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Orar

Lunes, 14 de diciembre de 2026

San Juan de la Cruz, presbítero y doctor de la Iglesia

Adviento · Blanco

Nona (Hora intermedia)

El himno

El libro ofrece varios; puede rezarse cualquiera de ellos.

La salmodia

Quien reza más de una Hora intermedia usa en las demás la salmodia complementaria.

V. Ven Señor, y no tardes. R. Perdona los pecados de tu pueblo.

Himno

Oh Dios, tenaz vigor de toda cosa,

que inmóvil en ti mismo permaneces,

y que el orden del tiempo determinas

por medio de la luz que nace y muere.

Dígnate concedernos en la tarde,

Luz con que nuestra vida nunca cese,

y haz que el bien infinito de la gloria

siga a la gracia de una santa muerte.

Glorificado seas, Jesucristo,

nacido del más puro y santo vientre,

y que sean también glorificados

el Padre y el Espíritu por siempre. Amén.

Salmodia

María dijo: «¿Qué significa este saludo? Me quedo perpleja ante estas palabras de que daré a luz un Rey sin perder mi virginidad.»

Salmo 118 · 118, 89-96

Os doy el mandato nuevo: que os améis mutuamente como yo os he amado. (Jn 13, 34)

Tu palabra, Señor, es eterna,

más estable que el cielo;

tu fidelidad de generación en generación,

igual que fundaste la tierra y permanece;

por tu mandamiento subsisten hasta hoy,

porque todo está a tu servicio.

Si tu voluntad no fuera mi delicia,

ya habría perecido en mi desgracia;

jamás olvidaré tus decretos,

pues con ellos me diste vida;

soy tuyo, sálvame,

que yo consulto tus leyes.

Los malvados me esperaban para perderme,

pero yo meditaba tus preceptos;

he visto el límite de todo, lo perfecto:

tu mandato se dilata sin término.

María dijo: «¿Qué significa este saludo? Me quedo perpleja ante estas palabras de que daré a luz un Rey sin perder mi virginidad.»

Salmo 70 · 118, 89-96

Que la esperanza os tenga alegres; estad firmes en la tribulación. (Rm 12, 12)

A ti, Señor, me acojo:

no quede yo derrotado para siempre;

tú que eres justo, líbrame y ponme a salvo,

inclina a mí tu oído, y sálvame.

Sé tú mi roca de refugio,

el alcázar donde me salve,

porque mi peña y mi alcázar eres tú.

Dios mío, líbrame de la mano perversa,

del puño criminal y violento;

porque tú, Dios mío, fuiste mi esperanza

y mi confianza, Señor, desde mi juventud.

En el vientre materno ya me apoyaba en ti,

en el seno tú me sostenías,

siempre he confiado en ti.

Muchos me miraban como a un milagro,

porque tú eras mi fuerte refugio.

Llena estaba mi boca de tu alabanza

y de tu gloria, todo el día.

No me rechaces ahora en la vejez,

me van faltando las fuerzas, no me abandones;

porque mis enemigos hablan de mí,

los que acechan mi vida celebran consejo;

dicen: «Dios lo ha abandonado;

perseguidlo, agarradlo, que nadie lo defiende.»

Dios mío, no te quedes a distancia;

Dios mío, ven aprisa a socorrerme.

Que fracasen y se pierdan

los que atentan contra mi vida,

queden cubiertos de oprobio y vergüenza,

los que buscan mi daño.

Salmo 70 · 118, 89-96

Que la esperanza os tenga alegres; estad firmes en la tribulación. (Rm 12, 12)

Yo, en cambio, seguiré esperando,

redoblaré tus alabanzas;

mi boca contará tu auxilio,

y todo el día tu salvación.

Proclamaré tus proezas, Señor mío,

narraré tu victoria, tuya entera.

Dios mío, me instruiste desde mi juventud,

y hasta hoy relato tus maravillas;

ahora, en la vejez y las canas,

no me abandones, Dios mío,

hasta que describa tu brazo

a la nueva generación,

tus proezas y tus victorias excelsas,

las hazañas que realizaste:

Dios mío, ¿quién como tú?

Me hiciste pasar por peligros

muchos y graves:

de nuevo me darás la vida,

me harás subir de lo hondo de la tierra;

acrecerás mi dignidad,

de nuevo me consolarás;

y yo te daré gracias, Dios mío,

con el arpa, por tu lealtad;

tocaré para ti la cítara,

Santo de Israel;

te aclamarán mis labios,

Señor, mi alma, que tú redimiste;

y mi lengua todo el día

recitará tu auxilio,

porque quedaron derrotados y afrentados

los que buscaban mi daño.

LECTURA BREVE

Is 13, 22; cf 14, 1

Ya está a punto de llegar su hora, sus días no tardarán. El Señor se apiadará de Jacob y volverá a escoger a Israel

Oremos:

Escucha, Señor, nuestras plegarias e ilumina las tinieblas de nuestro espíritu con la venida de tu Hijo. Que vive y reina contigo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.