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Orar

Sábado, 5 de diciembre de 2026

Sábado de la 1ª semana de Adviento

Adviento · Morado

OFICIO DE LECTURA

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de el Oficio de lectura cuando con él se abre el día.

V. Sus delitos se han amontonado hasta llegar al cielo y Dios se ha acordado de sus iniquidades. R. Salid de ella, pueblo mío, para que no os hagáis cómplices de sus pecados.

No abandonó al justo vendido, sino que lo libró de sus calumniadores. Aleluya.

Himno

Verbo que del cielo bajas,

Luz del Padre que, naciendo,

socorres al mundo mísero

con el correr de los tiempos.

Ilumina el corazón,

quema de amor nuestro pecho,

y borren tus enseñanzas

tantos deslices y yerros,

para que, cuando regreses

como juez de nuestros hechos,

castigues el mal oculto

y corones a los buenos.

Que la maldad no nos lance

por nuestras culpas al fuego,

mas felices moradores

nos veamos en tu reino.

A Dios Padre y a su Hijo

gloria y honor tributemos,

y al Espíritu Paráclito,

por los siglos sempiternos. Amén.

Salmodia

Cantad al Señor y meditad sus maravillas.

Salmo 104

Los apóstoles revelan a las naciones las maravillas realizadas por Dios en su venida. (S. Atanasio)

Dad gracias al Señor, invocad su nombre,

dad a conocer sus hazañas a los pueblos.

Cantadle al son de instrumentos,

hablad de sus maravillas;

gloriaos de su nombre santo,

que se alegren los que buscan al Señor.

Recurrid al Señor y a su poder,

buscad continuamente su rostro.

Recordad las maravillas que hizo,

sus prodigios, las sentencias de su boca.

¡Estirpe de Abraham, su siervo;

hijos de Jacob, su elegido!

El Señor es nuestro Dios,

él gobierna toda la tierra.

Se acuerda de su alianza eternamente,

de la palabra dada, por mil generaciones;

de la alianza sellada con Abraham,

del juramento hecho a Isaac,

confirmado como ley para Jacob,

como alianza eterna para Israel:

«A ti te daré el país cananeo,

como lote de vuestra heredad.»

Cuando eran unos pocos mortales,

contados, y forasteros en el país,

cuando erraban de pueblo en pueblo,

de un reino a otra nación,

a nadie permitió que los molestase,

y por ellos castigó a reyes:

«No toquéis a mis ungidos,

no hagáis mal a mis profetas.»

Cantad al Señor y meditad sus maravillas.

No abandonó al justo vendido, sino que lo libró de sus calumniadores.

Salmo 104

Los apóstoles revelan a las naciones las maravillas realizadas por Dios en su venida. (S. Atanasio)

Llamó al hambre sobre aquella tierra:

cortando el sustento de pan;

por delante había enviado a un hombre,

a José, vendido como esclavo;

le trabaron los pies con grillos,

le metieron el cuello en la argolla,

hasta que se cumplió su predicción,

y la palabra del Señor lo acreditó.

El rey lo mandó desatar,

el señor de pueblos le abrió la prisión,

lo nombró administrador de su casa,

señor de todas sus posesiones,

para que a su gusto instruyera a los príncipes

y enseñase sabiduría a los ancianos.

No abandonó al justo vendido, sino que lo libró de sus calumniadores.

Se acordó el Señor de su palabra y sacó a su pueblo con alegría.

Salmo 104

Los apóstoles revelan a las naciones las maravillas realizadas por Dios en su venida. (S. Atanasio)

Entonces Israel entró en Egipto,

Jacob se hospedó en la tierra de Cam.

Dios hizo a su pueblo muy fecundo,

más poderoso que sus enemigos.

A éstos les cambió el corazón

para que odiasen a su pueblo,

y usaran malas artes con sus siervos.

Pero envió a Moisés, su siervo,

y a Aarón, su escogido,

que hicieron contra ellos sus signos,

prodigios en la tierra de Cam.

Envió la oscuridad, y oscureció,

pero ellos resistieron a sus palabras;

convirtió sus aguas en sangre,

y dio muerte a sus peces;

su tierra pululaba de ranas,

hasta en la alcoba del rey.

