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Viernes, 4 de diciembre de 2026

San Juan Damasceno, presbítero y doctor de la Iglesia

Adviento · Morado

VÍSPERAS

Hoy la memoria es libre

Puede rezarse el oficio de la feria o el de San Juan Damasceno, presbítero y doctor de la Iglesia.

Himno

Éste es el tiempo en que llegas,

Esposo, tan de repente,

que invitas a los que velan

y olvidas a los que duermen.

Salen cantando a tu encuentro

doncellas con ramos verdes

y lámparas que guardaron

copioso y claro el aceite.

¡Cómo golpean las necias

las puertas de tu banquete!

¡Y cómo lloran a oscuras

los ojos que no han de verte!

Mira que estamos alerta,

Esposo, por si vinieres,

y está el corazón velando

mientras los ojos se duermen.

Danos un puesto a tu mesa,

Amor que a la noche vienes,

antes que la noche acabe

y que la puerta se cierre. Amén.

Jesucristo, Palabra del Padre,

luz eterna de todo creyente:

ven, Señor, porque ya se hace tarde,

ven y escucha la súplica ardiente.

Cuando el mundo dormía en tinieblas,

en tu amor, tú quisiste ayudarlo

y trajiste, viniendo a la tierra,

esa vida que puede salvarlo.

Ya madura la historia en promesas,

sólo anhela tu pronto regreso;

si el silencio madura la espera,

el amor no soporta el silencio.

Con María, la Iglesia te aguarda

con anhelos de esposa y de madre

y reúne a sus hijos, los fieles,

para juntos poder esperarte.

Cuando vengas, Señor, en tu gloria,

que podamos salir a tu encuentro

y a tu lado vivamos por siempre,

dando gracias al Padre en el reino. Amén.

Salmodia

Sáname, Señor, porque he pecado contra ti.

Salmo 40

Uno de vosotros me va a entregar: uno que está comiendo conmigo. (Mc 14, 18)

Dichoso el que cuida del pobre y desvalido;

en el día aciago lo pondrá a salvo el Señor.

El Señor lo guarda y lo conserva en vida,

para que sea dichoso en la tierra,

y no lo entrega a la saña de sus enemigos.

El Señor lo sostendrá en el lecho del dolor,

calmará los dolores de su enfermedad.

Yo dije: «Señor, ten misericordia,

sáname, porque he pecado contra ti.»

Mis enemigos me desean lo peor:

«A ver si se muere y se acaba su apellido.»

El que viene a verme habla con fingimiento,

disimula su mala intención,

y cuando sale afuera, la dice.

Mis adversarios se reúnen a murmurar contra mí,

hacen cálculos siniestros:

«Padece un mal sin remedio,

se acostó para no levantarse.»

Incluso mi amigo, de quien yo me fiaba,

que compartía mi pan,

es el primero en traicionarme.

Pero tú, Señor, apiádate de mí,

haz que pueda levantarme,

para que yo les dé su merecido.

En esto conozco que me amas:

en que mi enemigo no triunfa de mí.

A mí, en cambio, me conservas la salud,

me mantienes siempre en tu presencia.

Bendito el Señor, Dios de Israel,

ahora y por siempre. Amén, amén.

Sáname, Señor, porque he pecado contra ti.

El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

Salmo 45

Le pondrán por nombre Emmanuel, que significa «Dios-con-nosotros». (Mt 1, 23)

Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza,

poderoso defensor en el peligro.

Por eso no tememos aunque tiemble la tierra

y los montes se desplomen en el mar.

Que hiervan y bramen sus olas,

que sacudan a los montes con su furia:

El Señor de los ejércitos está con nosotros,

nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios,

el Altísimo consagra su morada.

Teniendo a Dios en medio, no vacila;

Dios la socorre al despuntar la aurora.

Los pueblos se amotinan, los reyes se rebelan;

pero él lanza su trueno y se tambalea la tierra.

El Señor de los ejércitos está con nosotros,

nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

Venid a ver las obras del Señor,

las maravillas que hace en la tierra:

Pone fin a la guerra hasta el extremo del orbe,

rompe los arcos, quiebra las lanzas,

prende fuego a los escudos.

«Rendíos, reconoced que yo soy Dios:

más alto que los pueblos, más alto que la tierra.»

El Señor de los ejércitos está con nosotros,

nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor.

Cántico · Ap 15, 3-4

Grandes y maravillosas son tus obras,

Señor, Dios omnipotente,

justos y verdaderos tus caminos,

¡oh Rey de los siglos!

¿Quién no temerá, Señor,

y glorificará tu nombre?

Porque tú solo eres santo,

porque vendrán todas las naciones

y se postrarán en tu acatamiento,

porque tus juicios se hicieron manifiestos.

Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor.

LECTURA BREVE

2Pe 3, 8b-9

Para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. No es tardo el Señor en el cumplimiento de sus promesas, como algunos piensan. Lo que hace es aguardaros pacientemente, porque no quiere que nadie perezca, sino que todos vengáis a arrepentiros.

R. Ven a salvarnos, Señor Dios de los ejércitos.
V. Ven a salvarnos, Señor Dios de los ejércitos.

R. Señor Dios de los ejércitos.
V. Que brille tu rostro y nos salve.

R. Ven a salvarnos, Señor Dios de los ejércitos.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Magnificat

Yo desde Egipto llamé a mi Hijo: vendrá y salvará a su pueblo.

Cántico de María Lc 1, 46-55

ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de su misericordia

—como lo había prometido a nuestros padres—

en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Yo desde Egipto llamé a mi Hijo: vendrá y salvará a su pueblo.

Preces

Invoquemos confiados a Cristo, pastor y guardián de nuestras vidas, y digámosle:

Favorécenos, Señor, por tu bondad.

Buen Pastor del rebaño de Dios, — ven a reunir a todos los hombres en tu Iglesia.

Ayuda, Señor, a los pastores de tu pueblo peregrino, — para que apacienten sin desfallecer a tu grey hasta que vuelvas.

Escoge de entre nosotros pregoneros de tu palabra, — para que anuncien tu Evangelio hasta los confines del mundo.

Ten compasión de los que en su trabajo desfallecen a mitad del camino — haz que encuentren un amigo que los levante.

Muestra tu gloria en el gozo de tu reino — a los que en este destierro escucharon tu voz.

Oración

Muestra, Señor, tu poder y ven a nosotros, para que por tu protección nos veamos libres de los peligros que nos amenazan a causa de nuestros pecados. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.