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Orar

Lunes, 16 de noviembre de 2026

Santa Margarita de Escocia

Tiempo Ordinario · Verde · Año par (II)

OFICIO DE LECTURA

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de el Oficio de lectura cuando con él se abre el día.

Hoy la memoria es libre

Puede rezarse el oficio de la feria o el de Santa Margarita de Escocia.

V. Enséñame a cumplir tu voluntad. R. Y a guardarla de todo corazón.

Himno

Dios de la tierra y del cielo,

que, por dejarlas más claras,

las grandes aguas separas,

pones un límite al cielo.

Tú que das cauce al riachuelo

y alzas la nube a la altura,

tú que, en cristal de frescura,

sueltas las aguas del río

sobre las tierras de estío,

sanando su quemadura,

danos tu gracia, piadoso,

para que el viejo pecado

no lleve al hombre engañado

a sucumbir a su acoso.

Hazlo en la fe luminoso,

alegre en la austeridad,

y hágalo tu claridad

salir de sus vanidades;

dale, Verdad de verdades,

el amor a tu verdad. Amén.

Salmodia

Sálvame, Señor, por tu misericordia.

Salmo 6

Ahora mi alma está agitada… Padre, líbrame de esta hora. (Jn 12, 27)

Señor, no me corrijas con ira,

no me castigues con cólera.

Misericordia, Señor, que desfallezco;

cura, Señor, mis huesos dislocados.

Tengo el alma en delirio,

y tú, Señor, ¿hasta cuándo?

Vuélvete, Señor, liberta mi alma,

sálvame por tu misericordia.

Porque en el reino de la muerte nadie te invoca,

y en el abismo, ¿quién te alabará?

Estoy agotado de gemir:

de noche lloro sobre el lecho,

riego mi cama con lágrimas.

Mis ojos se consumen irritados,

envejecen por tantas contradicciones.

Apartaos de mí los malvados,

porque el Señor ha escuchado mis sollozos;

el Señor ha escuchado mi súplica,

el Señor ha aceptado mi oración.

Que la vergüenza abrume a mis enemigos,

que avergonzados huyan al momento.

Sálvame, Señor, por tu misericordia.

El Señor es el refugio del oprimido en los momentos de peligro.

Salmo 9 A

De nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos.

Te doy gracias, Señor, de todo corazón,

proclamando todas tus maravillas;

me alegro y exulto contigo

y toco en honor de tu nombre, ¡oh Altísimo!

Porque mis enemigos retrocedieron,

cayeron y perecieron ante tu rostro.

Defendiste mi causa y mi derecho

sentado en tu trono como juez justo.

Reprendiste a los pueblos, destruiste al impío

y borraste para siempre su apellido.

El enemigo acabó en ruina perpetua,

arrasaste sus ciudades y se perdió su nombre.

Dios está sentado por siempre

en el trono que ha colocado para juzgar.

Él juzgará el orbe con justicia

y regirá las naciones con rectitud.

Él será refugio del oprimido,

su refugio en los momentos de peligro.

Confiarán en ti los que conocen tu nombre,

porque no abandonas a los que te buscan.

El Señor es el refugio del oprimido en los momentos de peligro.

Narraré tus hazañas en las puertas de Sión.

Salmo 9 A

De nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos.

Tañed en honor del Señor, que reside en Sión;

narrad sus hazañas a los pueblos;

él venga la sangre, él recuerda,

y no olvida los gritos de los humildes.

Piedad, Señor;

mira cómo me afligen mis enemigos;

levántame del umbral de la muerte,

para que pueda proclamar tus alabanzas

y gozar de tu salvación en las puertas de Sión.

Los pueblos se han hundido

en la fosa que hicieron,

su pie quedó prendido en la red que escondieron.

El Señor apareció para hacer justicia,

y se enredó el malvado en sus propias acciones.

Vuelvan al abismo los malvados,

los pueblos que olvidan a Dios.

El no olvida jamás al pobre,

ni la esperanza del humilde perecerá.

Levántate, Señor, que el hombre no triunfe:

sean juzgados los gentiles en tu presencia.

Señor, infúndeles terror,

y aprendan los pueblos que no son más que hombres.

Narraré tus hazañas en las puertas de Sión.

PRIMERA LECTURA (Año II)

Del segundo libro de los Macabeos · 12, 32-46

Después de la fiesta llamada de Pentecostés, los judíos se lanzaron contra Gorgias, el estratega de Idumea. Salió éste con tres mil infantes y cuatrocientos jinetes, y sucedió que cayeron algunos de los judíos que les habían presentado batalla.

