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Martes, 1 de diciembre de 2026

Martes de la 1ª semana de Adviento

Adviento · Morado

Completas

Completas del Tiempo Ordinario

V. El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una santa muerte. R. Amén.

Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.

Himno

Cuando el sol, Señor, se apaga,

y las sombras todo llenan,

ilumina nuestras almas

con la luz de tu presencia.

Que en las horas de la noche

nos defiendas con tu brazo;

y a la sombra de tus alas

veles Tú nuestro descanso.

Gloria a ti, oh Padre bueno,

y a tu Hijo Jesucristo,

y al Espíritu divino

por los siglos de los siglos. Amén.

Salmodia

No me escondas tu rostro, ya que confío en ti.

Salmo 142 · 142, 1-11

El hombre no se justifica por cumplir la ley, sino por creer en Cristo Jesús. (Ga 2, 16)

Señor, escucha mi oración;

tú que eres fiel, atiende a mi súplica;

tú que eres justo, escúchame.

No llames a juicio a tu siervo,

pues ningún hombre vivo es inocente frente a ti.

El enemigo me persigue a muerte,

empuja mi vida al sepulcro,

me confina a las tinieblas

como a los muertos ya olvidados.

Mi aliento desfallece,

mi corazón dentro de mí está yerto.

Recuerdo los tiempos antiguos,

medito todas tus acciones,

considero las obras de tus manos

y extiendo mis brazos hacia ti:

tengo sed de ti como tierra reseca.

Escúchame en seguida, Señor,

que me falta el aliento.

No me escondas tu rostro,

igual que a los que bajan a la fosa.

En la mañana hazme escuchar tu gracia,

ya que confío en ti;

indícame el camino que he de seguir,

pues levanto mi alma a ti.

Líbrame del enemigo, Señor,

que me refugio en ti.

Enséñame a cumplir tu voluntad,

ya que tú eres mi Dios.

Tu espíritu, que es bueno,

me guíe por tierra llana.

Por tu nombre, Señor, consérvame vivo;

por tu clemencia, sácame de la angustia.

No me escondas tu rostro, ya que confío en ti.

Cántico de Simeón · Lc 2, 29-32

Ahora, Señor, según tu promesa,

puedes dejar a tu siervo irse en paz,

porque mis ojos han visto a tu Salvador,

a quien has presentado ante todos los pueblos:

luz para alumbrar a las naciones

y gloria de tu pueblo Israel.

LECTURA BREVE

1Pe 5, 8-9

Sed sobrios, estad despiertos: vuestro enemigo, el diablo, como león rugiente, ronda buscando a quien devorar; resistidle, firmes en la fe.

R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
V. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

R. Te encomiendo mi espíritu.
V. Tú, el Dios leal, nos librarás.

R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Nunc dimittis

Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.

Lc 2, 29-32

Ahora, Señor, según tu promesa,

puedes dejar a tu siervo irse en paz,

porque mis ojos han visto a tu Salvador,

a quien has presentado ante todos los pueblos:

luz para alumbrar a las naciones

y gloria de tu pueblo Israel.

Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.

Oración

Ilumina, Señor, nuestra noche y concédenos un descanso tranquilo; que mañana nos levantemos en tu nombre y podamos contemplar, con salud y gozo, el clarear del nuevo día. Por Cristo nuestro Señor.

Alma Redemptoris Mater

Desde el Adviento hasta la Presentación del Señor.

Madre del Redentor, virgen fecunda,

puerta del cielo siempre abierta,

estrella del mar,

ven a librar al pueblo que tropieza

y se quiere levantar.

Ante la admiración de cielo y tierra,

engendraste a tu santo Creador,

y permaneces siempre virgen.

Recibe el saludo del ángel Gabriel,

y ten piedad de nosotros, pecadores.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.