebates mi alma con los pecadores.

R. Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Magnificat

El Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo.

Cántico de María Lc 1, 46-55

ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de su misericordia

—como lo había prometido a nuestros padres—

en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

El Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo.

Preces

Invoquemos a Dios, que envió a su Hijo como salvador y modelo supremo de su pueblo, diciendo:

Que tu pueblo, Señor, te alabe.

Te damos gracias, Señor, porque nos has escogido como primicias para la salvación; — haz que sepamos corresponder y así logremos la gloria de nuestro Señor Jesucristo.

Haz que todos los que confiesan tu santo nombre sean concordes en la verdad — y vivan unidos por la caridad.

Creador del universo, cuyo Hijo, al venir a este mundo, quiso trabajar con sus propias manos: — acuérdate de los trabajadores que ganan el pan con el sudor de su rostro.

Acuérdate también de todos los que viven entregados al servicio de los demás: — que no se dejen vencer por el desaliento ante la incomprensión de los hombres.

Ten piedad de nuestros hermanos difuntos — y líbralos del poder del Maligno.

Oración

Llegue a tus oídos, Señor, la voz suplicante de tu Iglesia a fin de que, conseguido el perdón de nuestros pecados, con tu ayuda podamos dedicarnos a tu servicio y vivamos confiados en tu protección. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.