Ordenó que vinieran tábanos

y mosquitos por todo el territorio;

les dio en vez de lluvia granizo,

llamas de fuego por su tierra;

e hirió higueras y viñas,

tronchó los árboles del país.

Ordenó que viniera la langosta,

saltamontes innumerables,

que roían la hierba de su tierra,

y devoraron los frutos de sus campos.

Hirió de muerte a los primogénitos del país,

primicias de su virilidad.

Sacó a su pueblo cargado de otro y plata,

y entre sus tribus nadie se enfermó;

los egipcios se alegraban de su marcha,

porque los había sobrecogido el terror.

Tendió una nube que los cubriese,

y un fuego que les alumbrase de noche.

Lo pidieron, y envió codornices,

los sació con pan del cielo;

hendió la peña, y brotaron las aguas,

que corrieron en ríos por el desierto.

Porque se acordaba de la palabra sagrada

que había dado a su siervo Abraham,

sacó a su pueblo con alegría,

a sus escogidos con gritos de triunfo.

Les asignó las tierras de los gentiles,

y poseyeron las haciendas de las naciones;

para que guarden sus decretos,

y cumplan su ley.

Se acordó el Señor de su palabra y sacó a su pueblo con alegría.

PRIMERA LECTURA (Año I)

Del libro del profeta Isaías · 13, 1-22

Oráculo contra Babilonia, que recibió el profeta Isaías, hijo de Amós:

Sobre un monte pelado izad la enseña, gritadles con fuerza agitando la mano, para que entren por las puertas de los príncipes. Yo he dado orden a mis consagrados, he convocado a los soldados de mi ira, entusiastas de mi honor.

Escuchad: tumulto en los montes, como de gran muchedumbre; escuchad: alboroto de reinos, naciones reunidas. El Señor de los ejércitos revista sus ejércitos para el combate. Van llegando de tierra lejana, del confín del cielo: el Señor con las armas de su ira, para devastar la tierra.

Ululad, que está cerca el día del Señor: como azote del Potente llegará. Por eso, los brazos desfallecerán, los corazones humanos desmayarán, espasmos y angustias los sobrecogerán, se retorcerán como mujer que da a luz. Uno a otro se mira espantado; rostros febriles, sus rostros. Mirad: Llega el día del Señor, implacable, con cólera e incendio de ira, para hacer de la tierra un desierto y exterminar de ella a los pecadores. Los astros del cielo, las constelaciones, no destellan su luz; se entenebrece el sol al salir, la luna no irradia su luz.

Tomaré cuentas al orbe de su maldad, a los perversos de su crimen. Terminaré con la soberbia de los insolentes, el orgullo de los tiranos lo humillaré. Haré a los hombres más escasos que el oro; a los mortales, más que metal de Ofir. Por eso, sacudiré los cielos y se moverá la tierra de su sitio. Por la cólera del Señor, el día del incendio de su ira. Y serán como cierva acosada, como rebaño que nadie congrega: uno se vuelve a su pueblo, el otro huye a su tierra. Al que alcanzan lo atraviesan, al que apresan lo matan a espada. Estrellan a los niños ante sus ojos, saquean sus casas, violan a sus mujeres.

Mirad: Yo incito contra ellos a los medos, que no estiman la plata, ni les importa el oro: sus arcos acribillan a los jóvenes, no perdonan a los niños, sus ojos no se apiadan de las criaturas.

Quedará Babilonia, la perla de los reinos, joya y orgullo de los caldeos, como Sodoma y Gomorra en la catástrofe de Dios. Jamás la habitarán ni la poblarán, de generación en generación. El beduino no acampará allí ni apacentarán los pastores. Apriscarán allí las fieras, los búhos llenarán sus casas, anidará allí el avestruz, y los chivos brincarán; aullarán las hienas en las mansiones y los chacales en los palacios de placer. Ya está a punto de llegar su hora, sus días no tardarán.

