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Orar

Domingo, 6 de diciembre de 2026

2º domingo de Adviento

Adviento · Morado · Ciclo B

II VÍSPERAS

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. R. Amén.

El Señor es nuestro legislador, el Señor es nuestro rey: él vendrá y nos salvará.

Himno

Éste es el tiempo en que llegas,

Esposo, tan de repente,

que invitas a los que velan

y olvidas a los que duermen.

Salen cantando a tu encuentro

doncellas con ramos verdes

y lámparas que guardaron

copioso y claro el aceite.

¡Cómo golpean las necias

las puertas de tu banquete!

¡Y cómo lloran a oscuras

los ojos que no han de verte!

Mira que estamos alerta,

Esposo, por si vinieres,

y está el corazón velando

mientras los ojos se duermen.

Danos un puesto a tu mesa,

Amor que a la noche vienes,

antes que la noche acabe

y que la puerta se cierre. Amén.

Jesucristo, Palabra del Padre,

luz eterna de todo creyente:

ven, Señor, porque ya se hace tarde,

ven y escucha la súplica ardiente.

Cuando el mundo dormía en tinieblas,

en tu amor, tú quisiste ayudarlo

y trajiste, viniendo a la tierra,

esa vida que puede salvarlo.

Ya madura la historia en promesas,

sólo anhela tu pronto regreso;

si el silencio madura la espera,

el amor no soporta el silencio.

Con María, la Iglesia te aguarda

con anhelos de esposa y de madre

y reúne a sus hijos, los fieles,

para juntos poder esperarte.

Cuando vengas, Señor, en tu gloria,

que podamos salir a tu encuentro

y a tu lado vivamos por siempre,

dando gracias al Padre en el reino. Amén.

Salmodia

Mirad, viene el Señor con gran poder sobre las nubes del cielo. Aleluya.

Salmo 109 · 109, 1-5. 7

Él debe reinar hasta poner todos sus enemigos bajo sus pies. (1Co 15, 25)

Oráculo del Señor a mi Señor:

«Siéntate a mi derecha,

y haré de tus enemigos estrado de tus pies.»

Desde Sión extenderá el Señor

el poder de tu cetro:

somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,

entre esplendores sagrados;

yo mismo te engendré, como rocío,

antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:

«Tú eres sacerdote eterno,

según el rito de Melquisedec.»

El Señor a tu derecha, el día de su ira,

quebrantará a los reyes.

En su camino beberá del torrente,

por eso levantará la cabeza.

Mirad, viene el Señor con gran poder sobre las nubes del cielo. Aleluya.

Aparecerá el Señor y no faltará: si tarda, no dejéis de esperarlo, pues llegará y no tardará. Aleluya.

Salmo 113 B

Os convertisteis de los ídolos a Dios para consagraros al Dios vivo y verdadero. (1Ts 1, 9)

No a nosotros, Señor, no a nosotros,

sino a tu nombre da la gloria;

por tu bondad, por tu lealtad.

¿Por qué han de decir las naciones:

«Dónde está su Dios»?

Nuestro Dios está en el cielo,

lo que quiere lo hace.

Sus ídolos, en cambio, son plata y oro,

hechura de manos humanas:

tienen boca, y no hablan;

tienen ojos, y no ven;

tienen orejas, y no oyen;

tienen nariz, y no huelen;

tienen manos, y no tocan;

tienen pies, y no andan;

no tiene voz su garganta:

que sean igual los que los hacen,

cuantos confían en ellos.

Israel confía en el Señor:

él es su auxilio y su escudo.

La casa de Aarón confía en el Señor:

él es su auxilio y su escudo.

Los fieles del Señor confían en el Señor:

él es su auxilio y su escudo.

Que el Señor se acuerde de nosotros

y nos bendiga,

bendiga a la casa de Israel,

bendiga a la casa de Aarón;

bendiga a los fieles del Señor,

pequeños y grandes.

Que el Señor os acreciente,

a vosotros y a vuestros hijos;

benditos seáis del Señor,

que hizo el cielo y la tierra.

El cielo pertenece al Señor,

la tierra se la ha dado a los hombres.

Los muertos ya no alaban al Señor,

ni los que bajan al silencio.

Nosotros, sí, bendeciremos al Señor

ahora y por siempre.

Aparecerá el Señor y no faltará: si tarda, no dejéis de esperarlo, pues llegará y no tardará. Aleluya.

Cántico · Cf. Ap 19, 1-2. 5-7

Aleluya.

La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios.

(R Aleluya.)

Porque sus juicios son verdaderos y justos.

Aleluya.

Alabad al Señor, sus siervos todos.

(R. Aleluya.)

Los que le teméis, pequeños y grandes.

Aleluya.

Porque reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo.

(R. Aleluya.)

Alegrémonos y gocemos y démosle gracias.

Aleluya.

Llegó la boda del Cordero.

(R. Aleluya.)

Su esposa se ha embellecido.

LECTURA BREVE

Flp 4, 4-5

Estad siempre alegres en el Señor. Otra vez os lo digo: Estad alegres. Que vuestra bondad sea conocida de todos. El Señor está cerca.

R. Muéstranos, Señor, tu misericordia.
V. Muéstranos, Señor, tu misericordia.

R. Muéstranos, Señor, tu misericordia.
V. Y danos tu salvación.

R. Muéstranos, Señor, tu misericordia.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Magnificat

Dichosa tú, María, que has creído; porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá. Aleluya.

Cántico de María Lc 1, 46-55

ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de su misericordia

—como lo había prometido a nuestros padres—

en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Dichosa tú, María, que has creído; porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá. Aleluya.

Preces

Hermanos, oremos a Cristo, el Señor que viene a salvar a todos los hombres, y digámosle confiadamente:

Ven, Señor Jesús.

Señor Jesucristo, que por el misterio de la encarnación manifestaste al mundo la gloria de tu divinidad, — vivifica al mundo con tu venida.

Tú que participaste de nuestra debilidad, — concédenos tu misericordia.

Tú que en tu primera venida viniste humildemente para salvar al mundo de sus pecados, — absuélvenos de todas las culpas, cuando vuelvas de nuevo con gloria y majestad.

Tú que lo gobiernas todo con tu poder, — ayúdanos, por tu bondad, a alcanzar la herencia eterna.

Tú que estás sentado a la derecha del Padre, — alegra con la visión de tu rostro a nuestros hermanos difuntos.

Oración

Te pedimos, Dios misericordioso, que en nuestra alegre marcha hacia el encuentro de tu Hijo no tropecemos en impedimentos terrenos, sino que, guiados por la sabiduría celestial, merezcamos participar de la gloria de aquel que vive y reina contigo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.