OFICIO DE LECTURA
Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de el Oficio de lectura cuando con él se abre el día.
Hoy la memoria es libre
Puede rezarse el oficio de la feria o el de San Clemente I, papa y mártir.
V. Enséñame, Señor, a caminar con lealtad. R. Porque tú eres mi Dios y Salvador.
Himno
En el principio, tu Palabra.
Antes que el sol ardiera,
antes del mar y las montañas,
antes de las constelaciones,
nos amó tu Palabra.
Desde tu seno, Padre,
era sonrisa su mirada,
era ternura su sonrisa,
era calor de brasa.
En el principio, tu Palabra.
Todo se hizo de nuevo,
todo salió sin mancha,
desde el arrullo del río
hasta el rocío y la escarcha;
nuevo el canto de los pájaros,
porque habló tu Palabra.
Y nos sigues hablando todo el día,
aunque matemos la mañana
y desperdiciemos la tarde,
y asesinemos la alborada.
Como una espada de fuego,
en el principio, tu Palabra.
Llénanos de tu presencia, Padre;
Espíritu, satúranos de tu fragancia;
danos palabras para responderte,
Hijo, eterna Palabra. Amén.
Salmodia
Inclina, Señor, tu oído hacia mí; ven a librarme.
Salmo 30 · 30, 2-17. 20-25
Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. (Lc 23, 46)
A ti, Señor, me acojo:
no quede yo nunca defraudado;
tú, que eres justo, ponme a salvo,
inclina tu oído hacia mí;
ven aprisa a librarme,
sé la roca de mi refugio,
un baluarte donde me salve,
tú que eres mi roca y mi baluarte;
por tu nombre dirígeme y guíame:
sácame de la red que me han tendido,
porque tú eres mi amparo.
En tus manos encomiendo mi espíritu:
tú, el Dios leal, me librarás;
tú aborreces a los que veneran ídolos inertes,
pero yo confío en el Señor;
tu misericordia sea mi gozo y mi alegría.
Te has fijado en mi aflicción,
velas por mi vida en peligro;
no me has entregado en manos del enemigo,
has puesto mis pies en un camino ancho.
Inclina, Señor, tu oído hacia mí; ven a librarme.
Haz brillar, Señor, tu rostro sobre tu siervo.
Salmo 30 · 30, 2-17. 20-25
Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. (Lc 23, 46)
Piedad, Señor, que estoy en peligro:
se consumen de dolor mis ojos,
mi garganta y mis entrañas.
Mi vida se gasta en el dolor;
mis años, en los gemidos;
mi vigor decae con las penas,
mis huesos se consumen.
Soy la burla de todos mis enemigos,
la irrisión de mis vecinos,
el espanto de mis conocidos:
me ven por la calle y escapan de mí.
Me han olvidado como a un muerto,
me han desechado como a un cacharro inútil.
Oigo las burlas de la gente,
y todo me da miedo;
se conjuran contra mí
y traman quitarme la vida.
Pero yo confío en ti, Señor,
te digo: «Tú eres mi Dios.»
En tu mano está mi destino:
líbrame de los enemigos que me persiguen;
haz brillar tu rostro sobre tu siervo,
sálvame por tu misericordia.
Haz brillar, Señor, tu rostro sobre tu siervo.
Bendito sea el Señor, que ha hecho por mí prodigios de misericordia.
Salmo 30 · 30, 2-17. 20-25
Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. (Lc 23, 46)
¡Qué bondad tan grande, Señor,
reservas para tus fieles,
y concedes a los que a ti se acogen
a la vista de todos!
En el asilo de tu presencia los escondes
de las conjuras humanas;
los ocultas en tu tabernáculo,
frente a las lenguas pendencieras.
Bendito el Señor, que ha hecho por mí
prodigios de misericordia
en la ciudad amurallada.
Yo decía en mi ansiedad:
«Me has arrojado de tu vista»;
pero tú escuchaste mi voz suplicante
cuando yo te gritaba.
Amad al Señor, fieles suyos;
el Señor guarda a sus leales,
y a los soberbios les paga con creces.
Sed fuertes y valientes de corazón
los que esperáis en el Señor.
Bendito sea el Señor, que ha hecho por mí prodigios de misericordia.
PRIMERA LECTURA (Año II)
Del libro del profeta Daniel · 5, 1-2. 5-9. 13-17. 25-31
En aquellos días, el rey Baltasar dio un gran festín en honor de mil dignatarios suyos y se dio a beber vino con ellos. Animado por el vino, Baltasar mandó traer los vasos de oro y plata que su padre Nabucodonosor se había llevado del templo de Jerusalén, para que bebieran en ellos el rey, sus dignatarios, sus mujeres y sus concubinas.
De pronto aparecieron los dedos de una mano humana que se pusieron a escribir detrás del candelabro, en la cal de la pared del palacio real, y el rey vio la palma de la mano que escribía. Entonces el rey cambió de color, sus pensamientos se turbaron, las articulaciones de sus caderas se le relajaron y sus rodillas se pusieron a castañetear. Y el rey mandó a buscar a gritos a los magos, caldeos y astrólogos. Tomó el rey la palabra y dijo a los sabios de Babilonia:
«Aquel que lea este escrito y me dé a conocer su interpretación será vestido de púrpura, se le pondrá al cuello un collar de oro y será el tercero en el reino.»