PRIMERA LECTURA (Año II)

Del libro del profeta Isaías · 21, 6-12

Así me ha dicho el Señor:

«Ve y coloca un vigía; lo que vea que lo anuncie. Si ve gente montada, un par de jinetes, montados en jumentos o montados en camellos, que preste atención, mucha atención y que grite: “Lo veo.”» Como vigía, Señor, yo mismo estoy de pie toda la jornada, y en mi atalaya yo sigo erguido toda la noche. Mirad: llega gente montada, un par de jinetes, y anuncian:

«Ha caído, ha caído Babilonia; las estatuas de sus dioses yacen destrozadas por tierra.» Pueblo mío, trillado en la era, lo que he escuchado del Señor de los ejércitos, Dios de Israel, yo te lo anuncio. Oráculo contra Edom. Alguien me grita desde Seír:

«Centinela, ¿qué hay de la noche?; centinela, ¿qué hay de la noche?» Responde el centinela:

«Viene la mañana, viene también la noche. Si queréis preguntar, preguntad. Convertíos, retornad.»

SEGUNDA LECTURA

Del Tratado de san Cipriano, obispo y mártir, Sobre el bien de la paciencia

Éste es el precepto de nuestro Señor y Maestro: El que persevere hasta el fin se salvará. Y también: Si permanecéis en mi palabra, seréis en verdad discípulos míos, llegaréis al conocimiento de la verdad y la verdad os librará de la esclavitud.

Es necesario, hermanos muy queridos, tener paciencia y perseverar, para que, después de haber sido admitidos a la esperanza de la verdad y de la libertad, podamos alcanzar esa misma verdad y libertad; porque el hecho de ser cristianos nos exige la fe y la esperanza; pero, para que esta fe y esta esperanza puedan obtener su fruto, nos es necesaria la paciencia.

Pues nosotros no buscamos la gloria presente, sino la futura, conforme a lo que el apóstol san Pablo nos enseña, diciendo: Sólo en esperanza poseemos nuestra salvación; porque la esperanza que ve a su alcance el objeto no es esperanza. ¿Cómo puede alguien esperar lo que tiene ya a su alcance? Pero si esperamos lo que no vemos, lo aguardamos con anhelo y constancia. La esperanza y la paciencia son necesarias para llevar a buen término lo que hemos empezado, y para alcanzar lo que esperamos y creemos apoyados en la promesa divina.

Finalmente, en otro lugar el mismo Apóstol exhorta a los justos, a los que obran el bien y acumulan tesoros en el cielo que les producirán intereses en bienes divinos, a que sean perseverantes, diciendo: Así que, mientras tengamos oportunidad, hagamos el bien a todos, pero especialmente a los miembros de la Iglesia. No nos cansemos de practicar el bien; que a su tiempo cosecharemos.

Recomienda aquí que nadie, por impaciencia, deje de obrar el bien, que nadie, vencido o desanimado por las tentaciones y las dificultades, se detenga en la mitad del camino de la justificación y de la gloria, para que no pierda el mérito de las buenas acciones por no haber llevado a su fin la obra comenzada.

En otro lugar el Apóstol, al hablar de la caridad, une inseparablemente con ella la constancia y la paciencia: La caridad es comprensiva, la caridad es servicial y no tiene envidia; la caridad no presume ni se engríe; no es mal educada ni egoísta; no se irrita, no lleva cuentas del mal; disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites. Muestra así que la caridad sólo puede subsistir si sabe soportar todas las cosas.

Y en otro lugar dice: Sobrellevaos mutuamente con amor; esforzaos por mantener la unidad del Espíritu, con el vínculo de la paz. De esta manera demuestra que es imposible mantener la unión y la paz si los hermanos no se toleran mutuamente y si no conservan el vínculo de la unión fraterna mediante la virtud de la paciencia.

R. Se acerca su término y no fallará; * si tarda, espéralo, porque ha de llegar sin falta.
V. Todavía un poco de tiempo, un poco nada más: y el que ha de venir vendrá.

Oración

Dios nuestro, que para librar al hombre de la antigua esclavitud del pecado enviaste a tu Hijo al mundo, concede a los que esperamos con devoción su venida la gracia de tu misericordia y el don de la verdadera libertad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.