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Orar

Lunes, 14 de diciembre de 2026

San Juan de la Cruz, presbítero y doctor de la Iglesia

Adviento · Blanco

LAUDES

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de Laudes cuando con él se abre el día.

Himno

Ven, Señor, no tardes,

ven, que te esperamos;

ven, Señor, no tardes,

ven pronto, Señor.

El mundo muere de frío,

el alma perdió el calor,

los hombres no son hermanos

porque han matado al Amor.

Envuelto en noche sombría,

gime el mundo de pavor;

va en busca de una esperanza,

buscando tu fe, Señor.

Al mundo le falta vida

y le falta corazón;

le falta cielo en la tierra,

si no lo riega tu amor.

Rompa el cielo su silencio,

baje el rocío a la flor,

ven, Señor, no tardes tanto,

ven, Señor. Amén.

Una clara voz resuena

que las tinieblas repudia,

el sueño pesado ahuyéntase,

Cristo en el cielo fulgura.

Despierte el alma dormida

y sus torpezas sacuda,

que para borrar los males

un astro nuevo relumbra.

De arriba llega el Cordero

que ha de lavar nuestras culpas;

con lágrimas imploremos

el perdón que nos depura,

porque en su nueva venida

que aterroriza y conturba,

no tenga que castigarnos,

mas con piedad nos acuda.

Al Padre eterno la gloria,

loor al Hijo en la altura,

y al Espíritu Paráclito

por siempre alabanza suma. Amén.

Salmodia

Dichosos los que viven en tu casa, Señor.

Salmo 83

No tenemos aquí ciudad permanente, sino que vamos buscando la futura. (Hb 13, 14)

¡Qué deseables son tus moradas,

Señor de los ejércitos!

Mi alma se consume y anhela

los atrios del Señor,

mi corazón y mi carne

se alegran por el Dios vivo.

Hasta el gorrión ha encontrado una casa;

la golondrina, un nido

donde colocar sus polluelos:

tus altares, Señor de los ejércitos,

Rey mío y Dios mío.

Dichosos los que viven en tu casa

alabándote siempre.

Dichosos los que encuentran en ti su fuerza

al preparar su peregrinación:

cuando atraviesan áridos valles,

los convierten en oasis,

como si la lluvia temprana

los cubriera de bendiciones;

caminan de altura en altura

hasta ver a Dios en Sión.

Señor de los ejércitos, escucha mi súplica;

atiéndeme, Dios de Jacob.

Fíjate, ¡oh Dios!, en nuestro Escudo,

mira el rostro de tu Ungido.

Un solo día en tu casa

vale más que otros mil,

y prefiero el umbral de la casa de Dios

a vivir con los malvados.

Porque el Señor es sol y escudo,

él da la gracia y la gloria,

el Señor no niega sus bienes

a los de conducta intachable.

¡Señor de los ejércitos, dichoso el hombre

que confía en ti!

Dichosos los que viven en tu casa, Señor.

Venid, subamos al monte del Señor.

Cántico · Is 2, 2-5

Todas las naciones vendrán y se postrarán en tu acatamiento. (Ap 15, 4)

Al final de los días estará firme

el monte de la casa del Señor,

en la cima de los montes,

encumbrado sobre las montañas.

Hacia él confluirán los gentiles,

caminarán pueblos numerosos.

Dirán: «Venid, subamos al monte del Señor,

a la casa del Dios de Jacob:

Él nos instruirá en sus caminos,

y marcharemos por sus sendas;

porque de Sión saldrá la ley,

de Jerusalén la palabra del Señor.»

Será el árbitro de las naciones,

el juez de pueblos numerosos.

De las espadas forjarán arados,

de las lanzas, podaderas.

No alzará la espada pueblo contra pueblo,

no se adiestrarán para la guerra.

Casa de Jacob, ven;

caminemos a la luz del Señor.

Venid, subamos al monte del Señor.

Cantad al Señor, bendecid su nombre.

Salmo 95

Cantaban un cántico nuevo ante el trono, en presencia del Cordero. (Cf. Ap 14, 3)

Cantad al Señor un cántico nuevo,

cantad al Señor, toda la tierra;

cantad al Señor, bendecid su nombre,

proclamad día tras día su victoria.

Contad a los pueblos su gloria,

sus maravillas a todas las naciones;

porque es grande el Señor,

y muy digno de alabanza,

más temible que todos los dioses.

Pues los dioses de los gentiles son apariencia,

mientras que el Señor ha hecho el cielo;

honor y majestad lo preceden,

fuerza y esplendor están en su templo.

Familias de los pueblos, aclamad al Señor,

aclamad la gloria y el poder del Señor,

aclamad la gloria del nombre del Señor,

entrad en sus atrios trayéndole ofrendas.

Postraos ante el Señor en el atrio sagrado,

tiemble en su presencia la tierra toda,

decid a los pueblos: «El Señor es rey,

él afianzó el orbe, y no se moverá;

él gobierna a los pueblos rectamente.»

Alégrese el cielo, goce la tierra,

retumbe el mar y cuanto lo llena;

vitoreen los campos y cuanto hay en ellos,

aclamen los árboles del bosque,

delante del Señor, que ya llega,

ya llega a regir la tierra:

regirá el orbe con justicia

y los pueblos con fidelidad.

Cantad al Señor, bendecid su nombre.

LECTURA BREVE

Is 2, 3

Venid, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob: él nos instruirá en sus caminos, y marcharemos por sus sendas; porque de Sión saldrá la ley, de Jerusalén la palabra del Señor.

R. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.
V. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.

R. Amanecerá el Señor.
V. Su gloria aparecerá sobre ti.

R. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Benedictus

Del cielo viene el Señor excelso y en su mano trae la potestad y el imperio.

Cántico de Zacarías Lc 1, 68-79

EL MESÍAS Y SU PRECURSOR

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo,

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tiniebla

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

Del cielo viene el Señor excelso y en su mano trae la potestad y el imperio.

Preces

El Señor Jesucristo, luz de luz e Hijo de Dios vivo, nos arrancará de nuestras tinieblas para que podamos contemplar su gloria; acudamos, pues, a él y digámosle confiadamente:

Ven, Señor Jesús.

Oh Luz indestructible que vienes a iluminar nuestras tinieblas, — despierta nuestra fe aletargada.

Haz que andemos con seguridad durante el día, — guiados por el resplandor de tu claridad.

Enséñanos a tener la verdadera bondad, — y haz que ella sirva para iluminar a los hombres.

Ven a crear la nueva tierra que anhelamos, — en la que habite la justicia y la paz.

Oración

Escucha, Señor, nuestras plegarias e ilumina las tinieblas de nuestro espíritu con la venida de tu Hijo. Que vive y reina contigo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.