Vinieron, pues, todos los sabios del rey; pero no pudieron leer el escrito ni declarar al rey su interpretación. El rey Baltasar se turbó mucho, cambió de color y sus dignatarios quedaron desconcertados.
En seguida fue introducido Daniel a la presencia del rey, y el rey dijo a Daniel:
«¿Eres tú, Daniel, uno de los judíos deportados, que mi padre el rey trajo de Judá? He oído decir que en ti reside el espíritu de Dios y que hay en ti luz, inteligencia y sabiduría extraordinarias. Se ha traído ahora, a mi presencia a los sabios y magos para que leyeran este escrito y me declararan su interpretación, pero han sido incapaces de descubrir su sentido. He oído decir que tú puedes dar interpretaciones y resolver dificultades. Si, pues, logras leer este escrito y declararme su interpretación serás vestido de púrpura, llevarás al cuello un collar de oro y serás el tercero en el reino.»
Daniel tomó la palabra y dijo delante del rey:
«Quédate con tus regalos y da tus obsequios a otro, que yo leeré igualmente al rey este escrito y le daré a conocer su interpretación.
La escritura trazada es: Mené, Tequel, Parsín. Y ésta es la interpretación de las palabras:
Mené: Dios ha medido tu reino y le ha puesto fin. Tequel: Has sido pesado en la balanza y encontrado falto de peso. Parsín: Tu reino ha sido dividido y entregado a los persas y a los medos.»
Entonces Baltasar mandó revestir de púrpura Daniel, ponerle un collar de oro al cuello y proclamar que era el tercero en el reino.
Aquella misma noche fue asesinado Baltasar, rey de los caldeos, y recibió el reino Darío el Medo, que contaba sesenta y dos años.
SEGUNDA LECTURA
De la carta de san Clemente primero, papa, a los Corintios
¡Qué grandes y maravillosos son, amados hermanos, los dones de Dios! La vida en la inmortalidad, el esplendor en la justicia, la verdad en la libertad, la fe en la confianza, la templanza en la santidad; y todos estos dones son los que están ya desde ahora al alcance de nuestro conocimiento. ¿Y cuáles serán, pues, los bienes que están preparados para los que lo aman? Solamente los conoce el Artífice supremo, el Padre de los siglos; sólo él sabe su número y su belleza.
Nosotros, pues, si deseamos alcanzar estos dones, procuremos, con todo ahínco, ser contados entre aquellos que esperan su llegada. ¿Y cómo podremos lograrlo, amados hermanos? Uniendo a Dios nuestra alma con toda nuestra fe, buscando siempre, con diligencia, lo que es grato y acepto a sus ojos, realizando lo que está de acuerdo con su santa voluntad, siguiendo la senda de la verdad y rechazando de nuestra vida toda injusticia, maldad, avaricia, rivalidad, malicia y fraude.
Éste es, amados hermanos, el camino por el que llegamos a la salvación, Jesucristo, el sumo sacerdote de nuestras oblaciones, sostén y ayuda de nuestra debilidad. Por él, podemos elevar nuestra mirada hasta lo alto de los cielos; por él, vemos como en un espejo el rostro inmaculado y excelso de Dios; por él, se abrieron los ojos de nuestro corazón; por él, nuestra mente, insensata y entenebrecida, se abre al resplandor de la luz; por él, quiso el Señor que gustásemos el conocimiento inmortal, ya que él es el reflejo de la gloria de Dios, tanto más encumbrado sobre los ángeles, cuanto más sublime es el nombre que ha heredado. Militemos, pues, hermanos, con todas nuestras fuerzas, bajo sus órdenes irreprochables.
Ni los grandes podrían hacer nada sin los pequeños, ni los pequeños sin los grandes; la efectividad depende precisamente de la conjunción de todos. Tomemos como ejemplo a nuestro cuerpo. La cabeza sin los pies no es nada, como tampoco los pies sin la cabeza; los miembros más ínfimos de nuestro cuerpo son necesarios y útiles a la totalidad del cuerpo; más aún, todos ellos se coordinan entre sí para el bien de todo el cuerpo.
Procuremos, pues, conservar la integridad de este cuerpo que formamos en Cristo Jesús, y que cada uno se ponga al servicio de su prójimo según la gracia que le ha sido asignada por donación de Dios.
El fuerte sea protector del débil, el débil respete al fuerte; el rico dé al pobre, el pobre dé gracias a Dios por haberle deparado quien remedie su necesidad. El sabio manifieste su sabiduría no con palabras, sino con buenas obras; el humilde no dé testimonio de sí mismo, sino deje que sean los demás quienes lo hagan.
Por esto, debemos dar gracias a aquel de quien nos vienen todos estos bienes, al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
R. Éste es el hombre prudente que edificó su casa sobre roca, y no encontraron engaño en su boca; * Dios se lo eligió para que fuera sacerdote.
V. Éste es el gran sacerdote que durante su vida agradó al Señor y fue hallado justo.
Oración
Dios todopoderoso y eterno, cuya gloria resplandece en la fortaleza de tus santos, concédenos celebrar con alegría la festividad del papa san Clemente, ministro de la Iglesia y mártir de tu Hijo, el cual, con su martirio dio testimonio de lo que en el culto celebraba y, con su ejemplo, confirmó lo que sus labios exponían. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.