Un tal Dositeo, jinete valiente, del cuerpo de los tubios, se apoderó de Gorgias y, agarrándolo por la clámide, lo arrastraba por la fuerza con el deseo de capturar vivo a aquel maldito; pero un jinete tracio se echó sobre Dositeo y le cortó el hombro, y así Gorgias pudo huir hacia Marisá. Ante la fatiga de los hombres de Esdrías que llevaban mucho tiempo luchando, Judas suplicó al Señor que se mostrase su aliado y su guía en el combate. Entonó entonces en su lengua patria el grito de guerra y algunos himnos, irrumpió de improviso sobre las tropas de Gorgias y las derrotó.

Judas, después de reorganizar el ejército, se dirigió hacia la ciudad de Odolam. Al llegar el día séptimo, se purificaron según la costumbre y celebraron allí el sábado. Al día siguiente, los hombres de Judas fueron a recoger los cadáveres de los que habían caído, pues ya era esto indispensable, y a depositarlos junto a sus parientes en los sepulcros de sus padres. Entonces encontraron, bajo las túnicas de cada uno de los muertos, objetos consagrados a los ídolos de Yamnia, que la ley prohíbe a los judíos. Fue entonces evidente para todos por qué motivo habían sucumbido aquellos hombres.

Bendijeron, pues, todos las obras del Señor, juez justo, que manifiesta las cosas ocultas, y pasaron a la súplica, rogando que quedara completamente borrado el pecado cometido. El valeroso Judas recomendó a la multitud que se mantuvieran limpios de pecado, a la vista de lo sucedido por el pecado de los que habían sucumbido. Después de haber reunido entre sus hombres cerca de dos mil dracmas, las mandó a Jerusalén para ofrecer un sacrificio por el pecado, obrando muy hermosa y noblemente con el pensamiento puesto en la resurrección. Pues de no esperar que los soldados caídos resucitarían, habría sido superfluo y necio rogar por los muertos; mas, creyendo firmemente que una magnífica recompensa está reservada a los que mueren piadosamente (idea santa y piadosa), por eso mandó hacer este sacrificio expiatorio en favor de los difuntos, para que quedaran libres de su pecado.

SEGUNDA LECTURA

De la Constitución pastoral Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, del Concilio Vaticano segundo

El hombre y la mujer, que por el pacto conyugal ya no son dos, sino una sola carne, con la íntima unión de personas y de obras se ofrecen mutuamente ayuda y servicio, experimentando así y logrando más plenamente cada día el sentido de su propia unidad.

Esta íntima unión, por ser una donación mutua de dos personas, y el mismo bien de los hijos exigen la plena fidelidad de los esposos y urgen su indisoluble unidad.

El auténtico amor conyugal es asumido por el amor divino y se rige y enriquece por la obra redentora de Cristo y por la acción salvífica de la Iglesia, para que los esposos sean eficazmente conducidos hacia Dios y se vean ayudados y confortados en su sublime papel de padre y madre.

Por eso, los esposos cristianos son robustecidos y como consagrados para los deberes y dignidad de su estado, gracias a este sacramento particular; en virtud del cual, cumpliendo su deber conyugal y familiar, imbuidos por el espíritu de Cristo, con el que toda su vida queda impregnada de fe, esperanza y caridad, se van acercando cada vez más hacia su propia perfección y mutua santificación, y así contribuyen conjuntamente a la glorificación de Dios.

De ahí que, cuando los padres preceden con su ejemplo y oración familiar, los hijos, e incluso cuantos conviven en la misma familia, encuentran más fácilmente el camino de la bondad, de la salvación y de la santidad. Los esposos, adornados de la dignidad y del deber de la paternidad y maternidad, habrán de cumplir entonces con diligencia su deber de educadores, sobre todo en el campo religioso, deber que les incumbe a ellos principalmente.

Los hijos, como miembros vivos de la familia, contribuyen a su manera a la santificación de sus padres, pues, con el sentimiento de su gratitud, con su amor filial y con su confianza, corresponderán a los beneficios recibidos de sus padres y, como buenos hijos, los asistirán en las adversidades y en la soledad de la vejez.

El estado de viudez, cuando se acepta con ánimo valiente como una continuidad del amor conyugal, será honrado por todos. La familia comunicará generosamente con otras familias sus riquezas espirituales. Por consiguiente, la familia cristiana, al brotar del matrimonio, que es imagen y participación de la unión amorosa entre Cristo y la Iglesia, manifestará a todos la viva presencia del Salvador en el mundo, la auténtica naturaleza de la Iglesia, ya sea con el amor de los esposos, con su generosa fecundidad, con su unidad y fidelidad, ya sea también con la amable cooperación de todos los miembros de la familia.

R. La mujer que teme al Señor merece alabanza. * Está vestida de fuerza y dignidad.
V. Cantadle por el éxito de su trabajo, que sus obras la alaben en la plaza.

Oración

Señor, Dios nuestro, que hiciste resplandecer en santa Margarita de Escocia una admirable caridad hacia los pobres, concédenos que, movidos por su ejemplo y apoyados por su intercesión, logremos también nosotros ser un reflejo de tu bondad para nuestros hermanos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.